Estados Unidos – Costa Este – Nueva York y alrededores – Abril 2017.

Seis meses después de mi periplo Irlandés, me decidí a hacer un viaje especial a Nueva York.

Era la tercera vez que visitaba esta ciudad, lo había hecho antes en 2006 y en 2010, pero esta será la primera que comparta con todos vosotros en detalle.

Transcurría mi segundo año en Lisboa, y acababa de mudarme de casa para vivir con Gonzalo, un amigo que en realidad es como un hermano para mí.

Gonzalo y yo estudiamos la carrera de turismo juntos y , por casualidades de la vida, tras acabar nuestros estudios, ambos acabamos viviendo en la capital portuguesa, donde fuimos inseparables e imprescindibles el uno para el otro. Espero más adelante escribir una entrada sobre esos años en Lisboa y sobre cómo es vivir en el país vecino. En cualquier caso, a Gonzalo a partir de ahora, lo veréis bastante en mi blog, pues hemos compartido unas cuantas aventuras, esta sería solo la primera de tantas.

Tras casi 7 años siendo uña y carne, aún no habíamos hecho ningún viaje juntos en condiciones y algo que empezó como una medio broma, fue cogiendo cada vez más fuerza. Además coincidió con que otro muy buen amigo de la infancia , Ángel, acababa de mudarse a la Gran Manzana por trabajo y nos dijo que cuando quisiésemos, teníamos casa en Nueva York, y yo esas cosas, me las tomo al pie de la letra (lo iréis viendo poco a poco). Así que tras revisar nuestra disponibilidad y confirmar vacaciones, pusimos el plan en marcha y ejecutamos.

No se si leísteis la entrada de Autor y Trayectoria Viajera, aquí menciono la promesa que le hice a Nueva York, pues en mi última visita en 2010, le prometí que volvería, y justo 7 años después le demostraba que soy un hombre de palabra, la ciudad de mis sueños me esperaba de nuevo.

Los preparativos previos, a diferencia de otros viajes más elaborados, fueron muy sencillos.

Únicamente compramos los vuelos con Air Europa (vía Madrid) y reservamos una noche de hotel , ya que mi amigo Ángel llegaría un día después de nosotros.

En relación a las visitas, únicamente compramos las entradas para ver un partido de la NBA.

Ambos conocíamos bien la ciudad y sabíamos como manejarnos. Y aunque teníamos claro que queríamos visitar Washington y Philadelphia, lo dejaríamos un poco a la improvisación. Este es el esquema/resumen de lo que llevamos cerrado desde casa.

  • Billetes de Ida y vuelta (Lisboa – Madrid – Nueva York – Madrid – Lisboa) con Air Europa.
  • Hotel Hilton Times Square  (1 noche)
  • Entrada NBA (Knicks – Wizards)
  • Renovación de ESTA on Line

Como podéis ver, Nueva York es una ciudad, en la que no es necesario llevar muchas cosas contratadas, a no ser que lo prefiráis, pues absolutamente todo lo que se os antoje lo podréis gestionar en destino. No obstante, hay algunos servicios que, por tranquilidad, merece la pena llevar cerrados, como por ejemplo:

  • Paseo en helicóptero.
  • Billetes de Teatro o Musicales
  • Entradas para eventos deportivos (NFL,NHL, NBA, MLB)
  • Excursiones Panorámicas (Contrastes de NYC, Alto y Bajo Manhattan, etc…)
  • Traslados en Limusina
  • Excursión Organizada a cataratas del Niagara

En cualquier caso, como muy bien dice la canción Dre Jay Z y Alicia Keys, llamada Empire State of Mind:  “New York, Concrete Jungle where dreams are made true, there’s nothing you can´t do…”  “Nueva York, Jungla de hormigón donde los sueños se hacen realidad y no hay nada que no puedas hacer…” Todo lo que se te ocurra es posible en esta ciudad, y nosotros lo íbamos a comprobar una vez más.

Día 1 – Llegada e instalación.

Después de un largo y cansado viaje, llegamos al Aeropuerto de JFK, situado en el distrito de Queens. Como tampoco teníamos prisa, decidimos ir en transporte publico a nuestro hotel, situado en pleno centro, en Times Square. (Cogimos el Airtrain y la linea “E” hasta la estación 42 St Port Authority, en total una hora y 15 minutos).

Al poco de entrar en el vagón, pudimos asistir en vivo a un espectáculo muy neoyorquino, tres jóvenes pusieron su música hip-hop y empezaron a bailar por todo el vagón, haciendo uso de las barandillas, los asideros y todos los elementos que había a su alcance, la verdad es que eran realmente talentosos y nos encantó. Sin duda fue la mejor bienvenida posible a la ciudad del espectáculo por excelencia. Click aquí si quieres ver el espectáculo.

AQUÍ OS DEJO EL ESPECTACULO.

Una vez llegamos a nuestra parada, subimos a la superficie, y de pronto, nos encontramos inmersos de en el corazón de la ciudad que no para por ni para nadie,  ya éramos parte de ella y lo seríamos durante más de una semana. A unos 100 metros como mucho de la boca de metro, pudimos distinguir en el cielo de neones, la insignia de la cadena hotelera Hilton, ese hotel en medio de todo este caos, sería nuestra casa durante solo una noche, pero queríamos disfrutarlo y estábamos ansiosos por instalarnos para salir a aprovechar las últimas horas antes de que nuestras pilas se agotasen.

Hilton Times Square.

Antes de contaros esta primera experiencia en el hotel, os explicaré algo acerca de la hotelería en Nueva York y las tarifas de los hoteles, que os puede resultar útil.

Tras haber hablado con mi amigo Ángel, sabíamos que él no estaría esta primera noche, pero como queríamos aprovechar al máximo nuestros días de vacaciones, que comenzaban justo este día, optamos por reservar un hotel entre los dos y quedarnos el resto de días en casa de Ángel. Los hoteles en Nueva York , son absurdamente caros y el hecho de que sean caros, no siempre se traduce en calidad y buen servicio. Por ello, estuve mirando varios y reservé en unos cuantos que me ofrecían buenas tarifas con mi descuento de agente de viajes, antes de dar con el que finalmente fue nuestro hotel.

Reservé algunos muy malos y baratos, pero que para una noche serían suficiente, no obstante a medida que iba encontrando opciones mejores, los iba cancelando sin coste. Este proceso duró varias semanas hasta que finalmente, me encontré con qué estaba realmente cerca de la fecha del viaje. Faltaban dos días y ya tenía el hotel que parecía ser el definitivo, pero de casualidad, se me ocurrió meterme en booking.com y empecé a ver que todos los hoteles eran mejores que el mío y todos ellos mas baratos, vi el Hilton, que gozaba de una ubicación perfecta y la tarifa era 10€ mas barata que el que tenía reservado que por cierto, era bastante mediocre y con baño compartido… parece una broma, pero reservé el Hilton Times Square por la friolera de 85€ (adjunto documento gráfico).

Con todo esto, únicamente os quiero decir, que si tenéis reservas hechas con posibilidad de cancelación, echéis un vistazo durante los días previos al viaje para revisar las tarifas, pues los precios pueden haber bajado bastante, como me sucedió a mí. Esto sobre todo funciona si no tenéis estancias muy largas, pues sí hablamos de una estancia de siete noches, es más difícil que el precio de cada noche sea inferior al reservado, mientras que siendo una o dos noches, las probabilidades aumentan. Esto no es ninguna ciencia y no siempre funciona así, pues el mundo de las tarifas de hoteles con la llegada de las agencias de viajes y centrales de reservas online, ha sufrido muchos cambios, pero por intentarlo no perdemos nada.

Una vez en la recepción del hotel, nos atendió una joven, podía deducirse con claridad, por sus aspavientos y la forma de hablar, que no estaba teniendo su mejor día. Le indicamos que teníamos una reserva y nos pidió el pasaporte. Tras mucho verificar, nos dice que no hay ninguna reserva, que está cancelada por error en el pago y que no hay disponibilidad en el hotel. En ese momento, tanto Gonzalo como yo, de muy buenas maneras, sacamos nuestra vena turística y algunas de nuestras dotes comerciales y le comentamos que trabajamos en el sector, que conocemos cómo funciona y que no nos íbamos a dormir a la calle, pues nosotros teníamos una reserva confirmada por escrito y no nos moveríamos de allí sin una solución.

A regañadientes, la recepcionista, llamó al responsable, Óscar, un joven hondureño. El hecho de ser hispanohablante, seguro iba a facilitarnos mucho las cosas. Tras una tranquila y amistosa conversación, le dijimos que trabajamos en importantes agencias de viajes y le entregamos nuestras tarjetas de visita, es algo que casi siempre suele funcionar. Óscar, muy amablemente, nos dijo que iba a solucionar el problema y que lamentaba profundamente el inconveniente, finalmente nos tramitó una reserva nueva al mismo precio, pero nos hizo un upgrade, ya que nos adjudicó una habitación con vistas. Su trato fue excepcional, y probablemente si ese día Oscar no hubiese estado de servicio, no habríamos solucionado las cosas de una forma tan favorable.

Algo imprescindible en los viajes, es ser empático con todo aquel que se nos cruce en el camino, la gente que trabaja de cara al público (yo me incluyo) está expuesta por lo general a bastante presión y tiene que lidiar con cientos de personalidades y temperamentos cada día. Seamos comprensivos, agradables y educados siempre, es la única manera de que las cosas nos salgan bien. Tengo comprobado que si somos bruscos, agresivos o irrespetuosos, los viajes no se disfrutan ni la mitad. Como ya he dicho en otras ocasiones, el que viaja, se expone a que algo pueda salir mal durante la aventura, pero el mundo no se acaba y siempre hay alguna solución, porque el viaje perfecto sin problemas ni incidencias, no existe y si antes de salir pretendes que lo sea, te diré…. con todo el respeto del mundo, que es mejor que te quedes en casa.

Tras nuestra primera aventura del viaje y sobre todo, tras haber salido victoriosos de la contienda, llegamos a nuestra habitación y lo primero que nos sorprendió fue una intensa luz azul que venía de la ventana. Ahí estaba el, el Imponente Empire State Building con sus 380 metros de altura, dándonos la bienvenida, incluso tumbados en la cama podíamos ver su figura y por supuesto el precioso Skyline de Nueva York del que formaríamos parte durante esa noche.

Después de la euforia y de tantas emociones, nos echamos a la calle para dar un paseo antes de descansar para el día siguiente.

Únicamente dimos un paseo por Times Square, recorrimos Broadway, y curioseamos un par de tiendas, al cabo de unas dos horas regresamos a pie al hotel y nos despedimos de un día corto en Nueva York, pero intenso como pocos.

Paseando en pleno Times Square.

Día 2 – Bajo Manhattan.

De buena mañana, decidimos darnos un homenaje y desayunar como auténticos neoyorquinos de adopción, nos metimos en un Deli, donde había prácticamente de todo y tras cargar energías, nos fuimos en metro hacia la zona de Brooklyn Heights, para después cruzar el famoso Puente De Brooklyn y visitar todo el Downtown.

El motivo de llegar hasta Brooklyn, era poder pasear por el relativamente reciente Brooklyn Bridge Park, probablemente el parque con las mejores vistas de Manhattan y su Skyline. El parque recorre las orillas del East River y además de ofrecer un agradable paseo, cuenta con multitud de parques polideportivos, áreas verdes, centros náuticos y también eventos en los meses de verano.

Yo no lo había visitado en ninguno de mis viajes anteriores y la verdad, es que me quedé prendado, creo que es una visita obligatoria, porque además de ser un paseo super agradable y de tener unas vistas increíbles de la ciudad, está situado frente a algunos de los edificios más bonitos de todo Brooklyn y que de hecho, en estos momentos pueden superar en coste a algunas viviendas de Manhattan. Aprovechamos que hacía un día espléndido, para tomar algunas fotos y tras haber recorrido el parque casi en su totalidad, regresamos a la zona donde comenzaba el puente para atravesarlo en dirección de regreso a Manhattan.

El archiconocido Puente de Brooklyn, es probablemente junto al Golden Gate que ya vimos en entradas anteriores, uno de los puentes más famosos no solo del país, si no del planeta. Este puente, construido entre los años 1870 y 1883, llegó a ser el puente colgante más grande del mundo, con 1825 metros de largo. Esta impresionante obra neogótica, construida en piedra caliza, granito y cemento, es también uno de los emblemas principales de la ciudad junto con el Empire State o la Estatua de la Libertad. Atravesarlo es toda una experiencia, ya que a parte de unir dos de los distritos principales de la ciudad, permite observar su magnificencia y cómo la jungla de asfalto, hormigón y acero se mezcla en perfecta armonía con los ríos y el Océano Atlántico.

Cruzando hacia Manhattan por el Brooklyn Bridge.

No tardamos mucho en recorrerlo por completo y poner rumbo hacia nuestro siguiente objetivo, el Museo memorial del 11 de Septiembre. Al igual que el parque Brooklyn Bridge, pese a haber visitado Nueva York en 2006 y 2010, tampoco había ido nunca a este museo y la verdad me apetecía mucho visitarlo. Como os comentaba en la entrada Autor y trayectoria viajera, el 11 de Septiembre de 2001, al igual que la de muchas personas, mi vida cambió, tal vez no tanto mi vida, pero sí mi manera de verla y de entender el Mundo en el que vivimos. Aquellas imágenes trastocaron mucho la mente de un niño de entonces 10 años, que no conocía lo que era la guerra o el sufrimiento y tampoco era consciente de lo lejos que puede llegar la maldad y la inclemencia del ser humano. A raíz de los atentados, de los que no hace falta que explique nada, pues creo que todo el mundo sabe bien lo que sucedió, aquel niño, comenzó a hacer preguntas a todos los adultos que veía ya fuese en el colegio, en reuniones familiares o incluso en la calle. Preguntas cómo ¿Crees que habrá una tercera Guerra Mundial? ¿Crees que sí hay una tercera Guerra Mundial España participará? ¿Es posible que haya atentados así en España? Tal vez preguntas que un niño de 10 años no debería hacer, ni hacerse a si mismo. Recuerdo esos tiempos con cierta angustia, cada vez que escuchaba un estruendo o un avión volando más bajo de la cuenta, entraba en pánico, miraba a mi alrededor para ver si había edificios altos que pudiesen ser objetivos potenciales de los terroristas. Aún guardo en la memoria como ese mismo mes de octubre de 2001, con motivo del desfile militar del día 12, sobrevolaron mi colegio una serie de aviones militares provocando un estruendo ensordecedor, se me encogió el corazón, me quedé pálido y llegué a pensar que estábamos en guerra, mi mundo había sufrido un cambio drástico, que a día de hoy sigue ligeramente presente en mi personalidad.

Esta introducción básicamente está enfocada en la visita que haríamos a continuación, tenía curiosidad por ver aquel museo, pues tristemente, ya forma parte de la historia y es una historia que yo he vivido en mis propias carnes.

La visita, fue realmente emotiva, los testimonios gráficos, los restos de material de oficina que voló por los aires, camiones de bomberos completamente siniestrados, uniformes de policía ajados y sucios, todo ello te acerca de alguna forma a la tragedia y al día que el mundo cambió para siempre.

Imágenes del interior del museo.

Es una visita obligada y muy recomendable, además en la parte exterior, hay dos enormes fuentes, una por cada torre, situadas exactamente en el punto donde se erigían ambas, también conservan la misma forma cuadrada y en ellas están grabados los nombres de las más de 3000 personas que perdieron la vida esa fatídica mañana. Aproximarse a ellas y mirar hacia abajo escuchando el agua caer, hace que se te pongan los bellos de punta y el sentimiento de tristeza y desazón es realmente intenso y difícil de describir con palabras.

Ver todo el museo, lleva su tiempo, pero realmente es una visita, que por desagradable que pueda parecer, merece la pena, igual que sucedía en Berlín con el Campo de Concentración de Sachsenhausen.

Una vez concluida la dura visita, decidimos ir de “compras” a un clásico del DownTown, los famosos Grandes Almacenes Outlet Century 21, varios pisos repletos de ropa de las mejores marcas nacionales, donde rebuscando, se pueden conseguir auténticas gangas. Desde camisas de Tommy Hilfiger a 20$, hasta zapatillas de running Under Armour por 30$, la verdad es que con paciencia, merece la pena echar un rato aquí. Seguramente, si viajáis a Nueva York, más de un familiar o amigo os pedirá que le compréis los típicos Levi’s, una cartera de Guess o una camisa de POLO, bien, pues este es el lugar (Si no queréis salir de Manhattan).

Cuando ya dimos por cubierto el cupo de compras, nos acercamos a pie a Wall Street , para ver el Edificio de la Bolsa (Stock Exchange) por fuera y hacer la turistada de tocarle los testículos al famoso Toro de Wall Street (Charging Bull), para tener suerte financiera. De momento, no se me ha cumplido, pero siempre me he caracterizado por tener bastante paciencia, así que esperaré a que me llegue. 

Hay que creer…

Tras las visitas de la parte baja de Manhattan, decidimos hacer lo que más nos gusta, caminar, pues así es cómo mejor se conocen la ciudades y mientras la seguridad y el tiempo lo permitan, siempre me decantaré por este infalible medio de transporte. Subimos en dirección a la estación de autobuses de Port Authority (Cerca de una hora y media andando) y compramos los billetes para viajar a Washington D.C al día siguiente. Fue con la empresa Greyhound Lines y nos costaron 82$ el billete de ida y vuelta a cada uno, lo que para ser en Estados Unidos y cerca de 4 horas y media cada trayecto, no nos pareció del todo mal. Después de comprar lo billetes, quedamos con Ángel y llegamos a su casa, un genial apartamento todo equipado y situado también en pleno Times Square, uno de mis sueños de la infancia, que aún no he acabado de descartar. Nos instalamos, descansamos un rato, y nos fuimos a cenar a la hamburguesería Five Napkin, un lugar bastante recomendable, pero que como en todos los restaurantes de comida americana, las raciones exceden un poco el tamaño al que nuestros humildes estómagos están acostumbrados. Después de la cena, regresamos como pudimos a casa y descansamos para el madrugón que nos esperaba el día siguiente.

Día 3  – Washington D.C

Tal y como habíamos programado, a las 6 a.m, ya estábamos en la calle, y caminando en dirección a la terminal de autobuses de Port Authority. Fue curioso, porque a esa hora, la caótica Times Square, estaba prácticamente vacía y la sensación de ver todos los carteles luminosos pero no escuchar nada, fue bastante impactante, nunca antes lo había vivido.

Llama especialmente la atención el denso vapor de agua que salía de las alcantarillas como si de una central nuclear se tratase, igual que en las películas. 

Nuestro autobús salía a las 6.40 a.m, así que nos compramos un café para llevar y embarcamos con destino Washington D.C, la capital del País.

Esta escapada, se puede plantear de varias formas, la más rápida es en avión, durmiendo una noche o haciendo ida y vuelta el mismo día, pero también es la opción más cara.

Otra alternativa es ir en tren, en términos de tiempo se tarda más o menos lo mismo, pero es más cómodo aunque también algo más costoso. Nosotros ya conocíamos Nueva York, por eso decidimos dedicar un día completo para visitar Washington, y aunque empleamos casi 9 horas de viaje en total, contábamos con ello, y no nos importaba.

Nada más llegar a Washington, llamaba la atención su estación (Union Station), bastante elegante y de aspecto monumental.

Imagen de la salida de Union Station.

Caminando unos metros, al salir del edificio, se podía avistar el inconfundible Capitolio, el primer edificio del recito que visitaríamos, llamado The National Mall.

Capitolio Nacional.

En una visita a Washington normalmente se emplea un 80% en visitar el recinto que os acabo de mencionar. Y no, no es ningún centro comercial, es un área al aire libre (también considerada Parque Nacional), donde se encuentran algunos de los edificios más importantes de la historia de los Estados Unidos.

Fuente The Washington Post.

Cuenta con una veintena de ellos, como por ejemplo, el Museo Smithsonian, El Monumento a Abraham Lincoln, Museo Nacional de Historia, Monumento a Washington o el mismo Capitolio. Lo mejor de todo es que es gratuito, además gracias a los incesantes cuidados, conserva un intenso verde casi durante todo el año y aunque no es un complejo de gigantescas dimensiones, se puede tardar mucho tiempo en visitarlo, si queremos hacerlo con detenimiento.

Posando frente a la imponente estatua de Sir Abraham Lincoln.

La ventaja de llegar a Washington en autobús, es que la estación, se encuentra justo enfrente al National Mall, mientras que sí vamos en avión, perderemos un tiempo precioso en el desplazamiento y esto a final de cuentas acaba siendo menos práctico.

De toda la visita, nos sorprendieron muchas cosas, pero a mi personalmente la estatua de Abraham Lincoln, que tanto había visto en televisión y en libros de historia, me impactó especialmente. También lo hizo el enorme Obelisco, monumento erigido en honor a George Washington, una de las figuras históricas más respetadas y admiradas del país, llamado también el Padre de la Patria, cuya capital de hecho, lleva su nombre.

A los pies del Monumento a Washington.

Anduvimos durante horas, visitamos todo cuanto pudimos y llegamos hasta uno de los cementerios más emblemáticos del país y probablemente el que cuenta con más apariciones televisivas, no es otro que el Cementerio de Arlington. Este cementerio militar se encuentra cruzando el Río Potomac, a unos 2 kilómetros del National Mall. En este cementerio, están enterrados veteranos de todas las guerras, desde la de Independencia hasta las de Irak o Afganistán y con más de 300.000 tumbas, y una extension superior a los 2.500 kilómetros cuadrados, está considerado el cementerio más grande del mundo.

Llevábamos muchas horas caminando y evidentemente no lo recorrimos todo, pero si pudimos adentrarnos los suficiente como para hacernos una idea de sus dimensiones, también pudimos visitar las que probablemente sean las tumbas mas célebres de todo el complejo, la de John Fitzgerald Kennedy y su esposa Jacqueline Kennedy Onassis. Es una visita casi obligatoria para todo aquel que se desplace hasta la capital, ya que realmente es muy sencilla de organizar y no requiere casi de ninguna planificación.

Vistos el National Mall y el Cementerio, cogimos la línea “M” del metro, justo en este último punto, hasta la estación de McPherson Square, para visitar la Casa Blanca (por fuera) antes de despedirnos de esta ciudad. No podíamos visitar Washington D.C y no tomarnos una foto con la fachada de la Casa Blanca, ya por aquel entonces Hogar del polémico presidente Donald Trump.

Hice buenas fotos del lugar, sobre todo desde el parquecito de Lafayette Square, que ofrece una excelente perspectiva de la fachada del edificio e incluso sobresale por detrás el monumento a Washington. En primavera, como era el caso, el parque esta repleto de flores y la foto queda muy bonita, por si os gusta la fotografía.

Fotografía tomada desde Lafayette Square

La visita ya había dado todo lo que podía dar, al igual que nuestras piernas, por lo que nos dirigimos de regreso a la estación y dimos por concluida la escapada, con muy buenas sensaciones. Washington es una ciudad que merece la pena visitar desde Nueva York o desde alguna otra ciudad del este que tenga buena conexión de transporte, pero solamente si ya conocéis Nueva York, si no, y desde mi humilde opinión, no quitaría días de visita en Nueva York para dárselos a Washington.

Tras un día agotador y 4 horas de regreso en autobús, llegamos a casa y caímos fulminados en la cama. Al día siguiente, seguiríamos explorando la Gran Manzana.

Día 4 – Recorriendo el Midtown.

Nuestro amigo Ángel, trabajaba todos los días, por lo que durante el día no estaba con nosotros, pero por las noches, nos juntábamos los tres y hoy con más motivo, ya que era mi cumpleaños, nada más y nada menos que 26 primaveras (quien los pillara).

Pero antes de todo eso, Gonzalo y yo salimos a celebrarlo con un buen desayuno, antes de comenzar la ruta diaria. Caminamos por toda la Séptima Avenida hasta la calle 57, justo enfrente de la sala de conciertos Carnegie Hall y muy cerca de Central Park. Una vez aquí, entramos en una cafetería y nos pedimos un buen desayuno americano, con sus tortitas, huevos revueltos, bacon y un enorme café con leche. Gastamos casi más en ese desayuno, que en cualquier otra comida del viaje, pero no cumple uno 26 años todos los días y mucho menos en Nueva York, el gasto estaba más que justificado. Después del festín y del mandoble que le acabábamos de pegar a nuestras carteras, entramos en el pulmón de la ciudad, Central Park, uno de los parques más conocidos y visitados del planeta. Y es que Nueva York tiene eso, aunque sea tu primera vez, siempre vas a ver cosas por la calle que te resulten inmensamente familiares y te parecerá que las has visto varias veces, como sucede con este icónico parque. Central Park, forma un rectángulo perfecto y supone un punto de referencia esencial, pues delimita en cierto modo diferentes barrios y zonas de la ciudad. Cuenta con varios lagos, áreas de descanso, zonas deportivas y hasta con un jardín zoológico.

Es un parque lleno de vida y sea la época del año que sea en que lo visites, te va a brindar excelentes estampas para tus fotos. Yo no me canso de visitarlo y espero regresar pronto, porque Central Park es un lugar muy especial, ofrece al visitante una desconexión inmediata de casi todo lo que pueda suceder fuera de allí, en una ciudad salvaje y despiadada como es Nueva York. Muchos de los habitantes de la ciudad, utilizan este parque como desconexión y desintoxicación de los problemas del día a día y afirman encontrar en él una vía de escape necesaria. Nosotros, no teníamos esos problemas, pues al fin y al cabo estábamos de vacaciones y aunque no necesitásemos una desintoxicación mental en ese momento, también podemos confirmar que se trata de un lugar revitalizante cuanto menos.

Estatua de Balto.

Intentamos recorrerlo al máximo pero sin prisa, dejándonos llevar por los diferentes senderos y observando la vida y actividad cotidiana de aquellos que lo visitan. Incluso nos sentamos a observar un partido de baloncesto, en el cual admitiré me hubiese encantado participar.

A la salida del parque, decidimos tomar el metro para bajar hacia Canal Street, donde se juntan tres zonas muy conocidas y pintorescas de la ciudad. Hablamos de Chinatown, SoHo y Little Italy, tres “barrios” completamente distintos que se concentran en un radio mínimo y en los que uno puede comerse de primero el mejor pato al estilo Pekín y de postre unos cannoli sicilianos de infarto, algo que solo es posible en una ciudad como esta.

Paseando en la pequeña Italia.

Después de patearnos estas tres zonas tan emblemáticas, entramos en la calle Washington y subimos en dirección norte hasta llegar a nuestro siguiente spot, del que nunca había oido hablar hasta que lo descubrí en una guía por internet. Se trata del conocido parque High Line, es una antigua línea de ferrocarriles de la extinta empresa NY Central Railroad, que ha sido rehabilitada y reconvertida en paseo peatonal elevado, una idea extremadamente original y que a día de hoy es uno de los puntos mas frecuentados por los jóvenes y con aire más alternativo de la ciudad. El paseo recorre cerca de 2,3 kilómetros y ofrece paisajes muy diferentes y desde una perspectiva única, además de algunas de las vistas más bonitas de la ciudad. Nosotros lo recorrimos casi por completo y como ninguno de los dos había estado antes, supuso un gran descubrimiento.

Vistas elevadas sobre lasa calles de Nueva York.

Al finalizar el recorrido, tomamos el metro hasta uno de nuestros puntos finales de la visita diurna, El Rockefeller Center , para mi gusto, el mejor observatorio de la ciudad. Ya había visitado el Empire State en dos ocasiones y si tuviese que elegir o recomendar, sin duda, me quedaría con el Top of The Rock. Este día además tuvimos mucha suerte, pues cuando nos disponíamos a comprar las entradas, una pareja nos preguntó si queríamos subir Gratis, pues tenían dos entradas sobrantes y nos las regalaban, evidentemente aceptamos su generosa oferta y nos ahorramos 38$ cada uno, nada pero que nada mal. Debió correrse la voz por la ciudad de que era mi cumpleaños y esa pareja quiso tener un bonito conmigo, desde luego, que detalle, estos neoyorquinos están en todo. Disfrutamos de las imponentes vistas del atardecer por partida doble y a la salida, quedamos con Ángel para terminar de celebrar mi cumple en un lugar muy especial.

Fuimos a un rooftop del que nunca había oido hablar, se llama 230 Fith y ubicado en la Quinta avenida con la calle 27, ofrece una de las mejores vistas nocturnas de la ciudad, con él Empire State Building como protagonista. Además el Bar está super bien ambientado y la organización es perfecta. Como hacía bastante frío, lo primero que te dan es un albornoz que aísla perfectamente, para que puedan disfrutar de las vistas en la terraza mientras te tomas tu cocktail o tu bebida sin estar congelado. La verdad es que fue una celebración de cumpleaños excelente, las vistas eran impresionantes y el ambiente genial, esto fe una prueba más de que Nueva York nunca deja de sorprendernos, no importa cuantas veces la visites, que siempre habrá algo en ella que te cautive por primera vez. Después de varias cervezas y conversaciones profundas, pusimos punto y final al día y nos fuimos a casa dando un agradable paseo.

Una imagen vale más que mil palabras y dos, pues mucho más todavía.

Día 5 – Día de lluvia y noche de partido.

Otro día comenzaba y como siempre, lo hacía con un generoso desayuno al más puro estilo yankee. Después, continuábamos con nuestra visita.

Empezamos visitando uno de los templos religiosos más importantes de la ciudad, La Catedral de San Patricio, muy diferente a la que vimos en la última entrada de este blog en Dublín. En este caso, hablamos de un edificio neogótico, construido entre 1858 y 1865 y mucho más monumental e impactante que el de la capital irlandesa. Además La Catedral llama mucho la atención , no solo por su evidente belleza arquitectónica, sino porque se encuentra rodeada de modernos rascacielos y eso crea un contraste muy interesante con todo su entorno.

Justo después de haber visitado la emblemática catedral, nos dirigimos a la estación de Port Authority para comprar los billetes a Philadelphia, ciudad que visitaríamos al día siguiente. En este trayecto, que en un principio era básicamente un trámite para comprar los billetes, sin un objetivo turístico aparente, nos topamos con otro de esos momentos que uno recuerda para siempre. Ya habíamos comprado los billetes y nos disponíamos a coger el metro para visitar nuestro siguiente destino, cuando en uno de los pasillos del subterráneo neoyorquino, encontramos un círculo de personas que se habían amontonado en torno a uno de lo miles de cantantes y artistas que se ganan la vida bajo las calles de esta ciudad. Este artista en concreto, acababa de terminar una canción y se disponía a empezar con la siguiente, así que decidimos quedarnos a escuchar. Os puedo asegurar que esa actuación fue mejor que muchos conciertos profesionales que he visto en mi vida, William Casanova, que así se llamaba el cantante, nos deleitó con una interpretación espectacular de la canción Thinking out Loud de Ed Sheeran. De poco sirve que os lo cuente, es mejor que lo escuchéis vosotros mismos, ya que pude grabar parte de la canción. Dale al play!

Entre andenes.

Nueva York es una ciudad vibrante, llena de arte, música y talento, donde la mayoría de las veces no hace falta pagar caras entradas para musicales, porque lo más real lo tienes en sus calles, como acabábamos de comprobar.

Tras asistir a este concierto underground, nunca mejor dicho, tomamos dirección hacia la icónica “estación” Grand Central, considerada la “estación” más grande del mundo en cuanto a número de andenes, pues cuenta con 44 y 67 vías a lo largo de toda la “estación”. No obstante, como habreis podido deducir por las comillas anteriores, debemos aclarar que no es realmente una estación, sino una gigantesca terminal de pasajeros. Además de ser un punto de referencia a nivel de transportes, también lo es a nivel artístico y arquitectónico, ya que es un edificio centenario de una belleza especial. El hall central de la terminal, cuenta con un reloj que ha aparecido en más de una veintena de películas, pues probablemente se trate de la terminal de tren más filmada del mundo del cine y la televisión.

Imágenes de la terminal y su emblemático reloj.

Como el día estaba algo inestable con frío, viento y lluvia, exploramos con detenimiento casi cada rincón de la terminal y después fuimos directamente al Museo de Historia Natural de Nueva York, todo un clásico de la ciudad.

El Museo, ubicado en el Upper West Side de Manhattan, es uno de los mayores y más famosos museos de ciencias de todo el Mundo. Cuenta con 27 edificios todos ínter-conectados entre sí, en los que destacan 46 salas de exposiciones, diversos laboratorios y una enorme biblioteca científica.

Imagen de mi viaje anterior en 2010.

Yo ya había estado dos veces en este museo, pero Gonzalo aún no lo conocía así que, como soy un amante de la fauna y flora en general, volví a disfrutar de la visita como ya había hecho en ocasiones pasadas. El museo no solo merece la pena por toda la información que aporta, sino porque además es un edificio histórico que data de 1869 y que está considerado una obra en sí misma. La visita, nos llevó cerca de 3 horas en las que por desgracia, el temporal no amainó.

Paraguas en mano, caminamos bordeando todo Central Park en dirección sur, hasta llegar a Columbus Circle, donde tuvimos que parar a resguardarnos de la lluvia torrencial en el lobby de un hotel, desde el cual contemplamos la heroica estatua del explorador italiano.

Columbus Circle.

En este lugar estuvimos encerrados cerca de una hora, y como no parecía parar, decidimos tomar un taxi hasta el hotel, donde habíamos quedado con Ángel para ir juntos a otro gran templo, el Madison Square Garden, hoy era noche de partido.

Nos dimos una ducha y nos pusimos la indumentaria apropiada, que básicamente consistía en camisetas de los New York Knicks que había llevado para todos, pues era el único aficionado real al baloncesto.

En esta hora y poco, al cielo le dio tiempo a calmarse y decidimos ir dando un paseo hasta el famoso y versátil estadio. El ambiente era espectacular, ver un partido de la NBA en directo, te guste o no el baloncesto, es una experiencia que recomiendo a todo aquel que visite, no solo Nueva York, sino los Estados Unidos en general.

Los estadios son enormes y casi siempre están llenos, se respira un ambiente festivo y muy buen rollo. No es como el fútbol en Europa o Latino América, donde hay violencia y palabras malsonantes, de hecho en los estadios de deportes de Estados Unidos hay vigilantes en cada sección de la grada y no te permiten siquiera gritar un poco más de la cuenta ni por supuesto insultar o mostrar cualquier tipo de conducta agresiva o violenta, al considerarse esta una actividad o espectáculo familiar. Sabemos que en ese sentido los yankees no bromean.

Go NY Go NY Go!

El partido que enfrentaba a los Knicks con los Wizards de Washington, fue muy disputado, pués hasta la última jugada no se decidió el partido, que cómo casi siempre acabo en derrota local, pero el espectáculo sin duda mereció mucho la pena. Las entradas a buen precio las podéis conseguir en Seatgeek.

Tras la derrota de los Knicks, nos fuimos a comer un buen perrito caliente en Gray’s Papaya, con su tradicional zumo de papaya que pone nombre a la cadena y después, nos arreglamos un poco más para salir a disfrutar la noche neoyorquina.

La vida nocturna en esta ciudad, es frenética, pero muy diferente a lo que estamos acostumbrados en Madrid, o en España en general, pues empieza mucho antes (como a las 20.00 o 21.00 pm) y suele acabar a las 2 am como muy tarde. Sea como fuere, son noches que se vuelven muy intensas y donde hay una infinita oferta de ocio casi por cualquier barrio.

Empezamos en un Biergarten, llamado The Standard, situado en el Meatpacking District, que cuenta con un enorme espacio al aire libre y donde además de beberte una cerveza alemana, puedes jugar al ping pong con tus amigos o con gente aleatoria, lo que crea un ambiente muy cercano y donde lo pasamos realmente bien.

Después nos fuimos a otro local, muy cerca de este último, llamado Brass Monkey y que tiene mucha fama entre los jóvenes estudiantes de Nueva York, es un lugar que no está nada mal y donde los precios son bastante más bajos en comparación con otros locales de Nueva York. Ciudad donde si quieres una fiesta con algo más de caché, te vas a dejar por lo general de 70 USD para arriba. Salir en esta ciudad es extremadamente caro y normalmente, si quieres ir a una discoteca o un club nocturno, la entrada al local suele superar los 30 o 40 USD y la consumición nunca está incluida. Por supuesto existen excepciones y alternativas a eso, pero es importante que lo sepáis si la noche es un componente importante en vuestro viaje. Nosotros solo queríamos pasarlo bien un rato sin pretensiones de tener una noche de fiesta desenfrenada, y nuestro objetivo, lo cumplimos y con creces.

Día 6 – Philadelphia pasado por agua.

No os diré que fue fácil levantarse, porque estaría mintiendo, pero no hay nada que el afán por conocer no pueda, y con esfuerzo, logramos vencer a las secuelas de la noche anterior y conseguimos llegar a tiempo para coger nuestro autobús a Philadelphia, esta vez con Peter Pan Bus Lines. Nos aguardaba un viaje de unas dos horas, que nos vendrían que ni pintadas para descansar un poco y preparamos para la excursión.

Pudimos dormir casi todo el trayecto y a la llegada, comenzamos la visita por uno de los monumentos más importantes de la ciudad, La Campana de la Libertad. Esta campana está considerada como un emblema, ya no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo. Con el sonido de esta campana se ha convocado a los ciudadanos para la lectura dela declaración de independencia en 1776, se ha anunciado el primer congreso continental en 1774 y también ha cobrado protagonismo en la abolición de la esclavitud en el país, por ello se usa como un símbolo internacional de libertad. Philadelphia, es una ciudad de suma importancia a nivel histórico, pues fue aquí donde se declaró la independencia y la posterior creación del país.

Posando junto a un pedazo de la historia.
La Liberty Bell, en solitario.

La visita de la Campana, era obligatoria y uno de nuestros objetivos, junto a las famosas escaleras de Rocky y la estatua de este personaje de cine. Tristemente, el día no estaba siendo muy agradable, hacia frío y llovía de forma intermitente, por eso la ciudad no terminaba de resultarnos del todo atractiva. Cuando llegamos a las Escaleras del Museo de Ciencia, lugar donde se filmó  la famosa escena de Rocky haciendo deporte, vimos que estaban totalmente cubiertas por andamios y no se podían fotografiar bien, ni por supuesto subir o bajar, la primera decepción del día estaba servida.

Único tramo de escaleras que sí pudimos inmortalizar.

Decidimos visitar al menos la Estatua en Bronce del protagonista de la saga, que lucia triunfante con los brazos en alto y como era de esperar, nos fotografiamos con ella y decidimos caminar sin rumbo fijo. 

Rocky Balboa
Posando decepcionado junto a Rocky y frente a los andamios que habían estropeado el inicio de la visita.

Entre viento y lluvia, llegamos casi por causalidad a lo que parecía ser un “barrio” residencial, llamado Fairmount, casi todas las casas tenían banderas con escudos y material náutico, concretamente canoas y remos. Recordemos que Philadelphia además de estar bañada por el Río Delaware, que sirve de frontera natural con Nueva Jersey, cuenta también con el Río Schuylkill, un pequeño afluente del anterior, donde se practica mucho el remo y aunque nosotros no sabíamos nada antes de visitarlo, en este paseo lo pudimos descubrir. Nos pareció una zona muy británica tanto por su arquitectura clásica como por su elegancia y el paisaje verde, es recomendable cruzar este río para pasear por aquí y salir un poco de la zona más urbana.

El tiempo seguía sin ayudar a que la visita fuese memorable, y decidimos regresar hacia la zona de la estación, pero antes, pasamos por el Benjamin Franklin Parkway, un bulevar escénico que recorre todo el area cultural de la ciudad y que llama la atención por estar flanqueado por las banderas de casi todos los países del mundo y por acabar en una pequeña plazoleta donde se erige la estatua de uno de los padres fundadores de la nación, Benjamin Franklin, quien da además nombre a esta avenida.

Lo cierto es que la ciudad del amor fraterno, no nos estaba seduciendo demasiado y el tiempo, como ya he comentado en varias ocasiones, dificultaba mucho el ritmo de la visita, por ello, decidimos ir a la estación de autobuses para intentar adelantar el billete y aprovechar un poco más el resto de la tarde en Nueva York. Hicimos la fila para ser atendidos, pero lamentablemente no dimos con el empleado adecuado, el operario nos miró de muy mala gana y nos dijo que no había nada que hacer, que por favor nos retirásemos de la fila para no seguir entorpeciendo su trabajo. Aún nos quedaban un par de horas, pero decidimos investigar un poco más para no tener la sensación de haber perdido el tiempo. Y al final, como la actitud lo es todo, y la nuestra fue intachable, acabamos llegando a una zona muy atractiva, llena de arte urbano, graffitti y un aire muy bohemio, que la verdad no nos esperábamos. Se trataba de la zona este de la Calle Market, repleta de tiendas muy vanguardistas, cervecerías, restaurantes y enormes murales en sus paredes de ladrillo. Entre unas cosas y otras acabamos consumiendo todo el tiempo que nos sobraba en esta zona, hasta tal punto que nos acabó faltando. Este descubrimiento sin duda había conseguido maquillar nuestras impresiones de Philadelphia, una ciudad que al igual que sucede con Washington, recomiendo solo si tenemos muchos días en Nueva York o si ya la conocemos, si no, no merece la pena dedicarle tiempo a Philadelphia y quitárselo a Nueva York.

Algunos de los murales mencionados.

Concluida nuestra visita, nos montamos de nuevo en el bus y a las tres horas , pues coincidimos con un gran atasco de entrada en Manhattan, llegamos a casa.

En el edificio donde vivía Ángel, vivían otros compañeros suyos que también eran españoles, así que, nos juntamos en el apartamento de uno de ellos a beber unas cervezas y acabamos saliendo a una discoteca de batalla situada a unos 10 minutos en Taxi. La noche como casi siempre en Nueva York, acabó pronto, pero pudimos disfrutarla. Ya solo nos quedaba un día en esta gran ciudad

Día 7 – Último día en la capital del Mundo.

Primer día sin madrugar desde que llegásemos una semana atrás. Con tranquilidad, nos bebimos nuestro café y decidimos visitar el barrio de Chelsea y por supuesto, el mercado que se organiza aquí todos los sábados. Chelsea es una zona con un encanto especial dentro de Manhattan, destacan sus pintorescas casas con las típicas escaleras de entrada que dan directamente a la acera y sus zonas ajardinadas y excelentemente cuidadas. Podríamos decir que es una zona de clase alta, pues los precios de la vivienda aquí son muy caros, y me diréis, claro pero como todo Manhattan… y sí, es cierto, no os quito razón, pero Chelsea lo es incluso más, creedme.

Imágenes del animado y concurrido mercado de Chelsea.

Además de pasear por sus calles, disfrutamos de las compras en el mercado, donde puedes encontrara prácticamente de todo, sería un equivalente al rastro aunque mucho más caro y menos castizo por supuesto.

Tras haber visitado Chelsea, solo nos faltaba un gran icono de la ciudad antes de despedirnos, y seguro que muchos ya estabais echando en falta. Hablamos, como no podía ser de otra forma, de la Estatua de la Libertad. Para visitarla (por tercera vez), nos desplazamos hasta Battery Park, un parque donde aprovechamos para pasear e interactuar con algunas de las simpáticas ardillas que residen en él, justo antes de embarcarnos en el ferry que nos llevaría hasta Liberty Island.

Normalmente se hace también una visita de la Isla de Ellis y con razón, ya que fue el punto de entrada por donde todos los inmigrantes pasaban antes de ser aceptados entre 1892 y 1954. Entre los nombre mas famosos que pasaron por aquí, destacan entre otros, personajes como, Sigmund Freud, Charles Chaplin, Harry Houdini, Walt Disney o el mismísimo Albert Einstein. Nosotros ya la conocíamos y en este viaje, al ir un poco pillados de tiempo (nuestro vuelo salía esa misma tarde), decidimos no visitarla y centrarnos en Liberty Island, el lugar donde se erige la colosal estatua de 93 metros. La Estatua de la Libertad fue un regalo de Francia a los Estados Unidos como conmemoración de los 100 años de su independencia y que servía también para afianzar la buena relación entre ambas naciones. Desde lejos, puede parecer insignificante y de hecho, a muchos viajeros les suele defraudar en primera instancia, pero a medida que el ferry se va acercando, el visitante se empieza a dar cuenta de las gigantescas dimensiones de esta fantástica obra, cuya estructura fue confiada al reputadísimo Gustave Eiffel, cuyo apellido seguro que muchos asociareis a otro gran icono del viejo continente. No me lo digas, tú y yo ya sabemos de que hablamos.

Las mejores fotos se toman sin duda desde el barco.

Después de varios días de lluvia, el cielo nos quiso obsequiar con un azul que casi parecía artificial y vaya si lo agradecimos, pudimos disfrutar de un día frío, pero con un cielo espectacular para inmortalizar a nuestra protagonista desde todas las perspectivas y ángulos posibles.

El tiempo iba pasando y poco a poco la tarde se nos echaba encima, por lo que nos despedimos, no solo de la colosal estatua, sino de esta inigualable ciudad que tanto habíamos disfrutado.

Cogimos nuestras maletas y nos despedimos también de Ángel, que se quedaba para seguir con su sueño americano. Como ibamos bien de tiempo, decidimos ir al aeropuerto de la misma manera que lo hacíamos a nuestra llegada, en transporte público y dábamos así por finalizada una aventura más, pero no os preocupéis, muy pronto vendrían nuevas experiencias, que por supuesto os contaré.

Conclusiones sobre Nueva York.

Viajar a Nueva York y aunque el símil sea algo extraño, es muy comparable a servir Jamón cuando tienes invitados en casa, lo pongas cuando lo pongas, nunca falla. Las probabilidades de éxito son altísimas y por supuesto, con una loncha nos suele saber a poco, siempre queremos más y cuanto más comemos, más nos apetece.

Esta ciudad es así, no importa cuántas veces hayas ido, siempre vas a querer volver. Si aún no la conoces, no te puedo garantizar que será el viaje de tu vida, ya que afortunadamente, hay millones de lugares impresionantes en nuestro planeta, pero sí te garantizo que, como mínimo, te sorprenderá. Esta teoría del jamón, al menos conmigo está más que comprobada, he visitado la ciudad unas cuantas veces y siempre me vuelvo a casa con ganas de más.

No se vosotros, pero mucho Jamón tengo que comer para estar harto de él, así que me figuro que aún me quedan muchas visitas a Nueva York para que este mágico destino deje de causarme adicción.

Además os explicaré otro punto a favor de un viaje como este.

Como muchos recordareis, antiguamente viajar a Estados Unidos y concretamente a Nueva York, era excesivamente caro y estaba considerado un lujo al alcance de unos pocos privilegiados. Bien, pues afortunadamente, hoy en día, las tarifas aéreas son cada vez más competitivas y accesibles, al igual que la oferta hotelera, estos avances han logrado que Nueva York haya pasado a ser un destino mucho más asequible y al alcance de muchos más viajeros con un presupuesto algo más ajustado.

Acabaré este post con una frase que se adapta mucho a mi forma de entender los viajes y por extensión a mi forma de ver y sentir esta vibrante ciudad.

No escuches nunca lo que la gente te cuente de Nueva York, porque si no la presencias, no forma parte de tu Nueva York y lo mismo daría que fuera Jersey.” Colson Whitehead (Escritor Estadounidense).

Haced caso del bueno de Colson, viajad a Nueva York para convertirla en vuestra Nueva York, como yo ya tengo la mía , con vuestro permiso, voy a seguir rompiendo el mapa.

3 comentarios sobre “Estados Unidos – Costa Este – Nueva York y alrededores – Abril 2017.

  1. Que legal esse relato. Me fez ter ainda mais vontade de conhecer Nova Iorque. Meu sonho sobre esta cidade é ir na época de Natal pra me sentir dentro dos filmes que eu assistia quando era criança. Kkkkkk

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