Sudeste Asiático – Tailandia, Malasia, Singapur y Catar – Agosto 2017

Después de haber pasado casi todo el verano trabajando y vendiendo viajes sin parar, llegaba por fin mi turno.

Este verano, me tocaba hacer un viaje de los que marcan un antes y un después, un viaje muy especial y del que teníamos muchísimas ganas.

Gonzalo, al que ya conocéis del viaje anterior a Nueva York, me había presentado a un amigo suyo de la infancia un par de años atrás, Alejandro. Ya había coincidido con él en alguna ocasión, pero justo el año que me mudé a Lisboa, vino a visitar a Gonzalo e hicimos muy buenas migas. A partir de ahí, nos siguió haciendo muchas visitas en la capital lusa y nuestra confianza fue siendo cada vez mayor hasta convertirse en una gran amistad. Tanto fue así que durante todo 2016 y 2017, empezamos a hablar de que teníamos que hacer un gran viaje los tres juntos.

En el año 2016, ellos dos se fueron a Sri Lanka, pues yo no conseguí cuadrar vacaciones en el trabajo y como muchos recordareis, viajé a Sudafrica. Pero 2017 tenía que ser nuestro año costase lo que costase.

Finalmente, tras mucho esfuerzo y algo de suerte, conseguimos cuadrar los periodos de vacaciones de los tres para poder empezar a organizar esta mega ruta. Queríamos cultura exótica, algo de fiesta, buena hotelería, playas y paisajes. Haciendo la suma de todos estos requisitos, no podíamos dejar de pensar en Tailandia como destino preferente y tal vez añadir alguna que otra extensión en países no muy lejanos.

Poco a poco le fuimos dando forma al viaje y llegamos a la siguiente conclusión.

Antes de detallar la estructura del viaje, tened en cuenta que éramos tres y que soy agente de viajes. Esto significa que podía conseguir precios realmente interesantes en hoteles de lujo y que al compartir habitación, el precio dividido entre tres iba a ser fácilmente asumible. Además en el sudeste asiático, los precios de los hoteles, incluso siendo grandes cadenas internacionales, son mucho más baratos proporcionalmente que en occidente y nosotros no podíamos desaprovechar algo así.

Muchos me vais conociendo y sabéis que como viajero, me adapto a todo, hostels, yurtas, acampadas, pensiones, etc. Pero de vez en cuando y siempre que el momento y la circunstancia lo permitan, también me gusta darme algún que otro homenaje, y este era el momento ideal. Había sido un verano muy cansado y el viaje iba a ser de gran intensidad, por lo que queríamos disfrutar de buenos hoteles y de un excelente servicio.

Estructura de Viaje.

BANGKOK (Tailandia)

Lebua at State Tower (3 noches)

Hotel de Resacón En Las Vegas con un Rooftop Bar increíble.

Vuelo Interno (Bangkok Airways)

KOH SAMUI (Playas del Sureste de Tailandia)

Synergy Samui (3 noches)

Buena Ubicación frente a la playa, ideal para jóvenes.

Vuelo Interno (Bangkok Airways)

PHUKET (Playas del Suroeste de Tailandia)

Hyatt Place Patong (Ahora Andaman Beach Suites) (2 noches)

Transfer+Ferry

PHI PHI (Playas del Suroeste de Tailandia)

Holiday Inn Resort Phi Phi (2 noches)

Paraiso a un precio excelente y con un servicio de Lujo.

Ferry + Transfer + Vuelo Interno (Air Asia)

KUALA LUMPUR (Malasia)

Grand Hyatt Kuala Lumpur (3 noches)

Uno de os mejores hoteles donde me he alojado.

Vuelo Interno (Air Asia)

SINGAPUR (Singapur)

Marina Bay Sands (2 noches)

Hotel emblemático con la mayor piscina infinita del mundo.

Vuelo de Stopover en Doha (Qatar Airways)

DOHA (Catar)

Intercontinental Doha (1 noche)

Como podéis ver, planteábamos un viaje de alta intensidad, con muchos vuelos internos pero que nos ofrecía un contraste increíble entre cada punto, tendríamos grandes ciudades, playas, naturaleza, cultura exótica, lujo asiático y ambiente nocturno. A priori, todo lo que nos habíamos planteado.

La aventura estaba apunto de empezar, pasaportes listos, que embarcamos!

Día 1 – La llegada.

Tras haber llegado a Madrid procedentes de Lisboa el día anterior, quedamos con Alejandro en el aeropuerto, y salimos puntuales con Qatar Airways destino Bangkok (vía Doha).

Era la primera vez que volaba con la compañía catarí y la experiencia no defraudó, un servicio excepcional y una cabina turista muy cómoda. Después de dos vuelos intensos, llegábamos a primera hora de la mañana a la capital tailandesa, Bangkok, estábamos muy cansados pero aun nos quedaba todo un día por delante con mucho que explorar.

Después de recoger nuestras maletas, decidimos ir al hotel en Uber, empresa que por aquel entonces estaba perfectamente disponible en Tailandia. Me consta que a día de hoy Uber ya no es legal en el país y no funciona, pero en sustitución podéis usar Grab, un homologo tailandés que funciona casi de la misma manera, cuya app podréis encontrar sin ningún problema en vuestra Playstore o App Store de turno.

En todos los países que visito, el trayecto hasta el alojamiento, sea en el transporte que sea, es probablemente el momento donde más avispado estoy y donde intento observar todo con mayor atención. Aprovecho para hacer un primer análisis que me parece imprescindible y que pese a no ser por lo general las rutas más atractivas, las suelo disfrutar con más intensidad que muchas otras.

En este caso, no hice una excepción, me iba fijando en todo. En los coches, los edificios, las carreteras, los carteles publicitarios, los camiones y los diferentes comercios, de alguna manera, todo es nuevo y diferente para mi y cada vez que mi mente experimenta tantos estímulos novedosos, se me dibuja una pequeña sonrisa, pues eso es presagio de que se avecinan nuevos descubrimientos y aventuras, es una sensación difícil de explicar pero tremendamente positiva.

Finalmente tras una larga travesía, pudimos ver a lo lejos la inconfundible silueta del Lebua at State Tower, una mole blanca, coronada por una elegante cúpula dorada, este edificio, sería nuestro hotel durante las próximas tres noches.

La fama de este establecimiento ha crecido en los últimos años y se ha convertido en un hotel muy emblemático, esto se debe en gran parte, porque en él se filmaron algunas de las escenas de la segunda entrega de la película resacón (The Hangover en Ingles) que tiene lugar en su totalidad en la ciudad donde nos encontrábamos. 

El precio nos pareció bastante razonable para los tres, la ubicación era buena y en líneas generales cumplió con nuestras expectativas.

Una de las cosas que más me impactó fueron las vistas que teníamos desde el balcón de nuestra habitación, podíamos ver con claridad el Skyline de la inmensa ciudad y la perfecta silueta del río Chao Phraya, todo un emblema de Bangkok.

Espectaculares vistas desde el balcón de la habitación.

Una vez nos instalamos y aunque estábamos cansados y era muy pronto, quisimos salir a explorar los alrededores. Salimos a la calle y a los pocos minutos, nos abordó un chico conduciendo su Tuk Tuk (triciclo motorizado), amablemente y con símbolos de dollar reflejados en sus ojos, nos ofreció llevarnos a un embarcadero para dar un paseo por el río, la verdad es que no habíamos organizado mucho y tras nuestro primer regateo, nos animamos y subimos en su bólido.

Era la primera vez que montábamos en tuk tuk y os diré que al principio no nos sentimos muy seguros, pues van como locos y el trafico en estas ciudades es frenético, pero poco a poco empiezas a cogerle el gusto y acaba siendo la mejor alternativa de transporte. Yo a día de hoy me considero fan incondicional del tuk tuk y cada vez que me monto en uno, vivo y siento la ciudad de una forma super intensa.

Disfrutando de la navegación en el Chao Phraya.

Tras el movido paseo, llegamos al embarcadero y nos subimos a una barcaza larga, para navegar por las turbias aguas del río Chao Phraya. Es una actividad muy apropiada para aquellos que acaben de llegar del aeropuerto y no sepan bien qué hacer, te permite tener una perspectiva inmejorable de toda la ciudad, sin el desgaste de estar caminando por ella, por lo que siempre se lo suelo recomendar a mis clientes. A nosotros nos encantó y aunque alguno echó alguna cabezadita en el paseo, nos permitió despejarnos un poco.

Al terminar el paseo, decidimos acercarnos al Gran Palacio, uno de los atractivos habitualmente obligatorios de la ciudad, que nosotros tristemente no pudimos visitar debido a que durante esa semana se encontraba cerrado al público.

Estábamos muy cansados, la calle estaba llena de gente y hacia mucho calor, así que tras discutirlo, decidimos irnos al hotel para descansar durante un par de horas y poder aprovechar la tarde con más energía.

Calle abarrotada.

Contra todas las normas para vencer el jet lag y el “decálogo” del viajero, nos echamos una siesta de un par de horas, que la verdad, nos dio la vida. Nos pegamos un baño para despejarnos en la piscina del hotel y salimos a pasear en dirección a un templo, que por lo que habíamos leído, parecía ofrecer unas bonitas vistas y ser idóneo para contemplar el atardecer, el conocido Wat Saket o Montaña de Oro.

Se desconoce exactamente la fecha de construcción de este templo, pero muchos lo sitúan en la era del reino de Ayutthaya, que se mantuvo en el poder entre 1351 y 1767. Es sin duda uno de los más antiguos de Bangkok y dentro de todo el complejo, destaca su estupa dorada, situada en lo alto de una gran colina artificial. Cuando llegamos, ya estaba empezando a oscurecer y pudimos observar una perfecta panorámica de la ciudad, además los tímidos rayos del sol comenzaban a reflejarse con fuerza en la pintura dorada de la estupa, regalándonos una preciosa imagen de bienvenida a al antiguo reino de Siam. Esperamos un poco más a que se hiciese de noche por completo para ver la iluminación del complejo y tomamos un tuk tuk hacia nuestro próximo destino.

En la cima de la colina del Wat Saket.

Para despedirnos de este atípico primer día, decidimos visitar una zona de mucho movimiento nocturno, Khao San Road, el paraíso de los jóvenes mochileros en busca de diversión.

Descubriendo Khao San Road.

No es un lugar que ofrezca un bonito paisaje, ni cultura ni grandes atractivos, pero a mi personalmente me gustó mucho. Khao San Road, es básicamente una calle peatonal, repleta de restaurantes, bares, discotecas y miles de puestos callejeros. El ruido es ensordecedor, pero cada restaurante tiene su toque pintoresco y original. Nunca había visto un lugar parecido, era una versión asiática y muy barata de Times Square, los luminosos y los diferentes micro-ambientes creados en cada bar o local, daban forma a una atmósfera muy particular. Sin haber salido aún del asombro, nos sentamos a cenar algo en un restaurante o bar o discoteca, no se muy bien lo que era, lo que recuerdo es que el local era muy llamativo, tenía diferentes alturas, estaba muy bien iluminado y decorado con gracia y además la música le daba un toque muy agradable y animado. Comenzamos a cenar tranquilamente y al final entre la música, el ambiente y alguna que otra cerveza Chgang, casi sin darnos cuenta, nos fuimos animando. Nos animamos hasta tal punto que terminamos de cenar, seguimos con cervezas y acabamos bailando en una discoteca al aire libre, donde además el DJ ponía todas las canciones que le pedíamos, esta gente si sabe tratar al visitante.

Mientras bailábamos y lo dábamos todo en la pista, nuestro cuerpo, tras todo el desgaste del cambio horario, los vuelos y los paseos de todo el día, tenía la sensación de fuesen las cuatro de la mañana, pero la realidad era otra, el reloj no marcaba ni las 22.00 pm. Como era de esperar, al poco tiempo, nuestras piernas dejaron de responder como debían y eso fue una señal inequívoca de que debíamos retirarnos. Esto era todo por hoy, cogimos el enésimo tuk tuk del día y a las 00.00 estábamos en posición horizontal, esperando a un nuevo día.

Día 2 – Bangkok con tranquilidad.

Contra todo pronóstico, esa noche dormimos del tirón, sin acusar en ningún momento el jet lag, que normalmente en Asia suele notarse bastante los primeros días.

Desayunamos copiosamente en nuestro hotel y disfrutamos de la mañana en la piscina. Uno sabe que cuando se viaja solo, por lo general, el ritmo de visitas es mucho mayor y al no tener un contacto constante con personas, necesitamos ocupar nuestro tiempo. Mientras que cuando viajamos con amigos, preferimos hacer las cosas con más tranquilidad, no diría que la ciudad pasa a un segundo plano, pero el afán por explorar y descubrir no es tan intenso. Dicho esto, tras el relajante baño, nos echamos a la calle y paseamos por esta caótica ciudad casi sin rumbo. 

Bangkok es una ciudad genial para aquellos que no hayan visitado Asia aún. Como ya os comentaba en la entrada sobre China, Bangkok es la ciudad ideal para hacer el bautismo asiático, es un lugar amigable, caótico y muy asiático pero adaptado al visitante occidental. Sentiremos de primera mano la cultura asiática, sin que esta llegue a abrumarnos ni agobiarnos como pasaba en el gigante chino, por lo general el carácter de los tailandeses es siempre sonriente y esto ya facilita mucho las cosas, además, aunque no hablen un inglés fluido, la comunicación es mucho más fácil que en las grandes urbes chinas.

Anduvimos un par de horas y nos fuimos adentrando en pequeños callejones y zonas menos transitadas, para ver un poco más en profundidad la autentica ciudad y no solo lo que aparece en las guías. Al ser Bangkok una ciudad muy segura para el visitante, no tuvimos ningún recelo en campar a nuestras anchas por sus calles y la verdad es que disfrutamos mucho de esta caminata urbana. Cuando el hambre comenzó a apretar, dimos con un Hard Rock, que aunque no nos iba a ofrecer comida Thai, nos apeteció bastante en ese momento.

Paseando por los callejones de la ciudad.

Después de una contundente comida en la famosa cadena internacional, quisimos regresar a Khao San Road, la zona de ocio nocturno que habíamos visitado el día anterior, para ver su ambiente durante el día y pasear antes de que cayera la noche.

Khao San Road antes del anochecer.

Finalmente, cuando el sol empezaba a esconderse, pusimos rumbo al hotel para disfrutar de uno de los Rooftop Bars más emblemáticos de la ciudad, que se encontraba unos pisos por encima de nuestra habitación, el Sky Bar Bangkok.

La pena es que una enorme nube decidió descargar justo cuando llegamos a la azotea y aunque nos tomamos una copa, no pudimos estar en la terraza principal, donde además de disfrutar de las imponentes vistas, queríamos emular una de las fotos más famosas de la película Resacón.

Con un sabor de boca agridulce, nos volvimos al hotel. Ya probaríamos suerte al día siguiente, ahora tocaba descansar.

Día 3 –  Descubriendo Ayutthaya.

Bangkok era un ciudad que los tres teníamos muchas ganas de conocer, sobre todo para hacernos una idea del caos y la magnitud de la ciudad, pero también queríamos visitar la ciudad de Ayutthaya, que situada a unos 80 kilómetros de Bangkok, fue capital del reino de Siam entre 1350 y 1767 cuando fue arrasada por los birmanos. Para visitar Ayutthaya, existen diferentes maneras; 

  • En tour organizado donde te recogen en el hotel, te llevan te explican y te devuelven al hotel. Es sin duda la opción más cómoda y sencilla. Podéis echar un vistazo y reservar en el link – Reserva tu excursión a Ayutthaya.
  • Yendo en tren por libre, y contratando un tuk tuk en destino, o alquilando una bicicleta, probablemente la opción mas económica.
  • Yendo en Uber/Grab/Taxi y haciendo lo mismo que en la opción anterior. Esta opción no es mala si no quieres desplazarte hasta la estación y si sois 3 o 4 en el grupo (para que el trayecto no sea demasiado caro).

Nosotros nos decantamos por ir en Uber y una vez allí, buscarnos un poco la vida para visitar la zona y regresar tirando de improvisación. Lo importante para nosotros era llegar más o menos pronto, para evitar masificaciones, el regreso, nos preocupaba bastante menos.

Os preguntareis ¿Pero qué hay en Ayutthaya que merezca tanto la pena? 

Buena pregunta, Ayutthaya, cuenta con uno de los parques históricos más importantes de todo el sudeste asiático, se trata de un complejo de templos en ruinas, situados en un emplazamiento mágico. Las ruinas de la antigua capital son hoy Patrimonio de La Humanidad y su visita es extremadamente recomendable.

Wat Mahatat.

Yo muchas veces, me atrevo a hacer una comparación un tanto arriesgada y digo que Ayutthaya es el Mini Angkor Wat tailandés, pues aunque existan grandes diferencias, el efecto para el viajero es muy similar al que sentirá en el maravilloso complejo de templos que podemos encontrar en Siem Reap (Camboya).

Algunos de los templos más visitados en este complejo de Ayutthaya son:

  • Wat Chai Wattanaram
  • Wat Mahathat
  • Wat Prasisanphet
  • Wat Naphrameru

Después de cerca de una hora en el Uber, llegamos a las puertas del complejo, hacía un calor de justicia y caminar por todo el recinto nos parecía una locura, por lo que decidimos negociar con uno de los múltiples tuk tuks que había en el lugar. Finalmente, llegamos a un buen acuerdo para visitar los templos más famosos en dos horas con tiempo para bajarnos del tuk tuk y explorar cada uno de ellos. El recorrido realizado de esta forma se hace bastante sencillo y el hecho de haberlo hecho por la mañana ayudó a evitar que los templos estuviesen llenos, de hecho en muchos de ellos estábamos prácticamente solos.

Una vez terminamos el recorrido, caminamos hacia la estación ya que nos habíamos decidido a volver en tren, no había pérdida posible, pues la última parada era la estación de ferrocarril de Bangkok. Si por un segundo habíamos dudado, el precio acabó de convencernos por completo, 0,40 céntimos de euro, probablemente el trayecto en tren más barato que he hecho en mi vida.

Esperando al tren, anonadados por el precio del billete.

El precio no solo impactó por lo bajo que era, sino porque la experiencia de viajar en ese tren vale millones, no hay mejor forma de adentrarse en la rutina de un tailandés de a pie. Tuvimos la oportunidad de sentarnos frente a un monje de avanzada edad, que vestía una Kasaya de un intenso color naranja y que cada pliegue de su piel rezumaba sabiduría y experiencia. También pudimos contemplar desde el tren, diferentes barrios y paisajes y observar de forma participativa el día a día de los habitantes de esta caótica urbe.

prueba empírica de que el precio del billete es 100% real.
Mi simpático compañero en el trayecto.

Tras un trayecto cercano a las dos horas, llegamos a la estación de tren y tomamos un tuk tuk hacia el hotel. Nos dimos un baño en la piscina, comimos en el pool restaurant algunos platos típicamente Thai y tras la comida, decidimos descansar hasta la tarde.

Una vez hubimos cargado nuestras pilas, decidimos probar suerte de nuevo con el rooftop bar. Esta vez el cielo estaba gris y las nubes amenazan con descargar de nuevo, pero nos dio tiempo a disfrutar de una bebida y contemplar las mejores vistas posibles de la ciudad. El cielo gris, en este caso resultaba hasta atractivo, estaba repleto de nubes negras, dispuestas a descargar sobre nosotros y nos regaló un paisaje casi apocalíptico que inmortalizamos con nuestras cámaras.

Esperando la tormenta.

En relación a la famosa foto que queríamos emular, sentados sobre las escaleras de la terraza principal, lamento deciros que fue imposible. Este hotel ha debido recibir muchas visitas a raíz de esta película, y esta foto debe ser algo muy recurrente. Por este motivo, han colocado mucha seguridad y por esas escaleras solo puedes pasar de largo, sin pararte ni tan solo un segundo… como suele decir mi madre, …nuestro gozo en un pozo.

Esta es la foto que queríamos recrear. (Fuente: El Mundo.es)
Esto es lo más parecido que pudimos cosneguir…

Algo curioso sobre este país y que nos llamó mucho la atención, es la disparidad de precios entre servicios turísticos y servicios para gente local. Por ejemplo, una copa en este Sky Bar, costaba de media entre 15 y 20  euros al cambio, una auténtica brutalidad si tenemos en cuenta que el sueldo mínimo de Tailandia son 197€ , mientras que un generoso plato de pollo massaman en el restaurante situado  justo debajo del hotel, no llegaba a 3€ y un billete de tren como el de esta misma mañana sin ir mas lejos, costaba 0,40€. Esto es algo muy habitual en todo el país, pero en Bangkok, lo notamos en mayor medida que en el resto, seguramente por el hecho de ser una de las ciudades más internacionales del país.

Disfrutando de un fresco mojito antes del diluvio.

Después de haber podido disfrutar de la magnificas vistas y de la prohibitiva copa, empezó a llover torrencialmente y nosotros bajamos al mencionado restaurante para cenar platos auténticamente tailandeses a precios también auténticamente tailandeses. Por lo que había pagado minutos antes por mí copa allí arriba, podría haber cenado aquí durante cinco días seguidos, y la verdad, no me habría importado en absoluto, porque comimos de maravilla.

Delicioso pollo Massaman acompañado de una cerveza Tsinga.

Día 4 – Hasta otra Bangkok, hola Koh Samui.

Comenzábamos nuestra última mañana en Bangkok y queríamos aprovecharla visitando algunos de los templos más importantes, así que nos dirigimos en tuk tuk ,como casi siempre, hacia el Wat Arun o templo del amanecer. Este es un templo espectacular de estilo khmer, lo es ya no solo por sus imponentes pagodas, sino por su cercanía al río Chao Phraya, que dota al templo de un encanto especial.

Flores de loto flotando en enormes vasijas de cerámica, dentro del complejo de Wat Arun.

El templo se construyó durante el tiempo donde Ayutthaya era capital del reino de Siam, en él llaman la atención las piezas de porcelana y conchas incrustadas en su exterior, que habían sido usadas en el pasado como lastres en los barcos que llegaban a Bangkok procedentes de China.

El día no había amanecido muy radiante, pues el cielo estaba bastante encapotado, pero curiosamente, este color gris, combinaba a la perfección con las tonalidades del templo y hacía que el naranja intenso las Kasayas de los monjes resaltara mucho más de lo que ya de por si resalta, dejándonos la posibilidad de tomar fotos bastante curiosas y llamativas. 

A la entrada a este templo, decidimos parar en un pequeño mercado y comprar los típicos pantalones ligeros  (conocidos vulgarmente como pantalones cagaos) con estampados típicos Thais, de elefantes o simplemente de motivos vegetales, para podernos cubrir las piernas y entrar en los templos sin problema. Esta es una compra muy habitual en viajes por esta región de Asia y la verdad es que es una prenda a la que dimos muchísimo uso a lo largo de todo el viaje y no solo allí, pues incluso a día de hoy los sigo usando para estar en casa, ya que son muy frescos y cómodos. El precio como podéis imaginar, fue irrisorio, no sé si llegarían a los 2€.

En uno de los numerosos trayectos en tuk tuk, vistiendo la ilustre prenda.

Antes de dirigirnos hacia el aeropuerto para tomar nuestro vuelo a la isla de Koh Samui, decidimos pasear por el distrito de Pathum San, una de las zonas comerciales más importantes de Bangkok, donde se encuentra el centro comercial Siam Paragon, lugar donde acabaríamos nuestra experiencia en la capital Thai.

Denso tráfico urbano visto desde las pasarelas que dan acceso a los centros comerciales

Aquí comimos y paseamos para ver el lado comercial de más alto standing de la ciudad. Nos llamó la atención que dentro del centro comercial, no solo había tiendas de ropa y restaurantes, sino que podías encontrar un aquarium y hasta concesionarios de coches, algo que nunca antes había visto en un mall.

Entrada Principal del Siam Paragon.

Con mucha pena, nos tocaba despedirnos de Bangkok, una gran primera impresión de este mágico país y el aperitivo perfecto para todo lo que estaba por venir. Tomamos un Uber y llegamos al aeropuerto para embarcar en nuestra próxima aventura, Koh Samui.

La isla de Koh Samui, está situada en el Golfo de Tailandia, al sureste del país y es una de las islas más grandes de Tailandia. En nuestro viaje queríamos tener la experiencia de conocer las islas del Golfo de Tailandia y también las del Mar de Andaman, para poder comparar ambos destinos tanto de playa como de paisaje en general y no nos arrepentimos en absoluto.

El vuelo desde Bangkok, nos llevó poco más de una hora y pasamos del caos de la ciudad, al paraíso en la tierra. El aeropuerto parecía un autentico resort, pues estaba todo muy bien cuidado y ajardinado y de hecho las puertas de embarque eran al aire libre bajo una exótica palapa y un buffet cortesía de la aerolínea para los clientes. Bangkok Airways es una de las aerolíneas que mejor se lo montan y la que más me impresiono de esta aventura.

Bucólico aeropuerto de Samui.

Al llegar, recogimos nuestras maletas y negociamos con un conductor para que nos llevase al hotel, el Synergy Samui. A la salida del aeropuerto hay montones de opciones de taxis o empresas que venden sus servicios de transporte, por lo que eso no será un problema.

Koh Samui es una isla bastante extensa y hay muchas zonas donde alojarse, la más conocida y con más movimiento es Chaweng Beach, donde nosotros nos alojamos. Es el lugar perfecto para gente joven que busca buenas playas, ambiente y pasarlo bien, pero sin estar agobiados por altos edificios o playas infestadas y sucias, en ese sentido Chaweng es un paraíso para el ocio joven pero muy eco friendly

Existen otras zonas como Lamai Beach, también muy turística, Maenam de ambiente muy mochilero pero más tranquilo o Bophut, una zona tranquila y mucho más elegante, ideal para parejas o lunas de miel. Si queremos gastarnos más dinero, otra opción es Choeng Mon, que es ya una zona mucho más exclusiva, con una magnifica playa, donde se encuentran algunos de los Resorts y Eco Resorts de lujo más reputados de la isla. Si vas a precio, esta probablemente no sea tu playa. Vayas donde vayas, seguramente disfrutaras al máximo de lo que Koh Samui tiene para ofrecerte.

Mapa de lonelyplanet.com

Nuestro hotel, la verdad era bastante vistoso, tenía una piscina infinity y estaba en primera línea de la playa de Chaweng y además desde la parte interior (la que no daba al mar) se llegaba fácilmente a pie a la zona comercial de restaurantes y discotecas, creo que acertamos de lleno con la elección.

Piscina del hotel frente a la playa de Chaweng.

Una vez nos instalamos, nos fuimos en busca de algun sitio donde cenar hasta que dimos con un restaurante de la famosa y polémica cadena de restaurantes americana Hooters, donde polémicas a parte, cenamos de maravilla. Tras la cena, paseamos por la zona de mercados y en uno de los puestos contratamos nuestra excursión para el día siguiente, en concreto al Parque Nacional Marítimo Ang Thong.

Así es, en Tailandia puedes contratar tus actividades de forma segura y sencilla de un día para otro en mercados o agencias de calle, y como con todo, puedes regatear. Acordamos la hora de recogida y el precio y nos entregaron nuestro voucher, que es todo lo que teníamos que presentar al día siguiente.

Después de cerrar el negocio y seguir paseando, quisimos conocer la noche de Samui y fuimos de Bar en Bar hasta que dimos con el Green Mango Club, una de las discotecas más emblemáticas de la isla. Un espacio enorme con muchísimo ambiente, tanto local como internacional y donde por cierto, acudimos en más de una ocasión.

Lo pasamos de cine y la verdad es que pudimos corroborar que esta zona es la ideal para gente joven que quiera combinar aventura con algo de fiesta, siendo además un destino muy seguro y barato, pero donde también pudimos observar la cara más oscura del sudeste de Asia.

Tristemente Tailandia es uno de los países más afectados por el turismo sexual y es el foco principal de esta actividad en Asia. Vimos algunas escenas e imágenes realmente repugnantes.

Podría deciros que contamos por decenas la cantidad de señores que superaban con creces los 60 años, agarrados de la mano o besándose con jóvenes tailandesas que con seguridad no llegaban a la mayoría de edad. En la cara de esas jóvenes no se veía ninguna felicidad, sino todo lo contrario y lo cierto es que fue una imagen tan repetitiva como desgarradora, que tampoco podré olvidar, sobre todo por la impotencia de verlo y no poder hacer nada para impedirlo, pues tanto la gente local como las fuerzas de seguridad lo ven como algo normal.

Día 5 – Ang Thong National Park

Tal y como habíamos acordado el día anterior en el mercado, a las 10 am estaban a nuestra espera en el lobby del hotel para llevarnos hacia el Parque Nacional de Ang Thong. Esta es un area marina protegida del golfo de Tailandia, cuenta con una superficie de 102 kilometros cuadrados y alrededor de 42 islas. La visita consistió en navegar en lancha rápida por todo el golfo hasta llegar a la isla de Ko Mae Ko, para ver la famosa laguna verde, un lugar realmente bonito, pero que en este caso estaba bastante masificado, por lo que pese a que la ruta y las vistas fueron interesantes, no fue la mejor parte de la excursión.

Laguna Verde, en la isla de Ko Mae Ko.

Después de haber visto esta isla, navegamos de nuevo hasta la montañosa isla de Wua Ta Lap para hacer un pequeño recorrido en Kayak por sus grutas y sus tranquilas aguas. En esta misma isla, aprovechamos para comer y tuvimos tiempo libre para disfrutar de las paradisiacas playas con tranquilidad.

Tranquila playa en Wua Ta Lap

Pero esta playa, tenía un spot secreto que nadie nos había contado. Resulta que entre la maleza, justo detrás de la imponente playa, nace un sendero que se extiende por toda a montaña en sentido ascendente. En su momento, había una cuerda en medio del sendero, para facilitar la subida que no sé si aun seguirá estando. La subida, no es nada del otro mundo, cualquier persona con algo de coordinación motora y un mínimo de capacidad pulmonar, logra subirlo sin grandes sobresaltos, de hecho nuestro amigo Alejandro lo subió en chanclas y vivió para contarlo.

Iniciando el ascenso (especial atención al calzado del de verde…).

La caminata no es especialmente bonita, pues es un camino de tierra rodeado de vegetación, pero una vez coronas la cima, la vista es de una belleza indescriptible. Se puede observar con claridad un gran número de las islas que componen el parque, sobre un mar de un azul intenso que mezclado con el verde de la frondosa vegetación nos regalaba una postal difícil de superar.

Tras disfrutar del descenso y de unos cuantos baños en la playa, emprendimos el regreso a Samui por mar, pero antes de llegar, de pronto la embarcación se paro frente a unos riscos en mitad de la nada. Entonces, los simpáticos tripulantes del barco, nos dieron unas gafas y un tubo a cada uno y nos lanzamos todos al agua. Nada mas sumergir la cabeza, nos topamos con un auténtico paraíso submarino. Aquel lugar estaba repleto de peces de mil colores y esos riscos que se veían desde la superficie, resultaron ser solo un 1% de las inmensas formaciones rocosas sumergidas bajo el agua y que seguro eran hogar de cientos de criaturas y especies marinas.

Esta última experiencia, fue un broche perfecto para una excursión de la cual disfrutamos hasta el último Bath invertido en ella y que sin duda recomiendo encarecidamente a todo aquel que visite Koh Samui. Podréis reservarla cómo hicimos nosotros, en la calle, o bien contratar una Excursión a Ang Thong en lancha rápida en internet en este enlace.

Al regresar a Samui, nos llevaron al hotel de nuevo, donde echamos el resto de la tarde en la piscina y en la playa, disfrutando de la magnifica Chaweng. Un poco más tarde salimos a cenar y disfrutamos de nuevo del ambiente festivo de la zona y, como no podía ser de otra forma, culminamos en el ya conocido Green Mango Club.

Día 6 – Koh Samui sobre ruedas.

Un nuevo día comenzaba en el golfo de Tailandia y nosotros teníamos claro el plan. Nos acercamos a pie a la primera agencia de alquiler de motos que vimos, pues queríamos pasar todo el día recorriendo los diferentes puntos de la isla. Normalmente hay que entregar el pasaporte como fianza, algo que no nos hacía mucha gracia, pero como tras mucho negociar no habíamos conseguido que la agencia fuese flexible en ese sentido, acabamos accediendo. Después de haber pagado y tener cada uno nuestra moto, decidimos probarlas antes de comenzar la aventura. Comentaros que Gonzalo tenía moto en Madrid , pero ni Alejandro ni yo habíamos conducido antes una, y menos mal que decidimos probar antes, pues tanto él como yo, vimos que el acelerador de la moto era muy sensible y tenía bastante más potencia de la que esperábamos. Tras este pequeño primer susto, no nos vimos con mucha seguridad para estar todo el día circulando por carreteras en mal estado y llenas de coches, así que reculamos un poco y decidimos abortar esta misión, devolvimos la moto y pensamos en un plan B para conocer Koh Samui.

Nuestro plan B no era otro que negociar con un taxista una ruta completa por toda la isla durante casi todo el día, así que dimos con uno, negociamos y llegamos a un acuerdo para comenzar nuestro tour personalizado por Samui. Si os apetece hacer un Tour organizado en Koh Samui y llevarlo reservado desde casa, no dejéis de visitar y hacerlo en el enlace.

La primera parada fue el templo conocido como Big Buddha, situado al noreste de Koh Samui en una pequeña isla rocosa, conectada por puentes a la isla principal. En este templo, destaca una enorme estatua de buda sentado de unos 12 metros de altura. Comparado con los templos de Bangkok, no tiene un gran valor histórico pues data de 1972, pero para quien busque algo de cultura budista, no esta nada mal y estéticamente es muy llamativo. El templo se visita en poco tiempo, así que una vez lo dimos por visto nos dirigimos al siguiente punto.

Sencillo pero imponente Big Buddha.

Conduciendo por la costa este de la isla, llegamos hasta un lugar conocido como Hin Ta Hin Yai , que significa La abuela y el abuelo. Está situado en la Playa de Lamai y no deja de ser una zona costera repleta de rocas de las cuales destacan dos por encima del resto, una con forma de los genitales masculinos y otra con forma de genitales femeninos, la verdad es que es más bien un reclamo turístico creado por los locales como excusa para que los turistas compren y consuman en los múltiples mercados o bares que hay a su alrededor. Probablemente de todo lo que vimos en Samui, fue lo menos llamativo, así que si la visita al templo había sido corta, esta lo fue más todavía.

Si os fijáis a lo lejos se puede ver al “abuelo”…

Continuando con la ruta, nuestro siguiente punto se encontraba un poco más hacia el interior, hablamos de las Cascadas de Na Mueang. Habíamos leído bastante sobre este lugar y nos apetecía darnos un chapuzón en unas cascadas naturales, así que dicho y hecho. Nada más llegar y tras una pequeña caminata, llegamos a la cascada donde nos pudimos bañar en medio de la selva, algo que sin ser una experiencia religiosa, nos permitió cambiar un poco el chip de playa y mar hacia algo más selvático y de naturaleza. También debo comentar que el lugar es extremadamente turístico, está todo montado para que el turista se gaste el dinero en restaurantes, actividades, paseos en jeep y lo peor, elefantes encadenados y diferentes animales utilizados vilmente para que los turistas los alimenten y se hagan fotos con ellos.

Cascadas Na Mueang.

Y aquí es donde sí me voy a poner serio. Desde que llegamos a Tailandia, vimos especialmente en los mercados o zonas de mayor flujo de turistas, centenares de personas con diferentes animales, tales como slow loris, iguanas, serpientes, monos, etc… ofreciéndote una foto con el animal a cambio de un puñado de baths. Es algo que realmente me enfada y debo admitir que cada vez que lo veo me hierve la sangre. Esos pobres animales están completamente destrozados, les arrancan los dientes para que no muerdan, los drogan , les quitan el veneno y/o les torturan para que tú puedas ver sus graciosas habilidades. A todos mis clientes intento hablarles de estas mafias y de los nefastos cuidados que reciben estas pobre criaturas. Siempre insisto en lo mismo, no contribuyamos a que este mercado siga creciendo, neguemos esas fotos, no montemos en elefantes ni paguemos por ridículos espectáculos circenses, por acariciar a un pobre tigre drogado o por coger a un precioso camaleón, recuerda , si no hay demanda no hay negocio. Os dejo a continuación un video que muestra lo que sufren muchos de estos animales para que puedas tener tu foto. (CONTENIDO MUY DELICADO).

¡¡AVISO!! CONTENIDO MUY DELICADO.

Después de este discurso tan brusco como necesario, continuamos con la última parada de esta ruta customizada. Después de la visita a la cascada, decidimos relajarnos el resto de la tarde en un Resort internacionalmente conocido, Nikki Beach. Es un concepto muy enfocado en el disfrute del relax, buena comida y bebida,  buena música y como siempre de una excelente playa como protagonista. Nikki Beach tiene resorts en ciudades como Dubai, Miami, Monte Carlo, Ibiza o Marbella y tienen un éxito tremendo entre el público joven de alto nivel adquisitivo. Nosotros sabíamos que al estar en el sudeste asiático y ser los precios bastante más bajos, nos podíamos permitir un almuerzo informal, unas buenas tumbonas y un par de mojitos para disfrutar de las instalaciones de playa y piscina y una tarde de relax garantizado. La playa situada frente al resort, es Lipa Noi, que sin ser de las mejores, ofrecía una vista preciosa, así que decidimos extender nuestra relajante tarde hasta la puesta de sol, para poner punto y final tanto al día como a nuestra estancia en Koh Samui.

Día 7 – Destino Phuket.

Por la mañana y tras un buen desayuno, nos dirigimos al aeropuerto para coger nuestro vuelo a la Provincia de Phuket, núcleo de operaciones para conocer las playas y las islas del Mar de Andaman, al lado opuesto del país. Nuestro objetivo no era conocer Phuket, sino las paradisiacas Islas Phi Phi, pero como el aeropuerto principal se encuentra en Phuket, decidimos pasar un par de noches para que el trayecto no fuese tan pesado y así conocer lo esencial de esta ciudad.

Phuket es una isla de grandes dimensiones, y como tal, cuenta con diferentes zonas para alojarse, muy diferentes unas de otras. Kata Yai y Kata Noi son zonas para disfrutar de buenas playas y con un ambiente muy tranquilo, Kamala Beach es una zona muy natural con alojamientos sencillos pero en un emplazamiento increíble para aquellos que busquen paisaje y relax a buen precio. Pero si lo que queremos es fiesta y ambiente, sin duda la mejor opción es Patong Beach, donde nosotros decidimos alojarnos, sobre todo por la curiosidad de conocer brevemente esa parte hortera de Tailandia.

Mapa de lonelyplanet.com

El vuelo desde Koh Samui, tarda poco menos de dos horas y el precio der estos vuelos internos dentro del país suele ser bastante asequible. A la llegada, cogimos un taxi hasta nuestro hotel, el Hyatt Place Patong, nos relajamos en la piscina y comimos algo antes de salir a explorar un poco la zona.

Surcando los mares tailandeses desde el aire.

Lo cierto es que el hotel no nos gustó mucho, la atención fue bastante dejada, algo muy poco habitual en Tailandia y para ser de la cadena Hyatt, no nos pareció acorde con la calidad de dicha cadena.

Después de descansar un poco, salimos a explorar la zona, aquí ya pudimos observar que se trataba de un lugar híper turístico, lleno de tiendas occidentales, macro hoteles, restaurantes y bares por todas partes, todo montado y dispuesto a la perfección para disfrutar de unas playas agradables (sin ser espectaculares) y un ambiente nocturno bestial.

Lo más llamativo que vimos en este corto paseo fue la conocida Bangla Road, una avenida que durante el día pasa bastante desapercibida, pero que está diseñada y concebida para brillar (literalmente) por la noche, donde las luces, la música, las discotecas, los bares y de nuevo la prostitución, se adueñan del protagonismo. Porque tristemente, Phuket es otro de los destinos de turismo sexual más conocidos de Asia.

Bangla Road, calle del pecado.

Después de ojear un poco por encima esta avenida, decidimos comprarnos unas cervezas en un Seven Eleven y llevárnoslas a la Playa de Patong, para relajarnos y disfrutar del atardecer aquí.

La playa, como ya os comentaba, está francamente bien, es agradable, está limpia y tiene un ambiente muy sano, pero no es en absoluto una playa paradisiaca. Para nosotros esto no fue un problema, pues tampoco es lo que veníamos buscando aquí. Una vez el sol se terminó de poner, fuimos en busca de otro de los objetivos de Phuket, una agencia para contratar la excursión que haríamos el día siguiente.

Precioso atardecer en Patong Beach.

Como buen punto turístico, desde Phuket se pueden contratar infinidad de excursiones y actividades, como por ejemplo los lamentables circos de elefantes o”santuarios” de tigres en estado comatoso. Pero además, también hay un gran abanico de opciones mucho más lógicas e interesantes, como la visita a las Phi Phi, a Krabi, a la Isla de Hong o a la Isla de James Bond entre otras.

Esta última es la que más nos convenció, pues parecía muy completa, así que una vez más, negociamos su precio y cerramos todo para hacerla a la mañana siguiente.

Tras una buena negociación y tener nuestro plan del día siguiente organizado, continuamos paseando, cenamos en un restaurante local y decidimos disfrutar de forma responsable del ambiente nocturno de Patong. La verdad es que como experiencia y para hacerlo una noche, es algo hasta recomendable, nos lo pasamos realmente bien ya que la oferta de ocio es abrumadora y a un precio al que en occidente no estamos acostumbrados. Si os gusta la marcha o vais en un viaje con amigos y queréis visitar Phi Phi o tenéis que pasar por el aeropuerto de Phuket para algo, dedicarle una noche a Patong, no se os va a ir de presupuesto y lo vais a pasar muy bien.

Transformación de Bangla Road por la noche.

Día 8 – Navegando por mar de Andaman.

A las 8 de la mañana tal y como habíamos acordado con la agencia, nos vinieron a recoger al hotel para disfrutar de la excursión, que abarcaría el día casi por completo.

Tres llegar en coche hasta un pequeño puerto, lo primero que hicimos fue embarcar en una lancha rápida, para surcar las aguas de la Bahía de Phang Nga para llegar a Panak Island y visitar la isla con un guía local a bordo de un kayac para descubrir sus cuevas cársticas y adentrarnos en ellas.

Impresionante paisaje sobre la bahía de Phang Nga.

Tras el recorrido embarcamos de nuevo en la lancha rapida, para navegar hasta nuestro destino protagonista, Ko Tapu o la conocida como James Bond Island. Recibe este nombre porque es el emplazamiento donde se rodó en 1974 la entrega de la saga 007 “The Man with the Golden Gun”, protagonizada por Roger Moore. El elemento más representativo de esta isla es un enorme monolito de roca escarpada, de unos 20 metros, situado en medio de la bahía, que sin duda ofrece una imagen muy original y extremadamente fotogénica, tanto que a día de hoy es una de las actividades más aclamada por los turistas que visitan Phuket.

Diferentes tomas con el fotogénico monolito como protagonista.

Después de una sencilla caminata y de hacernos y hacer infinidad de fotos, continuamos la ruta en barco para comer en un lugar muy curioso. Se trata del islote Koh Panyee, un pueblo donde no hay tierra firme, sino que esta construido de forma artesanal con bidones y tablones de madera que flotan sobre la bahía.

Koh Panyee, un lugar diferente.

Este pueblo tiene una historia de mas de 200 años y fue construido por una comunidad de pescadores nómadas que emigraron desde Malasia hasta estas aguas, motivados por la buena pesca que caracteriza a esta región.

Nos pareció un lugar extremadamente original, que sin ser especialmente bonito, captó toda nuestra atención por el gran mérito que supone inventarse un pueblo de la nada y sobretodo mantenerlo habitable durante tanto tiempo. Como curiosidad, comentar que la comunidad es 100% musulmana y por lo tanto tienen su propia mezquita y, aunque no lo creáis, también su propio equipo de futbol, el Panyee F.C.

Además de recorrer Koh Panyee a pie casi por completo y por voluntad propia, pues no estaba estipulada visita en la excursión, pudimos disfrutar de un almuerzo local exquisito, que también estaba incluido en el precio del tour.

Después de todo lo que ya habíamos visto y disfrutado, llegaría la última sorpresa del día, navegamos hasta Naka Island, una isla semi-desierta de uso exclusivo para turistas que deseen pasar unas horas en ella. Aquí nos dejaron tiempo libre para disfrutar de la playa, explorar por toda la isla o hacer actividades acuáticas por nuestra cuenta.

Nosotros al ver que había bastantes motos de agua disponibles para alquiler, lo vimos claro, negociamos el precio con los locales y alquilamos una cada uno durante una hora para navegar y explorar por libre las aguas de la bahía de Phang Nga.

La verdad es que fue una experiencia increíble y sorprendentemente barata, ya que en cualquier parte del mundo habría sido impagable. Tener la posibilidad de sentir la velocidad en la cara y la libertad de navegar por un paraíso como en el que nos encontrábamos, fue algo que no esperábamos y por ello terminó de hacer que la experiencia global del tour fuese muy superior a nuestras expectativas. 

foto de Alejandro

Si os apetece vivir una experiencia así y no queréis jugárosla a reservarlo en mercados locales, aquí os dejo este enlace para poder reservar esta “aventura en la Isla de James Bond “directamente desde casa.

Con esta aventura terminaba nuestro tour y navegábamos de vuelta a Phuket para acabar de disfrutar otra noche en Patong Beach y despedirnos de este peculiar destino.

Día 9 – Destino Phi Phi Islands.

Como ya os había comentado, nuestro objetivo principal era visitar las Islas Phi Phi, un archipiélago, formado por cuatro pequeñas islas, Koh Phi Phi Don, Koh Phi hi Leh, Isla Mosquito e Isla Bambú. Para llegar hasta ellas, la logística no es la más sencilla, pues hay que coger un ferry desde Phuket para poder llegar al puerto de Tonsai, situado en Phi Phi Don, la isla principal, una vez aquí, y dependiendo de donde te vayas a alojar, podrás ir a pie o bien coger un barquito hasta tu hotel.

Nosotros esta gestión decidimos hacerla directamente por e-mail con nuestro hotel, el Holiday Inn Resort, ellos nos reservaron todo; el coche que nos recogía en el hotel de Phuket, el ferry a Tonsai y la lancha y “tractor” hasta el resort, si, habéis leído bien, he dicho tractor, seguid leyendo, ahora os lo explico.

El día fue muy cansado ya que estuvimos casi tres cuartos de él viajando, primero en coche hasta el puerto, cabe decir que Phuket es una isla caótica y el trafico es muy denso y probablemente esta parte fue la parte menos atractiva. Después un trayecto muy pesado en ferry de unas dos horas hasta Tonsai, ya en Phi Phi. En este trayecto como vimos que el barco estaba lleno y nos ofrecieron un upgrade a primera clase por un precio irrisorio, decidimos pagarlo y al menos tener un sofá para cada uno y un pequeño autoservicio con café, agua y galletas, que la verdad agradecimos. Si os lo ofrecen pagarlo, el viaje cambia drásticamente.

Una vez llegamos al muelle Tonsai, nos estaba esperando un barquito a todos los clientes del hotel para llevarnos hasta allí, el trayecto fue muy rápido.

Para que os hagáis una idea, en Phi Phi te puedes alojar en la zona más masificada y donde se encuentran la mayoría de hostales o alojamientos más económicos (perfecto si buscas algo más de ambiente joven), o bien puedes alojarte en el norte de la isla. Esta es una zona de pura selva, donde hay solamente unos pocos resorts de una categoría superior y donde realmente podrás disfrutar de una experiencia de playa paradisiaca sin ver nada más que a los huéspedes del hotel donde te alojas. Esta última zona es tan remota que solamente se puede acceder en barco, esto os da una idea de la privacidad que podréis experimentar. Nosotros en Phuket y en Samui ya habíamos tenido todo el componente de fiesta y el jaleo que buscábamos en este viaje, así que en esta última estancia tailandesa buscábamos relax y playas increíbles y eso es justo lo que tuvimos.

Tranquilos, no me he olvidado del tractor. Bien , pues resulta que las mareas en esta isla en concreto (Koh Phi Phi Don) son muy marcadas y cuando está muy baja, realmente podemos encontrarnos con cientos de metros de arena hasta ver el agua desde la orilla. Teniendo este dato en cuenta, como era de esperar el barco que nos llevaba desde Tonsai, llegó a un punto en que ya no podía acercarse más a tierra, por riesgo de encallar. Pero como buenos tailandeses, lo tenían todo pensado y en ese punto exacto tenían preparado un tractor que remolcaba un compartimento para trasladar a los viajeros y su equipaje. La verdad es que la idea no podía ser mejor, todo planeado para no mojarse ni un dedo y llegar a la recepción completamente seco. Sin duda un recurso muy original y que nunca había visto antes.

Estoy convencido de que el precio por haberlo reservado todo con el hotel fue algo más caro, pero en ese momento nos pareció cómodo y no lo dudamos. No obstante si queréis, también podéis reservar el ferry a Phi Phi de una forma 100% segura en este enlace y concretar con el hotel (si es necesario) todo lo demás.

Aguas cristalinas y poco profundas.

Una vez llegamos a tierra firme, empezamos a alucinar, el agua de aquel mar era cristalina como no había visto otra antes y el emplazamiento donde este resort estaba ubicado nos pareció de película.

La arena fina y blanca como la nieve, los típicos columpios en los árboles, algunas hamacas situadas en lugares escondidos y una densa vegetación tropical, daban forma a un paisaje que realmente invitaba a desconectar y sobre todo a no querer abandonar aquel lugar jamás. Sin lugar a dudas queríamos aprovechar al máximo cada segundo en este paraíso.

Columpios, arena, vegetación y agua.

Finalmente hicimos nuestro check in y nos asignaron un precioso bungalow con una bonita terraza, situado a pocos metros de la arena y en medio de una auténtica jungla. Este Resort era realmente grande, pero en ningún momento tuvimos sensación de masificación y las estructuras se integraban a la perfección con el entorno, dando una clara imagen de respeto total con el medio ambiente, este lugar nos iba enamorando progresivamente y apenas llevábamos unas horas aquí.

Nuestra humilde choza en Phi Phi.

Siempre que voy a alojarme en un hotel, me gusta curiosear la página web para ver un poco qué es lo que me voy a encontrar y también para poderlo amortizar al máximo. Con este, por supuesto no hice una excepción. Había visto imágenes del gimnasio, el bar, los restaurantes y las piscinas y sabía que lo disfrutaríamos a tope.

Pero nuestra sorpresa fue cuando yendo en dirección a la piscina principal para adultos, situada frente al mar, vimos un cartel señalando una especie de colina donde estaba escrito Sunset Pool. Nosotros no contábamos con más que esta piscina, así que decidimos seguir esa indicación que sin duda por el nombre prometía bastante. Subimos una empinada cuesta y reparamos en que todos los elementos que aparecían en el camino tenían aspecto de ser realmente nuevos, farolas, pavimento, cartelería, edificios auxiliares, etc.. Aquella sección parecía acabar de salir del horno y nosotros estábamos deseando hincarle el diente. Finalmente llegamos a lo que parecía un bar, lo cruzamos y nos dimos de bruces con algo espectacular y completamente inesperado. Se trataba de una deslumbrante piscina infinity, situada frente al inmenso Mar de Andaman . El lugar era pequeño, pero estaba muy bien equipado con tumbonas y un pool bar que funcionaba a las mil maravillas y donde de hecho acabamos cenando.

Abrazando la imponente vista desde la sunset pool.

No esperábamos encontrarnos con esta agradable sorpresa y por ello disfrutamos por partida doble de lo que nos quedaba de tarde y,  como no podía ser de otra forma, siguiendo las indicaciones del cartel, contemplamos relajados en el agua y con una cerveza en la mano el imponente sunset con el que las Phi Phi nos daban la bienvenida, cuando cierro los ojos aún puedo ver esa impresionante panorámica.

Día 10 –  Long tail Boat en Phi Phi.

Aunque amanecíamos aun abrumados por la belleza del lugar, el listón no paraba de subir. Nos desplazamos hasta el área de desayuno y de nuevo nos quedamos embobados con el espectáculo que podíamos presenciar mientras recargábamos energías. El espacio reservado para el desayuno, era de lo más idílico que os podéis imaginar, por supuesto al aire libre y rodeados de árboles por todas partes y con la tranquila playa de fondo. Como podréis observar en la fotografía que comparto más abajo, lo único que separaba nuestra mesa del agua, era un escalón y un manto de arena blanca, en definitiva, la experiencia estaba siendo impresionante y cada momento era mejor que el anterior.

No me importaría desayunar todos los días aquí.

Una vez dimos por saciado nuestro apetito, nos preparamos para disfrutar de otra genial actividad. Esta vez fue muy sencillo, como buen hotel de playa y en un destino tan turístico, el Holiday Inn Resort ofrecía una amplio abanico de actividades, entre las que se encontraba la que nosotros buscábamos. Básicamente consistía en alquilar por horas un Longtail Boat con patrón (por hablar en términos náuticos) para que nos hiciese un recorrido privado por los puntos más bonitos del archipiélago. En este recorrido, al ser solo para nosotros tres, podíamos parar y bucear o simplemente relajarnos en playas desiertas siempre que quisiéramos y al ir contratado a través del hotel, nos daban gafas y tubo para poder explorar los maravillosos fondos marinos con todo el equipamiento necesario.

Surcando el archipiélago en longtail boat o barco de cola larga.

Pese a contratarlo con el hotel, el precio nos pareció de lo más asequible, sobre todo teniendo en cuenta que era algo exclusivo para nosotros y donde no nos cruzamos prácticamente a ningún otro ser humano.

Literalmente solos en una playa desierta.
Haciendo un poco el bobo bajo el agua.

En el recorrido visitamos montones de pequeñas calas desiertas, paramos en mitad de la nada a bañarnos en sus aguas cristalinas, hicimos snorkel en cuevas y también visitamos la turística Monkey Island. Esta última tal vez fue la visita menos auténtica, consiste en una playa repleta de monos que está infestada de turistas. Lo curioso de estos monos es que con tal de pillar algo de comida, son capaces de meterse en el agua completamente y esto a los turistas le suele resultar gracioso. A nosotros es la parte que menos nos gustó, pero lo cierto es que aunque sea una actividad turística que gire en torno a animales, están en su hábitat natural y lo peor que les puede pasar es cogerse una indigestión por comer demasiado, por lo demás parecen bastante felices.

Poder apreciar esta zona tan diferente y de una forma tan libre, sin duda nos sedujo enormemente e hizo que probablemente Phi Phi fuese la etapa del viaje más especial, los tres lo hemos hablado bastantes veces y estamos muy de acuerdo en esto.

Una vez terminamos la navegación, continuamos disfrutando del hotel y sus instalaciones, pero especialmente de las increíbles playas. Un poco más tarde, volvimos puntuales a coger sitio en la Sunset Pool para disfrutar de otro precioso atardecer y de un sabroso Pad Thai para cenar.

Nos despedimos así de la experiencia en Phi Phi, una estancia que no nos habría importado alargar, pero que vivimos con mucha intensidad y que recordaremos para siempre. Estoy casi convencido de que algún día volveremos, juntos o por separado, pero volveremos.

Día 11 – Un cansado día de Viaje 

Este día sería breve en cuanto a contenido viajero, pues consistió básicamente en viajar casi por todos los medios posibles (Tractor, Lancha, Ferry, Coche y Avión)

Muy pronto por la mañana, zarpábamos en barquito hacia el muelle Tonsai para coger un ferry de nuevo a Phuket. Aquí nos esperaba un transfer con destino al aeropuerto, donde cogeríamos un vuelo a Kuala Lumpur, la capital de uno de los países vecinos, Malasia.

Este vuelo, por desgracia sufrió varios retrasos considerables, lo que hizo que gran parte del día lo pasásemos en el sencillo aeropuerto de Phuket. Tras largas esperas, finalmente abandonábamos nuestro paso por Tailandia para embarcar con destino a Kuala Lumpur, donde llegamos cerca de las once de la noche.

Estábamos realmente cansados de tantas horas de viaje así que no pudimos disfrutar prácticamente de nada esa noche. Llegamos a nuestro hotel , el Grand Hyatt Kuala Lumpur y al abrir las cortinas de la habitación, nos encontramos con las mejores vistas que podíamos imaginar. Allí estaban las famosas Torres Petronas, iluminadas y resplandecientes, deseándonos las buenas noches y dándonos la bienvenida a la capital malaya.

Impresionante vista desde la habitación.

Día 12 – Descubriendo KL.

Primer día en Kuala Lumpur y amanecimos con uno de los desayunos de hotel más completos y variados que recuerdo en toda mi trayectoria viajera. Y es que en general lo poco que habíamos visto de este hotel hasta el momento, estaba encajando a la perfección con el concepto de lujo asiático que veníamos buscando. El trato del personal era excepcional y tanto la ubicación como las instalaciones del hotel, parecían espectaculares y pese a no ser la opción más barata de la ciudad, no nos resultó nada caro para todo lo que ofrecía.

Saludo mañanero de la torres Petronas.

Después de un copioso desayuno, nos echamos a la calle para comenzar a explorar por nuestra cuenta esta gran ciudad. Kuala Lumpur, pese a ser una capital del sudeste de Asia, poco o nada tenía que ver con Bangkok. Tengamos en cuenta que la población es en su mayoría musulmana, por lo que las costumbres y el comportamiento de sus ciudadanos le dan un toque diferenciador, que se puede ver en la esencia de la ciudad y en la percepción que nos llevamos de ella.

A primera vista, no nos resultó tan atractiva como Bangkok, pues carece de esa gracia y amabilidad Thai tan característica. Podríamos definir el ambiente y carácter malayo como más serio y conservador, sin duda esculpido por el islam, muy presente en la identidad del país.

Nuestra primera parada fueron las Cuevas Batu, situadas en las afueras de la ciudad, pero accesibles en metro o transporte público. Este lugar es uno de los puntos más visitados de la ciudad y son un conjunto de cuevas con múltiples templos y mausoleos. La cueva principal, es uno de los elementos hinduistas más importantes de esta religión fuera de la India y se pueden visitar durante todo el año. Lo primero que se aprecia al llegar es una enorme estatua dorada de 42 metros de altura, que representa a Murugan, Dios de la guerra y de la victoria (hijo de Shiva y Parvati), además de esta enorme estatua, llaman mucho la atención los 272 escalones que nos conducen hasta el complejo de cuevas, hoy en día estos escalones están cromados en diferentes colores, dando una vista mucho mas espectacular de lo que era cuando las visitamos.

Entre el mercado y la entrada principal de las Batu Caves.

En la parte baja, antes de comenzar el ascenso, hay cientos de puestos y pequeños comercios que forman una suerte de mercado, donde podremos comprar souvenirs, comida o artesanía local a precios razonables. Otra curiosidad de este lugar, es que es el hogar de una numerosa colonia de monos que están siempre en guardia y atentos a cualquier despiste de los turistas para hacerse con tantos aperitivos o snacks como puedan. Mi consejo es que si sois los elegidos, no os resistáis, estos monos son muy agresivos y un mordisco os puede complicar el viaje.

Un simpático mono escogiendo bien a su siguiente víctima.

Vistas las imponentes cuevas y después de haber conocido esa parte tradicional y cultural de la ciudad, decidimos seguir explorando la cara más urbana de KL, situada relativamente cerca de nuestro hotel, Bukit Bintang.

Esta área esta repleta de tiendas, restaurantes y centros comerciales y es una de las zonas mas modernas y desarrolladas de la ciudad. Cuanto más íbamos conociendo la ciudad, con mayor criterio manteníamos la opinión de que efectivamente, todo nos resultaba más organizado y limpio que Bangkok, pero sin duda con mucho menos espíritu. Después de varias horas caminando, decidimos parar a comer en un centro comercial antes de volver al hotel a descansar unas horas.

Como ya era costumbre, había mirado la descripción del hotel y los servicios de los que disponíamos y pese a no hacer un día radiante, quisimos relajarnos en la piscina, disfrutando de un precioso skyline con las Petronas como protagonistas. En Kuala Lumpur y en general en ciudades cálidas con un skyline bonito, siempre recomiendo reservar un hotel con piscina en la azotea, porque realmente merece la pena y el precio no siempre tiene por que ser muy alto. Me consta que también hay hostales de mochileros con piscinas y rooftops dignas de un cinco estrellas.

Piscina del Grand Hyatt KL.

Tuvimos tiempo de sobra para relajarnos y cuando ya cubrimos nuestro cupo de relax, decidimos arreglarnos y salir a ver otro atardecer, esta vez en el Parque KLCC. Este es un parque de unas 20 hectáreas, construido a los pies de las Torres Petronas, sin duda los edificios más conocidos y emblemáticos de todo el continente asiático. El parque está muy bien cuidado y cuenta con numerosas fuentes y lagos, además de tener una vista privilegiada de estas torres gemelas asiáticas. Normalmente me gusta subir a edificios tan icónicos, pero en este caso, no tuvimos esa curiosidad, tal vez porque estas torres son tan atractivas y marcan tanto el skyline de la ciudad, que pensamos que verlo sin ellas nos podría resultar poco llamativo, por lo que decidimos apreciarlas desde el suelo y por supuesto desde nuestra habitación.

Torres Petronas poco antes de anochecer.

Una vez anocheció por completo, salimos en busca de algún lugar donde cenar y más adelante de un rooftop bar para tomarnos algo viendo el panorama nocturno desde las alturas.

Finalmente después de consultar con el todopoderoso google, dimos con uno llamado Sky Bar. Aquel lugar estaba situado en una zona residencial en la que esperabas encontrar de todo menos un bar panorámico. Llegamos a la recepción y nos pidieron nuestros datos para apuntarlos en una lista, tras bastantes gestiones algo absurdas que no comprendimos muy bien, nos llevaron en ascensor hasta un lugar realmente peculiar. Aquello no era una terraza, era una piscina deportiva climatizada, con sus calles y todo, donde habían improvisado un bar y desde donde apenas se podía ver el exterior, solo desde unas ventanas situadas en lo alto. Había sido una gran desilusión, pues esperábamos un lugar mucho más auténtico desde el que apreciar la ciudad desde las alturas, sintiendo el aire en la cara, pero nada más lejos de la realidad.

La mejor foto que pude hacer desde este lugar…

En cualquier caso, ya estábamos allí , así que nos tomamos nuestra cerveza y nos volvimos al hotel, aún nos quedaba la noche siguiente para seguir probando suerte.

Día 13 – Alrededores de Kuala Lumpur.

No había comentado nada, pero antes de venir a Malasia, me dieron el contacto de un lugareño que organizaba actividades y visitas en Kuala Lumpur y sus alrededores, así que después de negociar un buen precio con él, teníamos una visita reservada para este día.

Su nombre era Frahan Khalid y era un chaval de nuestra edad, que se estaba sacando un dinerillo introduciéndose en este mundo del turismo y la verdad, con nosotros se portó de lujo.

Nos vino a recoger a primera hora de la mañana y nos llevó hasta Putrajaya. Esta ciudad, situada a 25 kilómetros de la KL, sirve como capital administrativa del país y es aquí donde se encuentra la sede del gobierno desde 1995.

Mezquita Putra Masjid desde el lago.
Interior de la misma Mezquita.

La ciudad es realmente atractiva y moderna, toda ella gira en torno a un gran lago y además de los edificios gubernamentales, cuenta con múltiples mezquitas y diferentes estructuras de arquitectura mogol. Durante esta visita, tuvimos la oportunidad de entrar en la Gran Mezquita Putra o Putra Masjid, que puede albergar hasta 15.000 feligreses, sin duda una de las grandes mezquitas más modernas del mundo. Durante el transcurso de toda la excursión, Farhan , como musulmán practicante, nos explicó con detalle su forma de entender la religión y también tuvimos la oportunidad de exponer y conocer opiniones y percepciones que a ambos nos resultaron sorprendentes. Es muy enriquecedor escuchar puntos de vista de personas con una realidad y unos hábitos tan diferentes a los nuestros y mantengo la idea de que se puede aprender más en los minutos que pueda durar una conversación, que en años de colegio, universidad o lecturas impuestas.

Clara muestra de que vanguardia y tradición no son términos incompatibles.

Una vez finalizo la visita de Putrajaya y antes de proseguir la ruta hacia Malacca, fuimos a comer a casa de la tía de Farhan. Esta parada era algo que realmente nos apetecía, pues se trataba de una auténtica familia local y no las típicas paradas turísticas donde te llevan a ver culturas “locales” que acaban siendo auténticos circos y turistas de lo más hortera. Nosotros además de conocer una forma de vida probablemente muy distinta a la nuestra, podríamos probar algunos de los productos más cotidianos de su gastronomía.

En la casa estaban el tío y la tía de Farhan, su primo, la mujer de este y su hijo pequeño. Nos recibieron con una enorme sonrisa y aunque nos observaban mucho, pues no estaban acostumbrados a ver tanto occidental junto, nos trataron de maravilla.

Yo no soy muy fácil para el tema culinario y me suelo atrever poco o nada con alimentos que no me entren por los ojos, pero me estaban invitando y al menos tenía que probarlo todo. Y he de decir que la comida me gustó bastante, era todo picante pero muy sabroso.

La peor parte llegaría con el postre. Se trataba de un plato de cuchara compuesto a base de semillas de tapioca gelatinosas, flotando en un caldo blanco muy frío, cuya textura me costó mucho, pero por respeto me lo acabe comiendo. Para finalizar y como buenos malayos, abrieron su sagrado durian.

Una fruta del tamaño de un coco, recubierta de espinas, cuyo hedor le ha otorgado una notoriedad internacional sin par. En el momento en que le hincaron el cuchillo, el olor pronto se expandió por toda la casa, haciendo que nuestros estómagos se cerrasen de manera hermética durante horas, el único valiente fue Gonzalo, quien se alzó en ese momento con el titulo de héroe del día.

Posando con los hospitalarios anfitriones.

Para que os hagáis una idea del olor que desprende esta fruta, os diré que en países como Singapur, está terminantemente prohibido introducirla en los hoteles o incluso en el metro, a riesgo de ser severamente multado.

Dejando de lado el episodio con el durian, compartir mesa con la familia de Farhan, fue una experiencia única y que sin duda hizo que la visita tomase un carácter muy especial, pues como ya comentaba anteriormente, en un tour al uso o en una actividad con un turoperador, rara vez vas a vivir o conocer de una forma tan real y auténtica el modo de vida local y cotidiano de un país como este.

Tras despedirnos de la familia, continuamos ruta hacia Malacca, una ciudad pequeña pero llena de historia. Con el paso de los años, Malacca ha visto pasar por sus tierras y aguas a portugueses, holandeses e ingleses, que sin duda han dado forma a la esencia y riqueza que hoy conserva. El motivo del interés europeo en este lugar, no es otro que su perfecta y estratégica ubicación frente al estrecho de Malacca. Lugar de transito de casi todo el tráfico marítimo entre Europa y el lejano Oriente. Hoy en día también cuenta, como casi todo Malasia, con la convivencia de tres etnias principales, Chinos, Indios y Malayos, esto mezclado con todo el patrimonio y la estela cultural europea, hace que a día de hoy Malacca esté considerada ciudad patrimonio de la humanidad y sea de visita casi obligatoria para todo aquel que viene a Kuala Lumpur.

Tuvimos tiempo para caminar por toda la parte histórica de la ciudad y pudimos ver con nuestros propios ojos la riqueza y variedad de estilos que atesora. Rápidamente captó nuestra atención uno de los emblemas de la ciudad, que no es otro que la Catedral de Cristo, construida por los holandeses y que salta a la vista por su llamativo color granate. Durante el paseo y como buen portugués de adopción, iba buscando huellas del pasado portugués de la ciudad y aunque no fueron muchos, sí que me topé con alguna pastelería y sus famosos pastéis de nata y por supuesto, con la muralla portuguesa, situada a orillas del río Malacca. Pese a ello, la verdad, después de haber oído y leído tanto, esperaba encontrar muchas más reminiscencias lusas de las que al final pude ver.

Iglesia holandesa de Cristo en Malacca.
Con mi pastel de nata en la famosa Jonker Walk de Malacca.

La visita había llegado a su fin, y ahora nos tocaba la peor parte, pues la carretera de regreso estaba completamente congestionada y apenas avanzábamos. El trayecto se hizo muy pesado, creo que pudimos tardar cerca de cuatro horas hasta que finalmente conseguimos llegar al hotel.

La excursión había sido muy interesante y Farhan nos había dado la oportunidad de conocer la cara mas auténtica de su ciudad, por la cual sentía una gran devoción y eso sin duda se notó en el resultado final. Tristemente creo que ahora se dedica a otros menesteres, pero si queréis realizar una actividad similar de Malacca o Putrajaya desde KL, podéis hacer click en los enlaces.

No se si recordáis que teníamos una tarea pendiente de la noche anterior. Así es, teníamos que dar con el rooftop ideal para olvidarnos de la horrible experiencia de la noche pasada y despedirnos de esta ciudad en condiciones. Y Farhan, nos dio un tip genial, nos recomendó ir a un rooftop llamado Heli Lounge Bar. Nosotros confiamos ciegamente en él y para allá que nos fuimos.

Una vez arriba, entendimos lo de “Heli”, resulta que estábamos sobre un helipuerto diurno, que por la noche se convertía en un bar de copas, con la mejor vista posible de la ciudad.

Pésima foto, pero no he encontrado otra mejor para mostraros el Heli Lounge Bar.

El lugar realmente nos impactó, nunca antes me había tomado un vino en un helipuerto y sinceramente nunca pensé que lo haría. Las vistas eran una pasada y el mobiliario del lugar estaba realmente bien para ser de quita y pon, me consta que ese aspecto ha evolucionado mucho en los últimos años. Si veis fotos antiguas con un aspecto cutre, que no os asuste, pues antiguamente solo ponían unas sillas del Ikea con bastante gusto, pero ahora tiene un ambiente realmente moderno y hasta elegante. Sin duda hablamos conseguido olvidarnos del fiasco de la noche anterior y pudimos relajarnos y disfrutar de la panorámica nocturna para poner fin a una visita express a la capital de este interesante país, del que espero conocer más en el futuro.

Día 14 – Cambio de aires.

Nos despedimos de KL con un último homenaje en el fantástico desayuno y poníamos rumbo al aeropuerto para coger el vuelo a Singapur, una de las ciudades más caras y con mayor renta per cápita del planeta.

El vuelo, fue muy corto, creo que no superó la hora y fue puntual como ninguno.

A la llegada al aeropuerto de Changi, uno de los más desarrollados del mundo, podíamos sentir que habíamos llegado a un país muy especial. Muy atrás había quedado el caos tailandés, llegábamos a un país extremadamente ordenado, insultantemente limpio y de los más seguros del planeta. Aún sin salir del aeropuerto, podíamos ver casi cada 10 metros a un empleado de la limpieza pasando la mopa o abrillantando el mármol, si queríamos contrastes, en este viaje los estábamos teniendo a base de bien.

Cogimos un Uber y  tras un trayecto muy rápido, llegábamos a nuestro hotel, el emblemático Marina Bay Sands una atracción en sí dentro de esta ciudad. 

Eramos muy conscientes de que en este hotel no nos tratarían tan bien como en los anteriores, hablamos de un establecimiento descomunal, con la friolera de 2.561 habitaciones. Es fisicamente imposible atender a tanta gente y hacerles sentir especiales. Efectivamente nuestras sospechas se confirmaban, el check in se realiza en masa, casi como si de una pescadería se tratase , pero nosotros no nos ofendimos en absoluto. Nos alojábamos aquí única y exclusivamente para poder disfrutar de la piscina infinity más grande del planeta y por el hecho de alojarnos en todo un icono de la ciudad. Como ya os había comentado, el hecho de dividir el coste de la habitación entre los tres, hizo que no fuese tan absurdamente caro, si hubiese ido yo solo o en pareja, probablemente habría descartado esta opción, (pagamos 773€ por 2 noches entre los tres, unos 260€ cada uno). Pero una vez es una vez y nosotros, decidimos tirar la casa por la ventana.

Vistas desde la habitación en Marina Bay Sands.

La habitación que nos dieron, estaba realmente bien, pero aún así resultó bastante peor que la del Grand Hyatt de Kuala Lumpur. Sin duda se nota que estás pagando sobre todo el hecho de alojarte en un emblema del país y también, por supuesto, que se trata de uno de los países más caros de Asia. Aquí el lujo asiático y los precios de risa se habían terminado.

La vista desde nuestra habitación era espectacular, podíamos ver todo el area de  Marina Bay y el moderno skyline de la ciudad. Singapur es una ciudad eminentemente financiera por lo que los rascacielos de grandes firmas de bancos, dan forma a la que es la ciudad estado más próspera de todo el sudeste asiático.

Esta ciudad ha vivido grandes cambios en los últimos siglos. Los británicos, de la mano del estadista Thomas Stamford Raffles, construyeron un gran puerto comercial, que fue crucial en el desarrollo del comercio británico con India y China, haciendo que la ciudad creciese a pasos agigantados. Durante la Segunda Guerra Mundial, Singapur pasó a ser ocupada por el Imperio Japonés, quienes la abandonaron al acabar dicha guerra. Con este acontecimiento, Singapur volvió a formar parte de la colonia británica, quien poco a poco fue le concediendo niveles de autogobierno hasta tal punto que en 1963, decidió unirse a la Federación de Malasia. Unión que no duraría ni dos años, pues finalmente Singapur se declaró república independiente el 9 de agosto de 1965. Esta independencia se ha mantenido hasta nuestros días.

Como os podéis imaginar, estábamos como locos por dejar las maletas en la habitación y subir a la piscina, algo que no tardó mucho en suceder.

El control de acceso es al mas puro estilo Singapur, para poder acceder a la piscina, has de llevar la llave de la habitación y presentarla en una puerta automática, que solo se abre una vez haya validado el acceso, el control para entrar en esta piscina es muy estricto y de hecho, si ya has hecho check out tu entrada ya no estará permitida.

Turistada, pero experiencia interesante.

La piscina, no os negaré que es realmente impactante, pues hablamos de 1.438.456 litros de agua suspendidos en el aire, a una altura de 146 metros, ya solo con estos dos datos, es imposible que el resultado no sea como mínimo sorprendente. Pero igual que os digo una cosa, os digo la otra… y es que la limpieza, deja bastante que desear. Se pueden ver y sentir, plásticos flotando, tiritas y bastante suciedad en general, pero pese a ello, merece la pena sentir que estás nadando en las nubes y con unas vistas que quitan el hipo. Como no podía ser de otra forma, nos quedamos aquí esperando al atardecer para ver al sol esconderse tras la maraña de edificios.

Como estábamos cansados del viaje, esta noche decidimos dar un corto paseo por los alrededores del embalse de Marina Bay, una zona muy agradable para pasear. Curioseamos el interior del colosal edificio de nuestro hotel, que cuenta además con galerías comerciales y diferentes espacios de ocio, y cenamos en uno de sus restaurantes antes de regresar a nuestra habitación.

El edifcio Marina Bay Sands, destaca ante todos los elementos del paisaje.

Día 15 –  Explorando la ciudad de Raffles.

Tras haber dormido como bebes, salimos a explorar la ciudad a pie. Para ello, cogimos el metro y nos dirigimos a la zona de Tanjong Pagar, donde se encuentra el barrio chino o China Town. En el metro, a parte de estar extremadamente limpio, sorprenden los numerosos carteles con prohibiciones, cuyo desacato puede suponer grandes multas económicas. Entre ellas destaca la de transportar durians, o la de simplemente comer o beber, algo terminantemente prohibido.

Alguno de los carteles del metro anunciando las prohibiciones y su respectiva multa.

Una vez legamos a China Town, sentimos haber cambiado de país , el orden y el silencio de las zonas más elegantes de la ciudad, habían desaparecido, parecían habernos transportado a un pueblo de la provincia china de Yunnan, lo podíamos sentir en la actitud frenética de la gente, en la “suciedad” o el desorden de las calles y sobre todo en los olores, que invadían cada rincón de aquel lugar.

Tanjong Pagar.

Nos encantó poder cambiar tanto de escenario en cuestión de minutos, después de haber visto la cara más moderna de la ciudad, para nada esperábamos poder encontrar un barrio con tanto colorido y personalidad y sobre todo tan barato. En el Chinatown de Singapur, además de haber múltiples templos y santuarios budistas, podemos encontrar cientos de restaurantes de comida sichuanesa y cantonesa, de hecho, se dice que el restaurante con estrella Michelin más barato del mundo se encuentra aquí. Puedes comer y beber por 5 dólares. Este “restaurante” o puesto callejero, se llama “Hong Kong Soya Sauce Chicken Rice and Noodle” y pese a que hay siempre grandes colas, está bastante bien organizado y se pasa rápido.

Tras pasear largo y tendido por esta pintoresca zona, decidimos caminar hasta una de las calles comerciales más famosas de Singapur, Orchard Road. En esta calle volvíamos a la realidad de Singapur en cuanto a precios, de hecho en cuestión de 100 metros se concentraban algunas de las grandes boutiques de moda , Givenchy, Louis Vuitton, Hermes, Prada, etc… Evidentemente no pretendíamos comprar en ninguna de ellas, pero diré que los edificios eran bastante imponentes y al menos, como obras de arquitectura, eran dignos de ser admirados. Orchard Road se caracteriza por aglutinar los centros comerciales más ostentosos del país y parece que entre ellos luchan por ver quién puede llegar a ser el más llamativo y eso evidentemente para el paseante es como mínimo curioso. Entramos en varios de ellos solo para curiosear, pues nuestras carteras ya estaban temblando después de dos semanas a pleno rendimiento. De estas breves incursiones, nos resultó curioso el hecho de que estos centros comerciales estaban prácticamente vacíos, no se veía ningún movimiento en ellos, pero imaginamos que por poca venta que hiciesen , a esos precios, enseguida le sacarían rentabilidad.

No exagero cuando os digo que encuentras una boutique de moda cada dos pasos.

Durante esta ruta sin un rumbo definido, llegamos a una especie de callejón, donde inesperadamente nos encontramos un restaurante Hard Rock y como en aquella zona no había casi lugares para comer y estábamos hambrientos, decidimos comer aquí. Lo cierto es que nos pareció una ubicación un tanto discreta para lo que suele ser habitual en esta cadena, ya que estaba realmente escondido, en una zona de escaso transito de peatones. En cualquier caso, esto lejos de importarnos, nos vino como anillo al dedo, pues al estar casi vacío, nuestros platos llegaron enseguida.

Llenamos el buche y nos lanzamos de nuevo a la calle, en este caso para caminar en dirección a los Jardines Botánicos de Singapur, una auténtica selva en mitad de la ciudad.

Tengamos en cuenta que el hecho de ser Singapur una ciudad super desarrollada y moderna, no quita que nos encontremos una zona tropical, donde llueve contundentemente durante todo el año, esto hace que las plantas crezcan a gran velocidad y casi sin control. Las casi 64 hectáreas de estos jardines, son un claro ejemplo de esta exuberancia y de la fuerza de la naturaleza, pues además de la extensa variedad de especies, destaca la frondosidad de algunas de sus zonas. Dentro del jardín hay además una colección especial de orquídeas que conserva más de 3.000 tipos diferentes de esta hermosa flor, que por cierto es símbolo de la nación . Los jardines botánicos de Singapur, son un remanso de paz y tranquilidad tanto para turistas como para los 5,4 millones de habitantes que residen en esta ciudad estado.

De un jardín, cogimos un Uber y fuimos en dirección a otro, mucho más moderno pero probablemente más conocido que el primero. Hablamos de los famosos Gardens by the Bay, que curiosamente están situados justo debajo de nuestro hotel. Este parque fue construido en 101 hectáreas que fueron ganadas al mar y es sin duda, un claro ejemplo de turismo sostenible, pues se construyeron con la idea de integrar y hacer que ciudad y naturaleza coexistan en armonía, además de representar a la ciudad de Singapur como “La ciudad dentro de un jardín”. Los jardines se pueden visitar casi por completo de forma gratuita, a excepción de la subida a la pasarela que recorre los “Super trees” y que permite tener una visión del jardín desde las alturas. Nosotros no subimos porque llegamos demasiado tarde y ya estaba cerrada, pero sí pudimos disfrutar del resto del parque y de sus diferentes exposiciones, repartidas por toda la extensión.

La imagen que os explico a continuación…

Una de las fotos típicas de Singapur, es la imagen nocturna casi en primer plano de los super trees, que son estructuras de de acero de entre 25 y 50 metros recubiertas de plantas naturales, con el edificio de Marina Bay de fondo, que representa un enorme barco descansando sobre 3 columnas.

Aunque a mí personalmente me gustaron mucho más los Jardines Botánicos por su historia y su autenticidad, considero que estos jardines más modernos le han dado un toque muy especial a este área y a la ciudad en general y es sin duda una visita más que recomendable.

Estampa nocturna de Marina Bay.

Una vez terminamos la visita, fuimos a cenar, esta vez en un McDonalds, pues la economía ya no daba para más y acabamos la noche tomándonos una copa en el bar de la azotea de nuestro hotel, justo al lado de la piscina.

Día 16 –  Apurando Singapur bajo la lluvia.

Un día más nos saludaba y lo inaugurábamos haciendo nuestro check out en el Marina Bay Sands, como aquí no teníamos desayuno incluido, nos fuimos en busca de algo que llevarnos a la boca para afrontar un día que prometía ser agotador.

La lluvia se había instalado sobre la ciudad y parecía que había venido para quedarse, lo que sin duda dificultó un poco las visitas programadas. No obstante, nosotros continuamos firmes en nuestra decisión de explorar y aprovechar el tiempo que nos quedaba en esta original ciudad.

Paseamos por la zona financiera, donde realmente lo único que vimos fueron enormes e impolutos edificios, por lo que sea, ese panorama no nos invitó a quedarnos por mucho tiempo y rápidamente cambiamos de objetivo.

Durante toda la estancia, nos fijamos en que ya estaban preparando el Gran Premio de Formula 1 en la ciudad, pues para aquellos que no lo sepan, el circuito de Singapur, es al igual que el de Mónaco, El de Azerbaiyán y algún otro, un circuito urbano, que se desarrolla en las calles de la ciudad. Por lo que durante nuestros paseos, se pudimos ver la cartelería, algunas protecciones y las gradas ya dispuestas para albergar al publico asistente, algo muy curioso e interesante. Otra curiosidad que no conocía, es que este Gran Premio se celebra por la noche para que los espectadores de Europa lo puedan seguir en un horario diurno y no de madrugada.

Imagen del día anterior con la publicidad del circuito.

Continuamos nuestra marcha para visitar otra región bastante famosa en la ciudad, la zona de Clarke Quay, que podríamos definir como el núcleo de ocio y diversión nocturno de la ciudad, situado entorno al río Singapur y que normalmente está repleto de bares y restaurantes y mucho mucho ambiente. Nosotros lo vimos en su peor versión, a la una del medio día, vacío y con lluvia, pero al menos lo ubicamos en el mapa para una próxima visita.

El atípicamente desértico Clarke Quay.

La lluvia se intensificaba cada vez más y con ella disminuía nuestra euforia y aumentaba nuestra crispación, hechos que acabaron en un quórum donde decidimos dejar de mojarnos y regresar al hotel. Una vez llegamos, subimos hacia la zona de spa, de la que aún podamos hacer uso. Llegados a este punto y sentados un caliente jacuzzi, con vistas a la ciudad, comenzaríamos a mentalizarnos para el viaje que nos esperaba, pues esa misma noche volábamos con destino Doha y la pasaríamos en un avión.

Una de las ultimas fotos antes de despedirnos de esta ciudad.

Ya secos y con el cuerpo y la mente mucho más despejados, pusimos rumbo al aeropuerto de Changi, donde esperamos más de seis horas danzando, hasta que finalmente pudimos facturar y más tarde embarcar hacia nuestro siguiente y último destino, Doha, capital de Catar.

Vuelo nocturno a Doha.

Día 17 – Stopover en el Golfo.

Teníamos un cansancio acumulado en el cuerpo que no era normal, así que nada más llegar cogimos un taxi e hicimos el check in en el hotel Intercontinental Doha, situado en la zona The Pearl, lejos del centro pero con unas preciosas vistas de la ciudad.

Doha desde los cielos

Podríamos haber hecho esta escala sin parar a dormir en Doha, pero consideramos que era un país que si no lo hacíamos de esta forma, tal vez nunca visitaríamos. Por lo que nos pareció una buena idea dedicarle 24 horas y así también descansar del viaje desde Singapur, para llegar a casa mucho más frescos.

He de decir, que a la llegada a nuestro hotel, se portaron de lujo ya que llegamos sobre las 8 de la mañana y aunque el check in no era hasta las 14.00 nos dieron rápidamente la habitación, un trato excepcional propio de una cadena como Intercontinental.

Complejo Intercontinental Doha.

Una vez nos instalamos, nos fuimos directos a la zona de piscina y playa, ambas situadas a escasos metros una de otra. El calor catarí en agosto, es infernal, hablamos de 40 grados a la sombra, con unos indices de humedad que rozan el 100%, pero nada que un baño en la piscina cada 3 minutos no pueda solucionar.

Playa privada del hotel con el Skyline de Doha de fondo.

En relación a las playas artificiales del golfo pérsico, sin querer aguar la fiesta a nadie, os diré que realmente no aportan casi nada. Bañarse en un agua que esta casi a mayor temperatura que la que existe en el ambiente, es muy poco placentero, menos aún si tenemos en cuenta que la arena es bastante gruesa y que los sedimentos de las obras aledañas (que suelen ser durante todo el año) hacen que no resulte especialmente limpia. Mi consejo, si pensamos en términos prácticos, es reservar un hotel con una buena piscina, a no ser que ver el mar os resulte imprescindible, en ese caso aunque sea solo para verlo, tenéis mi beneplácito, pero me daréis la razón en que la playa acaba siendo un elemento meramente ornamental.

Lo cierto es que nos relajamos bastante, cogimos algo de color y pudimos descansar mucho durante toda la mañana. Cuando empezamos a tener algo de hambre, comimos en un restaurante del propio hotel y más tarde, cuando el calor fue amainando un poco, salimos a descubrir lo poco que tiene para ofrecer esta ciudad.

Nos desplazamos en taxi hacia la zona conocida como Souk Wakhif, que es un enorme zoco que con su estilo pretende emular a los antiguos bazares tradicionales de la región. Es un lugar bastante agradable para hacer algunas compras o relajarse en alguna tetería. Además, muy cerquita se encuentra el Museo de Arte Islámico, uno de los monumentos más visitados de la ciudad.

Recreaciones de lo que un día fue Doha.

Después de pasear por el zoco, nos fuimos a un pequeño embarcadero para ver la puesta de sol sobre el moderno skyline de Doha. De la misma manera que pienso que la ciudad es bastante básica y que no ofrece suficiente como para dedicarle más de un día, también os puedo garantizar, como buen amante de los atardeceres que soy, que no hay un cielo tan intenso como el de los países desérticos de oriente medio. El rojo intenso del cielo se integraba casi a la perfección con el mar, regalándonos el último gran paisaje de este viaje.

Pronto nos fuimos de regreso al hotel para pasar la última noche, antes de volar de regreso a casa. Nuestra aventura había llegado a su fin.

Conclusiones sobre el viaje.

Muy probablemente, si este no ha sido el viaje más variado y completo que he hecho en mi vida, poco le ha faltado. Hablamos de cerca de once vuelos en total, cuatro países, siete hoteles, y dos semanas plagadas de aventuras y descubrimientos que nos hicieron sentir los hombres más afortunados del planeta.

Pudimos aprender mucho sobre la cultura tan apasionante que atesoran los países asiáticos, de la misma forma que nos dimos cuenta de que el turismo de masas ha pervertido y sigue pervirtiendo lugares y comunidades realmente extraordinarias, lo cual inevitablemente nos llena de profunda tristeza. El hecho de estar hablando en un solo párrafo de felicidad y de tristeza, es el mejor ejemplo de contraste, una palabra que sin duda define nuestra aventura.

Hemos pasado del caos más absoluto de Bangkok, a las tranquilas y desiertas playas del Mar de Andaman. Hemos pasado del ocio nocturno sin filtros en Bangla Road a despertarnos escuchando la llamada a la oración en Kuala Lumpur y en cuestión de 24 horas hemos visitado Singapur y Catar, dos de los tres países con mayor renta per capita del planeta.

Este viaje nos ha dado la oportunidad de conocer más en profundidad las culturas locales y nos ha permitido entenderlas mucho mejor. Sin miedo a equivocarme, puedo afirmar que estas vacaciones han tenido todo cuanto buscábamos.

En otras ocasiones os he hablado de esa mágica sensación de finalizar un viaje con la satisfacción de haber cubierto todas las expectativas , la sensación de llegar al uúltimo minuto de la aventura, echar la vista atrás y darse cuenta de que todo ha salido a la perfección. Bien pues en este caso, teniendo en cuenta todo lo que podía salir mal, me siento doblemente orgulloso de deciros que salió a las mil maravillas.

No puedo despedir este post sin darles las gracias a mis dos camaradas, Gonzalo y Alejandro, pues muchas veces el éxito o el fracaso de un viaje se mide mejor por las personas que forman parte de él que por el destino en cuestión y en este caso, solo os puedo decir que ni Tailandia ni Malasia ni Singapur ni Catar habrían sido ni la mitad de especiales sin estos dos individuos.

Quiero mandar un saludo especial para Khun Sudor y Khun Lector, ellos bien saben quienes son.

Quiero recordar que estas experiencias, estos relatos y pequeños consejos que os doy, están basados en mi percepción completamente subjetiva de las cosas y en como las he vivido o sentido en cada momento. No pretenden convencer ni sentar cátedra, y pido disculpas si alguna vez lo ha parecido, no hay nada que me enfureciese más. Únicamente pretendo compartir lo que he experimentado durante mis viajes y si de ello alguien, aunque sea solo una persona, saca conclusiones o datos que puedan servir de ayuda, me daré por satisfecho y ese post ya habrá merecido la pena.

Si es así o no, házmelo saber, dímelo, comparte. Todo apoyo o feedback, sea del tipo que sea es siempre bienvenido, no hay nada que me dé más fuerza que eso para seguir Rompiendo el Mapa.

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