Japón – Osaka y alrededores en 5 días – Noviembre 2017.

Esta vez la experiencia japonesa sería diferente, pues me quedaba en casa de mi gran amigo Juan, al cual ya mencionaba en el post sobre mi primer viaje a Japón.

Juan es probablemente de los amigos que conservo desde hace más tiempo, si mis cálculos no fallan, nos conocemos desde 1996, cuando ambos estábamos en primero de primaria.

Aquí estamos los dos en un viaje a Sevilla con el colegio, allá por 2005.

Pese a que nuestras vidas han llevado rumbos muy diferentes, siempre hemos sacado tiempo de dónde no lo había para juntarnos. Él cambió de colegio en bachillerato, después yo me fui a vivir a Portugal y él hizo lo propio con Japón unos meses después. Estos cambios, poco nos han importado a la hora de mantener el contacto y cada año hacemos por vernos sea como sea y donde sea.

Hasta que aquel 2017 finalmente hice lo que había planeado durante tanto tiempo, visitarle en su hábitat, la mágica ciudad de Osaka, aprovechando unas cortas vacaciones que había conseguido confirmar en el trabajo.

Día 1 – Aterrizando en Kansai.

Primer día de esta segunda aventura nipona. Salía de Lisboa haciendo escala en Frankfurt, para llegar a la ciudad de Osaka justo dos años después de pisarla por primera vez.

Tras recoger mi equipaje y tomar el tren rumbo al barrio donde me alojaría durante toda la estancia, Shinsekai, me encontraba después de bastante tiempo con el bueno de Juan. Él me enseñaría su apasionante barrio y me daría la oportunidad de conocer el ritmo de esta ciudad desde el punto de vista de un residente.

Posando con el anfitrión frente al famoso Glicoman.

Este primer día lo utilizamos para la adaptación, paseando por la manejable ciudad sin grandes pretensiones ni prisas, al final mi viaje se centraba en estar con mi amigo y conocer un poco más en profundidad su rutina en Osaka y todo lo que la ciudad podía ofrecerme tanto en su interior como en las regiones colindantes.

Lo cierto es que nos cundió muchísimo. En poco más de medio día, caminamos por Namba y la calle Dotonbori, el centro neurálgico y turístico de la ciudad, anduvimos muchísimo y acabamos el día paseando por nuestro barrio preferido, Shinsekai, lugar donde Juan se siente como pez en el agua. Este barrio como ya os explicaba en el primer post, tiene un aire especial, o al menos así lo percibí yo.

A partir de las siete de la tarde, la gente que por lo general abarrota las calles durante el día, empieza a desaparecer, no sé si tal vez impulsados por la “mala” reputación de este lugar. El caso es que esta desbandada nos dejó un paisaje precioso. La escena parecía sacada de la película Blade Runner, con callejones y galerías desiertas y luces de neón parpadeando, cuyo sonido intermitente era lo único que nuestros oídos podían percibir. Sin duda ver a dos europeos de estatura superior a la media japonesa paseando por estos callejones y a estas horas de la noche, sería una imagen cuanto menos sorprendente para todo aquel que se topase con ella.

Galerías comerciales desiertas en Shinsekai.

Fue un día de adaptación muy productivo, aunque es cierto que el jet-lag pronto comenzó a hacer de las suyas. Por la noche no pude dormir casi nada y eso hizo que casi todos los días me despertase muy pronto y por lo tanto mis energías no fuesen suficientes para aguantar el ritmo como debía. Gajes del oficio, que solo te pasan cuando estas viajando, así que siendo así… Bienvenidos sean.

Día 2 – Explorando Nagoya.

Una visita que no pude hacer en mi primer viaje a Japón, fue la de la ciudad de Nagoya, una de las ciudades más importantes del país y por la cual tenía interés y curiosidad por conocer. Además desde Osaka existe una línea de tren bala que va directa hasta esta ciudad en tiempo record, así que compré mi billete y para allá que me fui.

Cuando se viaja por Japón sin JR Pass, sin duda el bolsillo lo nota, pues la gracia (ida y vuelta) me costó cerca de 100€, esto es un ejemplo perfecto de hasta qué punto es rentable comprar este pase de trenes especial para turistas. (Recordemos que el pase de 7 días cuesta en torno a 240€)

En Nagoya, lo primero que visité fue su famoso Castillo, que data de cerca de 1525 y que sin duda es visita obligatoria dentro de esta ciudad. La ventaja de visitarlo en estas fechas es que no había prácticamente nadie y lo tuve todo para mi, algo que es siempre de agradecer.

Precioso jardín de bonsais frente al castillo de Nagoya.

Nagoya como tal, no os mentiré, no terminó de ganarme. Me dio la sensación de ciudad medio abandonada, no había prácticamente nadie por la calle, absolutamente ningún turista y las zonas de mayor importancia, tampoco me llamaron la atención.

Centro de Nagoya.

No obstante, estoy convencido de que en verano o incluso en primavera, esta ciudad debe tener mucho más ambiente, pues pese a no disfrutarla demasiado, si pude apreciar su potencial.

Algunos de los puntos que visité en Nagoya fueron:

  • Castillo de Nagoya
  • Puerto de Nagoya
  • Fachada del Nagoya Science Museum (Cerrado aquel día)
  • Torre TV y alrededores

En esta vida, para poder opinar de las cosas hay que conocerlas, por ello no creo que venir aquí fuese un error, pero seguramente si me veo en otra situación similar, optaría por dedicarle mi tiempo y dinero a seguir conociendo los alrededores de Osaka, como seguiría haciendo en este viaje.

Posando con mis tres amigos en el puerto de Nagoya.

Como curiosidad y para continuar hablando de Nagoya, se prevé que en 2022 abran muy cerquita de aquí, el primer parque temático de los Estudios Ghibli, el equivalente al Disney Japonés. Aprovechando el emplazamiento y las instalaciones de la Expo de Aichi en 2005.

En Tokyo ya existe un museo dedicado a esta potente marca de la animación japonesa y después de haber visto las películas más importantes y conocidas de esta firma, creo que merecerá mucho la pena visitarlo y que hará crecer mucho el atractivo turístico de la ciudad de Nagoya.

Cito algunas de las películas de Ghibli:

  • El viaje de Chihiro
  • La princesa Mononoke
  • La tumba de las luciernagas
  • Porco Rosso
  • Mi vecino Totoro

Al llegar a Osaka de nuevo, me reencontré con Juan que trabajaba hasta la tarde y salimos a cenar por “nuestro” barrio. Cenamos en la cadena Joto Curry House, de las más recomendables para probar los deliciosos platos de curry japonés.

Sin duda el mejor plato de curry que he comido en Japón.

Día 3 – Kyoto, tarea pendiente.

No podía pasar casi una semana en Osaka y no hacer una escapada a la cercana ciudad de Kyoto, a la que si recordáis, no pude dedicarle todo el tiempo que me hubiese gustado en el primer viaje que hice.

El día estaba bastante feo y daban lluvia para toda la jornada, pero eso estaba muy lejos de poderme detener. Así que, compré mi billete de tren y me fui en dirección a Arashiyama, muy cerquita de Kyoto, para poder visitar el famoso Bosque de Bambú que tantos habréis visto en instagram.

Llegar aquí es muy sencillo, pues la estación tiene ese mismo nombre “Arashiyama” y desde allí hay cientos de carteles que te indican como llegar al lugar.

Seguí los carteles y bajo mi paraguas transparente recién comprado, llegué al famoso bosque de bambú. Caminar por sus senderos no era nada sencillo, pues además de esquivar personas, tenías que ir muy pendiente de que no te sacasen un ojo con el paraguas y sinceramente, el día gris y lluvioso, no ayudó a que el lugar alcanzase la expectativas depositadas en él.

Por supuesto que es un lugar impresionante y llamativo, pero tal vez no tan idílico o bonito como esperaba. En cualquier caso, lo recorrí casi por completo y antes de marcharme de la zona, quise indagar un poco más por los alrededores, pues sabía que este bosque no era lo único interesante que Arashiyama tenía para ofrecer.

La eterna procesión para avanzar dentro del bosque de bambú.

De hecho, se dice que Arashiyama es uno de los mejores spots para observar el llamado Momiji, que es el cambio de coloración de la hoja en otoño, un acontecimiento natural espectacular en Japón. Comencé a andar sin rumbo, dejándome guiar por los carteles que veía en las calles, hasta que llegué a lo que parecía ser un templo. Efectivamente, me encontraba a las puertas del templo Jojakko-ji, situado a las faldas del Monte Ogura y casi a orillas del Río Katsura. La escena creada por el manto de hojas rojas, naranjas y marrones sobre el suelo empedrado, era solo un aperitivo de todo lo que podría experimentar en este lugar. El bosque de bambú, como es de esperar, se lleva un alto porcentaje de todos los visitantes de esta región, dejándonos a los románticos, la oportunidad de disfrutar de auténticas gemas ocultas casi en exclusiva. Eso mismo es lo que yo pude comprobar en este lugar. No conté ni tres personas visitando el recinto a la vez que yo, y eso me permitió sentir el lugar con mucha mas intensidad y lo que veía me parecía tan auténtico y tan perfecto que hasta me olvidé de los litros de agua que estaban cayendo sin cesar sobre mi.

Preciosas hojas de arce japonés recién caídas.
Feliz bajo la lluvia.

Este templo, como la inmensa mayoría de los templos del país, cuenta con unos preciosos jardines perfectamente diseñados y cuidados, regalándonos formas y colores que hacen que el visitante pueda sentarse y dejar la mente en blanco por unos minutos. En aquel lugar, solo escuchaba la lluvia cayendo con fuerza y el ruido de mis pasos sobre el suelo mojado.

Uno de los lugares donde me senté a escuchar la lluvia y contemplar el precioso espectáculo del exterior.

De Jojakko-ji, además de todo este ambiente y aura tremendamente relajante, destaca también su preciosa pagoda de unos 12 metros, a la que se puede acceder para tener una vista panorámica de todo el area de Sagano, sin duda un broche final perfecto.

La pagoda sobresaliendo sobre la vegetación.

En esta región, podéis visitar y pasear por decenas de templos diferentes, como por ejemplo:

  • Seiryo-ji
  • Nison-in
  • Giouji
  • Adashino Nenbutsuii
  • Daikakuji
  • Tenryu-ji
  • Enrian
  • Houkyo-in
  • Santuario Nonomiya

Estos son solo algunos ejemplos de las infinitas opciones que tenéis si queréis descubrir esta región con tranquilidad y sobre todo si el día lo permite. Además me gustaría mencionaros el restaurante Shoraian, un lugar situado en un entorno muy especial, que si tenéis presupuesto y os gusta disfrutar de la comida japonesa, no os podéis perder.

Yo no tenía mucho tiempo y la lluvia ya me había destrozado literalmente las zapatillas, así que pensé que era una buena idea pasar a “saludar” por el centro de Kyoto y más tarde regresar a Osaka.

Antes de esto, caminé en dirección a la estación y pasé por el impronunciable distrito de Sagatenryuji Tsukurimichicho. No dejan de sorprenderme las callejuelas de este país, lo tienen todo organizado a la perfección, parece que estuviese caminando por los pasillos de una juguetería, pues incluso los coches tienen un diseño diferente.

Paisaje 100% japonés.

Una curiosidad que desconocía, es que por lo visto, en algunas ciudades de Japón los coches no pueden aparcar en las calles. Para tener un coche, has de tener siempre una plaza de garaje en tu domicilio y es por eso que algunas viviendas tienen un espacio calculado al milímetro para poder dejar el coche ahí, sin entorpecer la vía pública.

Las curiosas calles de Sagatenryuji Tsukurimichicho.

Tras esta visita , volví después de dos años al centro de la ciudad de Kyoto, justo a la zona de la estación, sin duda el área más moderna y comercial de la ciudad. Tristemente no tenía tiempo para seguir explorando otras zonas de Kyoto, pero sí pude pasear al menos por sus calles, aproveché además para comprarme unas zapatillas nuevas, ya que las mías estaban impracticables y las tuve que tirar allí mismo.

El día ya llegaba a su fin y regresaba triunfante a Osaka con la sensación de haberlo aprovechado al máximo. Por la noche y ya en Osaka, como venía siendo costumbre en los días anteriores, salimos a cenar Juan y yo y a seguir explorando la cara nocturna de Shinsekai.

Esta vez nos adentramos en una de las zonas más conflictivas o aparentemente peligrosas, las Galerías de Nishinari, lo hicimos además en plena noche, con casi todos los locales cerrados y sin absolutamente nadie pasando por allí. Aquello parecía el decorado de una película de terror y os diré que me encantó y sin duda hacía que me enamorase cada vez más de este barrio.

Galerías comerciales de Nishinari.

Día 4 – Kobe, en busca de la carne mágica.

Último día de visitas desde Osaka antes de emprender otra aventura asiática. Hoy me tocaba explorar una zona cuyo nombre había escuchado mucho, pero que no tenía ni idea de qué me depararía.

Hablamos de la ciudad de Kobe, famosa sobre todo por la carne de buey de la raza wagyu, que tiene su origen aquí. Lo cierto es que mi visita iba enfocada en eso como objetivo principal, pues no hay mejor lugar para probar esta tan reputada carne que su ciudad de origen o al menos de quien recibe su nombre. Evidentemente la cercanía con Osaka también motivó mi visita, pues en menos de una hora ya estaba recorriendo sus calles.

Además y como nota curiosa, la carne de esta ciudad fue la responsable de que los padres de la superestrella de baloncesto y uno de mis ídolos Kobe Bryant (trágicamente fallecido en enero de 2020), recibiese ese nombre. Cuenta la historia que se encontraban cenando en un restaurante japonés en el momento en que la madre anunció que estaba embarazada, tanto les gustó el corte de carne que estaban comiendo, que decidieron llamar a su hijo Kobe. Creo que contaros esto es lo mínimo que puedo hacer como pequeño homenaje a la “Mamba Negra” (apodo del jugador) 

“Los héroes vienen y van pero las leyendas son para siempre”. Fuente Alex M Deviantart.

La primera actividad que descubrí en este lugar, fue subir en funicular hasta un lugar llamado, Jardín de las hierbas Nunobiki, situado en los Montes Rokko. Sinceramente lo que vería arriba no me motivaba demasiado, pero si consideré que subir al monte para ver la ciudad y la bahía desde las alturas, podría ser interesante.

Imágenes del ascenso en el funicular.

Efectivamente, el trayecto en funicular panorámico, la verdad me gustó, ya que las vistas eran preciosas y el día acompañaba. Pero cuando llegue arriba, mis pronósticos terminaron de cumplirse, me encontré con una especie de aldea que recreaba la arquitectura de montaña de los países alpinos de Europa, aquello para mi, carecía de cualquier tipo de interés, así que me centré en pasear por las zonas ajardinadas y disfrutar de las vistas. Cuando lo di por visto, decidí iniciar el descenso a pie, por caminos que fui encontrando y la verdad y sin que sirva de precedente, me supe orientar bastante bien.

El descenso había despertado mi apetito, así que puse en marcha la misión principal, encontrar un buen lugar para degustar carne de Kobe en Kobe.

Tras un buen rato buscando, di con una especie de puesto de información especifico de carne de wagyu (‘Wa’ japonés ‘Gyu’ ganado). En este lugar me explicaron, en un inglés bastante aceptable, los diferentes cortes, calidades y precios de dicha carne y aunque el precio superaba mis aspiraciones, terminé por decidirme.

Aviso a navegantes, comer carne de Kobe en Kobe es bastante caro. Yo pedí una gama intermedia de calidad, cerca de 120g y pagué 70€. Diré que me trataron muy bien, me sentaron en una barra en una sala donde solo estaba yo y el chef lo cocinaba todo delante de mí. Todo excelente, pero amigos… no os voy a mentir, aquella carne distaba mucho de valer lo que realmente pagué. No estaba mala, pero para nada sentí que aquello fuese un manjar, ni muchísimo menos. De hecho, después de comerla, estuve todo el día con dolor de tripa y bastante acidez, algo que nunca me suele suceder. Probablemente los 70€ peor invertidos de mi vida viajera, pero uno no come todos los días carne de Kobe en Kobe, así que como se suele decir por mi tierra… que nos quiten lo bailao.

El escueto pedazo de carne junto con la placa acreditativa de la autenticidad del mismo.

Con la barriga haciéndome extraños, decidí caminar hasta el Puerto marítimo de Kobe, concretamente el Parque Meriken. La verdad es que es una zona agradable y bastante bonita.

Parque Meriken.

Pasee por la zona y decidí tumbarme a reposar la comida en el césped, mientras contemplaba el mar, el cielo, la Torre del Puerto y las múltiples esculturas de la zona.

Con este descanso, finalizaba mi experiencia en esta ciudad, que sin haberme maravillado sí pude disfrutar y sobre todo puedo decir que conozco Kobe.

Aquí os comparto una breve lista de lugares, que puede serviros para saber qué ver en Kobe.

  • Montes Rokko
  • Puente del estrecho de Akashi
  • Parque Meriken
  • Torre del Puerto de Kobe
  • Jardín de Hierbas Nunobiki
  • Chinatown de Kobe
  • Museo de Kawasaki

Kobe es una parada interesante si vas a hacer el trayecto en tren desde Osaka/Kyoto a Hiroshima o viceversa, pues se encuentra en la misma línea de tren y tampoco es una visita que te vaya a ocupar todo el día.

Día 5 – Hasta pronto Osaka.

Antes de que Juan y yo emprendiésemos nuestra siguiente aventura esa misma tarde, quise dedicar este último día a la ciudad de Osaka y explorar a pie los rincones que aún no conocía bien.

Empecé caminando hacia la zona financiera y comercial cerca de Tennoji y exploré el colosal edificio de 300 metros, llamado Abeno Harukas. Me encanta curiosear los espacios comerciales de diferentes países para entender un poco mejor sus hábitos de consumo, en el caso de Japón al ser un país bastante especial, me conformé con observarlos, pues entenderlos sería todo un desafío.

Abeno Harukas.

Dejando atrás el consumismo y las moles arquitectónicas, puse rumbo al templo Shitennoji. Un recinto repleto de santuarios que data del año 593, en este caso, al ser un complejo de templos situado en medio de la ciudad, no cuenta con un exuberante parque ni grandes zonas verdes, pero aun así tiene un encanto especial y lo pude disfrutar y recorrer casi en solitario.

Templo Shitennoji.

Exploré todos los alrededores del templo y caminé por zonas que nunca antes había visto, encontrando rincones donde tomar fotos muy auténticas, casi siempre vislumbrando la torre Tsutenkaku que además me permitía no perder la orientación.

En un paso elevado con unas preciosas vistas sobre Tennoji y Shinsekai.

El tiempo se iba acabando, pero no quise irme de Osaka sin visitar un lugar especial antes.

Justo en el centro de Shinsekai, se encuentra un gigantesco edificio, este edificio alberga el llamado Spa World. Juan me había explicado que se trata de un enorme Spa con espacios termales que recrean diferentes zonas del mundo. Yo me acerqué a curiosear y como ya no tenía mucho más que hacer decidí probarlo y lanzarme a la piscina, nunca mejor dicho.

El pago de la entrada, se realiza a través de una máquina, como si estuviésemos comprando un refresco o una chocolatina. Bien, pues resulta que al ir a introducir mi billete, me encontré con que en esa ranura ya había un billete de importe superior al precio de la entrada.

Pensé en comunicarlo al personal, pero entre el idioma y el no saber que harían con ello, decidí pagar mi entrada con ese mismo billete, quién sabe, tal vez fuese un regalo que la ciudad quería hacerme…

La experiencia fue bastante interesante. Tened en cuenta que en Japón está terminantemente prohibido entrar en este tipo de lugares con tatuajes y como yo tengo uno y no quise problemas, se lo comuniqué al chico que estaba en la entrada. Me miró raro, me dijo que me lo cubriese y me hizo un gesto como queriendo decir “yo no he visto nada…” capté su mensaje, sonreí y me enrollé una toalla al brazo para intentar taparlo durante todo el circuito termal.

Pude relajarme mucho durante todo el recorrido y la verdad es que la experiencia resultó muy curiosa y positiva. Lo que más me impactó, fue la parte que se encuentra en el exterior, donde estás a unos 6º de temperatura ambiente pero te estás bañando en aguas que superan los 40º, algo que nunca antes había hecho. Lo mejor de este lugar es que no es nada turístico, está pensado para los ciudadanos japoneses, muestra de ello es que no hay casi ningún cartel en inglés y una vez dentro, solamente se ven japoneses, que por cierto me miraban muy extrañados.

No os diré que es una visita obligatoria en Osaka, pues de hecho mucha gente ni le dedica unas horas a esta ciudad, pero si vais a pasar unos días aquí, os invito a que descubráis Spa world, seguro que os sorprenderá y os podréis relajar. (IMPORTANTE como en todos los onsen o baños públicos, hombres y mujeres están en zonas separadas y hay que ir completamente desnudos).

Llegaba la hora de reunirme con Juan para irnos hacia el aeropuerto, estábamos apunto de embarcar nuestro vuelo de Fly Peach con destino a la capital de Corea del Sur. Así es, ¡Nos íbamos a Seúl! ( Esta compañía aérea es muy económica y opera principalmente en Japón y también lo conecta con algunas ciudades de China, Corea y Tailandia)

Terminaba mi aventura en Osaka y sus alrededores, donde había podido descubrir todo lo que puede ofrecer esta ciudad y sobre todo, lo que pueden dar de sí unos días descubriendo sus alrededores.

Esta experiencia nos demuestra que los viajes no tienen por qué seguir un patrón único o establecido, ni debemos hacerlos de una u otra forma, al final de cualquier escapada por simple que pueda parecer, puede salir una aventura increíble. Todo depende de cómo lo queramos enfocar y sobre todo de la ilusión y las ganas que le pongamos para que sea especial.

Aunque en esta primera etapa no pude disfrutar mucho de la compañía de Juan, al encontrarse trabajando hasta tarde, no existen las palabras para agradecer su hospitalidad y la oportunidad que me dio de conocer desde el punto de vista menos turístico posible, una ciudad tan especial para mi.

Pero no os preocupéis, Juan y yo estábamos a punto de continuar rompiendo el mapa y no tengáis ninguna duda de que lo seguiremos haciendo en el futuro.

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