Corea del Sur – Seúl en 3 días – Noviembre 2017 .

Después de haber explorado en profundidad la ciudad de Osaka, mi amigo Juan y yo, quisimos emprender una nueva aventura.

Durante la semana que pasé en su casa en Osaka, Juan y yo no tuvimos mucho tiempo para explorar juntos, pues mientras yo me recorrí la ciudad y sus alrededores, él trabajaba.
Por ello, aprovechamos mi visita y algunos días que cogió de vacaciones para dar un pequeño salto a un país relativamente cercano y poder seguir conociendo mundo, nos íbamos a Corea del Sur, concretamente a Seúl, una de las ciudades más avanzadas e interesantes del continente asiático.

Además, Juan aprovecharía el viaje para visitar a una amiga que vivía en Seúl, Bora, que por cierto nos ayudó bastante a conocer la ciudad desde los ojos de un local.

Día 1 – Llegada y problemas en Seúl.

Nuestro vuelo llegaba tarde al aeropuerto de Incheon, a las afueras de Seúl, pero eso no sería ningún inconveniente, pues sobre la marcha encontramos un bus que nos dejaba muy cerca de nuestro hotel, situado en la zona de la Asamblea Nacional.
El Hotel Kobos, que así se llamaba el que habíamos reservado, no estaba en el centro, pero sí resultó muy barato y bien comunicado en metro con todos los lugares que queríamos visitar.
A la llegada, nos atendió una joven que no sabía hablar prácticamente nada de inglés, recordemos que la zona no era muy turística y que en Corea, el inglés es un idioma poco hablado, al igual que en Japón.
La cuestión del idioma no nos importó demasiado, los problemas llegaron cuando la chica nos dijo que no existía la reserva, que la agencia de viajes la había cancelado… rápidamente supe que algo no iba bien, pues yo soy agente de viajes y la reserva la había hecho yo mismo desde la agencia en la que trabajaba y por supuesto no la había cancelado.
Con toda la educación y respeto, le pedí que por favor revisase bien porque la reserva no estaba cancelada y queríamos dormir, acto seguido llamé a mi agencia para hablar con algún compañero y que verificase si estaba cancelada o no y al mismo tiempo ella llamó a la central de reservas para verificar lo sucedido.
Sorpresa…! en la central de reservas solo hablaban inglés, la chica rápidamente se asustó y me pasó el teléfono a mí, mientras yo hablaba con mi compañera de la agencia… dejándome con un teléfono en cada oreja y regalándole a Juan la oportunidad de inmortalizar el momento más original del viaje.

Hotel Kobos dígame?

Finalmente hablando con la central, pudimos solucionarlo y acabamos consiguiendo la ansiada habitación, nuestra aventura coreana no había hecho más que empezar.

Día 2 – Seúl, historia y modernidad a partes iguales.

Comenzaba el día con valores negativos en el termómetro y una luz bastante tenue en el cielo, pero con todas las energías cargadas para un pateo urbano en solitario.
Juan había quedado con su amiga Bora a la que no veía desde hace tiempo y yo tenía mucho que explorar así que de buena mañana tomaba rumbo a Myeongdong, el que podríamos definir como centro de la ciudad.

Myeongdong y la Torre Namsan de fondo

Lo cierto es que pese a la distancia, en metro tardé muy poco en llegar, pues la red de transporte urbano de Seúl es una de las más eficientes de Asia.
Myeongdong no es que me sorprendiese mucho, es una zona comercial con mucho movimiento, pero que después de haber visto Shinjuku o Shibuya en Tokyo, se queda en nada. Aunque reconozco que siempre me han gustado las ciudades, cada vez valoro más la tranquilidad, la naturaleza y los paisajes más históricos, que le vamos a hacer, debe ser que me voy haciendo mayor…
Indagando y caminando un poco sin rumbo, di con lo que parecía un camino o senda turística. Seoullo 7017, que así se llamaba el lugar, es una antigua autopista que recorre cerca de dos kilómetros y que se eleva sobre el centro de Seúl. Recientemente ha sido rehabilitada y convertida en un paseo peatonal panorámico con múltiples espacios comerciales y de restauración y que además cuenta con diferentes espacios ajardinados. Me pareció un lugar original y me recordó un poco al High Line de Nueva York, del que ya os hablé en el post dedicado a esta ciudad. Pude recorrer Seoullo 7017 entero y ver Seul desde una perspectiva que no esperaba y que sin duda me sorprendió muy gratamente.

Hora punta desde Seoullo 7017

Al abandonar está senda urbana ,decidí pasarme por la llamada Seoul Culture Station 284, es un edificio que me llamó la atención y me recordó ligeramente a una estación que tenemos en Madrid, la antigua Estación del Norte ahora llamada Principe Pio.
Ambas coinciden en haber sido estaciones importantes en el pasado y encontrarse reconvertidas para otros usos en la actualidad. Seoul Culture Station alberga exposiciones de arte temporales y se utiliza como punto de divulgación cultural, mientras que Principe Pio es un Centro Comercial y una parada de Metro y tren de cercanías. Además ambas guardan algunas similitudes en el aspecto exterior.

Al poco de haber dejado atrás la estación, relucía en la distancia lo que parecía ser una enorme puerta monumental. Cuanto más me acercaba a ella, mayor impresión me daba, setrataba de la puerta Sungnyemun también conocida como Gran Puerta del Sur. Data de 1395 y una de sus funciones en un inicio fue la de servir como punto para la recepción de embajadores, pero es que además las murallas de las que formaba parte estaban destinadas a controlar el acceso a la ciudad y aunque pueda parecer inverosímil también a proteger Seúl de los tigres coreanos, animales ya desaparecidos de la zona desde hace siglos.

Interior de la puerta Sungnyemun

Tristemente un pirómano prendió fuego la cubierta de madera en 2008, perdiendo así todas las pinturas originales y dejando la puerta en obras durante mas de 3 años. La reparación le costó cerca de 21 millones de dólares al ayuntamiento de la ciudad. Una vez más queda demostrado como el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, pero sin duda es de los pocos seres vivos capaces de encontrar placer en la mera destrucción, sin buscar un fin útil ni por supuesto de supervivencia, un hecho tan triste como cierto.

El centro de Seúl es cuanto menos estimulante, pues cada pocos metros encuentras rincones y lugares que llaman la atención. Otro ejemplo de ciudad innovadora y comprometida es el fenómeno del Cheonggyecheon, este proyecto de renovación urbana está situado sobre un arroyo que, por el rápido repunte económico que experimentó el país tras la Guerra de Corea, tuvo que ser cubierto por infraestructura de transporte.
Lo que se hizo en 2003, fue devolverlo a la vida y brindar así a los ciudadanos un espacio de recreo y esparcimiento que a día de hoy representa un símbolo de la ciudad.
Caminar por su margen y cruzarlo en varias ocasiones me transmitió una sensación de paz y serenidad bastante especiales y lo más curioso es que visitarlo ni tan siquiera estaba entre mis planes.

Cheonggyecheon

Antes de regresar al hotel, quise visitar al menos una más de las 8 puertas de Seúl, situada a corta distancia de todo lo visitado. Hablamos concretamente de la puerta Heunginjimun o Gran Puerta del Este, construida sobre el 1398 y que marca el inicio del distrito comercial de Dongdaemun. Tal vez no sea tan llamativa como la de Sungyemun pues es menos monumental y está situada en una rotonda, pero nos permite tener una idea de las dimensiones de las murallas y por supuesto la extensión del terreno que cercaban.
Concluía así un primer día tan agotador como productivo en Seúl, una ciudad que pese a su incesante ritmo me transmitía mucha calma y me hacía sentir bienvenido.

Resumen de qué ver en Seúl, día 1:

  • Myeongdong
  • Seoullo 7017
  • Seoul Culture Station 284
  • Puerta Sungnyemun
  • Cheonggyecheon
  • Puerta Heunginjimun

Día 3 – El Seúl más histórico.

Comenzaba el día visitando el barrio histórico de Bukchon. Consiste en un distrito que se ha preservado para mostrar el aspecto original de un barrio de Seúl de más de 600 años. Bukchon es en realidad un conjunto de barrios donde vivían los miembros de la nobleza y los altos mandatarios del gobierno durante la dinastía Joseon.
Probablemente es el lugar ideal para alojarse en las típicas viviendas tradicionales de estilo Hanok, que sería el equivalente a un Ryokan en Japón, además suelen ser bastante económicas.

Pasear por esta zona me trasladó automáticamente a otro país completamente diferente, donde el ajetreo, el ruido y el estrés brillan por su ausencia. Pude adentrarme en los estrechos callejones e incluso cometí la osadía de entrar en algún patio tradicional, donde los vecinos, lejos de rechazarme, me hicieron sentir muy bien recibido, siempre con una sonrisa.

Adentrándome en un Hanok.

Quise continuar visitando el Seúl más histórico dirigiéndome a pie hacia Gyeongbokgung, el Palacio más importante de la ciudad y uno de los cinco palacios mas importantes de la dinastía Joseon. Quién haya visitado la ciudad prohibida de Pekín, seguramente y salvando las distancias encontrará algunas semejanzas y con razón, yo también las encontré y de hecho en su momento el complejo tenía una función similar al de la capital china.

Además de las maravillas que me habían regalado las dos visitas de la jornada, difícilmente podré olvidar el frío que pasé aquel día, pese a no haber ni una sola nube en el cielo, el gélido viento cortaba como una navaja suiza y cómo no esperaba estas temperaturas, no tenía la indumentaria apropiada, lo que sin duda agravó el asunto.

Mi visita del Seúl más tradicional iba llegando a su fin, y entre el frío y el cansancio acabé optando por pasar el resto de la tarde en la zona del hotel para descansar.
Esa misma noche me reencontré con Juan y su amiga Bora para descubrir la cara más nocturna de Seúl. Decidimos adentrarnos en el barrio de Myeongdong, donde todas las noches disponen un gran mercado de ropa y también de comida callejera típica coreana (Mercado de Namdaemun).
No sé si os había comentado que en Corea del Sur el servicio militar es obligatorio, esto se puede ver en la indumentaria que llevan muchos jóvenes por la ciudad. Todos los chicos de entre 18 y 28 años están obligados a servir al ejército durante al menos dos años, pues deben estar preparados para una guerra inminente o una invasión de los vecinos del norte. A mí me había llamado mucho la atención ese uniforme hasta tal punto que a uno de los chicos en la calle le pregunté dónde podía conseguir ese abrigo tan original, muy amablemente me respondió que en cualquier mercado callejero de la ciudad. Yo ni corto ni perezoso y aprovechando que esa noche visitaría el mercado Namdaemun, decidí comprarme la chaqueta militar del ejército surcoreano. Conseguí de esta forma un souvenir muy práctico y además acabé con el problema del frío para los días venideros. Hoy en día sigo usando esa chaqueta y mucha gente me pregunta que dónde la he comprado para conseguir una igual, y las cosas como son, me encanta contarles la historia.

La mejor compra en mucho tiempo.

Después de pasear por los mercados y los callejones de la zona, nos metimos en un auténtico restaurante 100% coreano recomendado por Bora, allí degustamos una auténtica barbacoa coreana a precio de ganga, una experiencia que probablemente si hubiésemos ido nosotros solos nunca habríamos tenido.

Degustando una auténtica Korean BBQ

Resumen de qué ver en Seúl, día 2:

  • Barrio tradicional Bukchon
  • Palacio Gyeongbokgung
  • Mercado nocturno Namdaemun

Día 4 – Zona Desmilitarizada (DMZ)

Una de las actividades que más me apetecía hacer en Seúl era adentrarme o al menos tener a tiro de piedra (en el sentido más literal de la expresión) uno de los países más herméticos y enigmáticos del mundo, Corea del Norte.
Hicimos una excursión de medio día a la conocida como Zona Desmilitarizada o DMZ.
Es importante advertir de la nomenclatura de cada excursión a la hora de buscarla en agencias online o centrales de reservas para que la experiencia se ajuste a nuestras expectativas.

A escasos metros de tierra hostil.

La excursión a la DMZ normalmente no incluye llegar hasta la Joint Security Area o JSA que es donde se encuentran los famosos barracones azules que se suelen mostrar en prensa y televisión y en cuyo interior puedes decir que estás pisando suelo norcoreano.
Esta actividad (JSA) normalmente es de día completo, implica un mayor “riesgo” y es más cara.
Nosotros al reservar, un poco desde la ignorancia, fuimos a por la más económica (DMZ) y sólo nos dimos cuenta de que no pisaríamos suelo norcoreano cuando el tour ya había comenzado y ya no había forma de remediarlo.

Estación de Dorasan.

Es un error de principiante pero me gusta advertirlo para que no os llevéis sorpresas desagradables cuando os aventuréis a semejante experiencia.

Resumen:
DMZ – Actividad de medio día, visitando generalmente la Estación Dorasan, Mirador Dora, Tercer Túnel, Puente de la Unificación entre otros puntos, podéis reservarla con todas las garantías en este enlace.

JSA – Actividad de día completo visitando generalmente la estación de Dorasan, Mirador Dora, Tercer Túnel, Puente de la Unificación, la Freedom House y los barracones Panmunjeom, en suelo Norcoreano. podéis reservarla con todas las garantías en este enlace.

La sensación de ver con tus propios ojos un territorio tan visiblemente hostil y sobre el que has leído y visto tanto es muy difícil de describir.
Se pueden ver a lo lejos aldeas y edificios que son pura propaganda y en los que no vive nadie. Agudizando el oido puede también escucharse una triste y decadente melodía por la megafonía de la aldea que trata de presumir gritando a los cuatro vientos de la felicidad de su pueblo.

En la entrada al 3er túnel.

Aunque pueda parecer temerario, esta mínima aproximación a la autodenominada República Popular Democrática de Corea (DPRK), despertó en mí una enorme curiosidad sobre esta polémica nación y espero en un futuro no muy lejano visitarla, aunque sea de una forma controlada y selectiva, pues hoy en día es la única forma de hacerlo.

He visto y leído mucho sobre Corea del Norte, pero como sucede con todos los países, hasta que no lo veo con mis propios ojos, no puedo tener una opinión fundada ni hacerme una idea real y aunque mucha gente se pueda oponer a este tipo de turismo, pienso que con respeto y sentido común, cualquier viaje es posible. Este sin duda me ayudará a entender muchas cosas y estoy convencido de que me enseñará muchas otras que no imaginaba.

Una vez concluyó la visita, y como buena excursión asiática, nos llevaron a visitar una fábrica de amatistas, para después vendernos sus productos o al menos intentarlo.
Como en esto ya teníamos muchos tiros pegaos como quien dice y aprovechando que curiosamente estábamos muy cerca del hotel nos escabullimos a pie de allí.

En esa visita, conocimos a Antonio, un gaditano que se había tomado un tiempo sabático y estaba recorriendo el mundo que también escapó de aquella trampa para turistas y se vino a comer con nosotros.
Tras la comida, Juan decidió descansar en el hotel y Antonio y yo que habíamos hecho buenas migas nos fuimos a patear Seúl.

Visitamos la preciosa zona de la Asamblea Nacional, sede del gobierno Surcoreano y desde allí mismo paseamos hasta la enorme lonja de pescado de Noryangjin, donde pudimos apreciar un espectáculo para los sentidos y sin absolutamente ningún turista.

Sede del Gobierno Surcoreano.
Nada que envidiar a Tsukiji.


Fue una tarde muy productiva y pude charlar sobre bastantes asuntos viajeros con Antonio. Curiosamente años después, quedé a tomar algo con él en Lisboa y espero coincidir más veces en el futuro, quién sabe si en Cádiz en Madrid o en cualquier otro lugar del mundo.

Por la noche, Juan y yo salimos a cenar con Bora por el animado barrio de Gangnam, mundialmente famoso por el videoclip de 2012 Del autor Coreano Psy.


Además de por eso, Gangnam ofrece un infinito abanico de opciones gastronómicas y de ocio y se podría decir que es el barrio joven por excelencia de Seúl.

No pude evitarlo.

Concluía un día muy productivo y continuaba con el pensamiento de que podría acostumbrarme a vivir en esta ciudad, algo que no me suele pasar a menudo y que hasta el día de hoy me ronda la cabeza.

Resumen de qué ver en Seúl, día 3:

  • Tour DMZ
  • Asamblea Nacional
  • Mercado de pescado Noryangjin
  • Paseo nocturno en Gangnam

Esta escapada a Seúl acababa de abrir mi apetito coreano y aunque la pude aprovechar y exprimir al máximo, me supo a poco y espero poder volver para conocer mejor tanto la ciudad como el resto del país.

Añadía una aventura más a mi colección y seguía sumando experiencias y anécdotas a mi cada vez más extenso repertorio.
Pero es que a medida que voy viajando, me voy dando cuenta de todo lo que aún me falta por descubrir. Esto no quiere decir que haya que darse prisa, pues las prisas para todo son malas pero para viajar son aún peores.
Tengamos paciencia, preparemos el terreno y cojamos impulso para continuar Rompiendo el Mapa.

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