Sudáfrica – Julio 2016.

Algunos de los que me habéis seguido hasta aquí, ya os habréis familiarizado con el tipo de viaje que suelo hacer. Básicamente vuelos, hoteles y poco más, el resto acaban siendo servicios añadidos y/o gestionados en destino. Bueno, pues el viaje que os contaré hoy, fue un viaje muy diferente a todos los anteriores, pues se trata del primer y último viaje organizado con turoperador que he hecho, y probablemente de los últimos que vaya a hacer en mi vida, ya que no encaja nada con mi forma de entender un viaje.

Después de varios años como agente de viajes, vendiendo paquetes convencionales para un turismo de masas, tenía que probar como funcionaba aquello y aunque la idea no me entusiasmaba en absoluto, el destino que tenía en ciernes, encajaba bien con esa tipología de viaje.

Me iba a Sudáfrica, probablemente el país más inseguro de tantos cuantos he visitado hasta ahora, además viajaba en solitario por segunda vez y no podíamos comparar Japón con Sudáfrica, en ningún aspecto, pero mucho menos en cuanto a seguridad ciudadana. Sea como fuere, no tenía yo muchas ganas de sustos, y digamos que aún no había ganado el coraje suficiente para lanzarme a la aventura sin el respaldo de un guía y una empresa que me asistiese en caso de necesitarlo. Por ello contraté un circuito organizado con uno de los lideres en el sector de la turoperación en la península Ibérica. 

Echando la vista atrás, fue un viaje un tanto ridículo, si lo analizamos sobre el papel, pues pasé más de 15 horas sumando vuelos, para estar únicamente 6 noches en el país, hablaremos al final de este post sobre mis conclusiones del destino y también sobre este tipo de viajes.

La organización, fue bastante simple para mí, solo tuve que contactar con el turoperador en cuestión, solicitar el descuento por ser agente de viajes, pagar y dejarlo todo en sus manos. En ese sentido, todo muy sencillo. No obstante, entre tú y yo y con todo el respeto del mundo… me cuesta mucho delegar y dejar en manos de otros muchas cosas en general, pero sobretodo mis viajes, ya que la planificación y la organización es una parte del viaje que me apasiona, al fin y al cabo forma parte de él, y para más INRI, es lo que me da de comer.

Os detallo la estructura del viaje:

  • Vuelo Lisboa – Johannesburgo (vía Dubai)
  • Vuelo interno Johannesburgo – Ciudad del Cabo
  • Excursiones, visitas, traslados y Safaris (hasta Ciudad del Cabo)
  • Vuelo Ciudad del Cabo – Lisboa (Vía Dubai)
  • Excursiones y actividades reservadas por mí para los días en Ciudad del Cabo.

El viaje era en un grupo de Españoles y Portugueses, cerca de 30 personas, los desplazamientos y actividades eran todas colectivas y guiadas y aunque no es un concepto que me haga especial gracia, la verdad es que conocí gente muy simpática y me llevé muy buenos recuerdos.

Una vez llegamos a Ciudad del Cabo, Los casi 4 días que teníamos, eran por libre, para hacer lo que cada uno quisiera, el último día te recogían en el hotel y te llevaban al aeropuerto. Aquí sí estaba en mi salsa. Y como adelanto, os diré que esta ciudad, la llevo marcada en mi piel (literalmente) hasta el día de hoy, seguid leyendo y sabréis más.

Día 1 – Viaje agotador y llegada a Johannesburgo.

Por aquel entonces, vivía yo en la capital portuguesa y como Emirates tiene conexión con Dubai desde Lisboa, fue la mejor opción.

Primer vuelo, unas 7 horas y media hasta Dubai, desde aquí hasta Johannesburgo otras 8 horas y media, en total cerca de 16 horas volando sumadas al tiempo de conexión, cerca de un día completo de viaje y nada más llegar, comenzaban los problemas. No encontraba a nadie de mi supuesto grupo, no veía españoles por ningún lado ni carteles con mi nombre o el del turoperador y empezaba a ponerme un poco nervioso ya que eran las 20.00 pm y no había casi nadie en la terminal. Tuve que llamar al único teléfono que tenía de emergencia y tras varias llamadas finalmente apareció la guía del grupo en su coche particular y me llevó al hotel. Resulta que al ser viajero solitario y llegar desde Portugal, se habían olvidado de mí, pero nada que no tuviese solución. El que viaja y sobretodo el que vende viajes, sabe que cuando coges vuelos y te mueves por el Mundo, pasan este tipo de cosas y no hay que poner el grito en el cielo, solo relajarse y buscar soluciones. (Llamamiento a todos los viajeros del mundo, Keep Calm and don’t blame your Travel Agent).

Mapa de abordo Fly Emirates.

Una vez me instalé y me di una ducha, sucedió una cosa curiosa, me disponía a salir a dar un paseo por los aledaños del hotel, cuando un amable recepcionista me miró con cara de susto y me pregunto: – ¿Dónde va caballero?- Al verme decidido a salir. Yo le expliqué , que quería dar un paseo por la zona y me pidió encarecidamente que no lo hiciera. Tras una breve charla, básicamente me dio a entender que no había nada bueno que pudiese sacar de ese paseo, sino todo lo contrario.

Mi afán por ver algo de esta ciudad , por poco que fuese (pues no se había previsto ninguna visita aquí), parecía haberme hecho olvidar que me encontraba en una de las ciudades más peligrosas de Africa, con unos indices astronómicos de delincuencia. De hecho en la web de estadísticas numbeo.com establecen que la seguridad de caminar solo por la noche en Johannesburgo es de 8,75 sobre 100, por lo que la probabilidad de sufrir un asalto era muy elevada. Menos mal que no pille al recepcionista en el baño o en el cambio de turno, si no tal vez os estaría contando otra historia diferente.

Fuente: Numbeo.com

Pero como no hay mal que por bien no venga, di un paseo por el enorme complejo hotelero que escondía algunas sorpresas. Aquel lugar poco tenía que envidiar a los Resorts de Las Vegas, pues contaba con casinos, fuentes interiores, y lujosos restaurantes. Finalmente acabé cenando en una cadena de hamburguesas llamada Spur, que me encantó, y tras la cena merodeé por los casinos y más tarde regresé a mi habitación para dar por concluido el día.

Día 2 – Mpumalanga, visitas en la niebla.

Una ventaja de viajar a esta zona de Africa, es que la diferencia horaria es mínima, por lo que el jet lag es inexistente y por las noches se duerme placenteramente, pese a estar a mile de kilómetros de casa. Hecho lo propio, desayuné y estuve listo con la maleta en la recepción, para iniciar la ruta con el resto del grupo. El día no fue muy productivo, seamos sinceros, pues casi todo lo pasamos sobre ruedas. El tiempo tampoco acompañó, nuestra primera visita , después de cerca de 6 horas en el autobús, fue El Cañón del Rio Blyde, un lugar que realmente, a juzgar por las fotos que he podido ver de él, es espectacular, de hecho en dimensión y belleza, no queda muy lejos del Gran Cañón del Colorado. Hago mención a las fotos, porque debido a la intensa niebla, no pude apreciar ni un 5% de la belleza de este lugar y tuve que conformarme con imaginarlo, fue un momento realmente frustrante.

Tras este estrepitoso fracaso, llegó el segundo, intentamos ver lo que se suponía era un mirador espectacular, llamado God’s Window, pero nos topamos de nuevo con nuestra amiga la niebla y no conseguimos ver absolutamente nada. Solo nos quedaba una parada antes del hotel y todas las esperanzas del día apuntaban sobre ella.

Luck Potholes.

Llegábamos por tanto al parque de Bourke’s Luck Potholes, dentro de la reserva del Cañón del Río Blyde. Son unas peculiares formaciones geológicas, causadas por la erosión de remolinos del río, creando una forma perfectamente redonda y que ha recibido el nombre de “Hoyo de la suerte”, bajo ellas, se puede observar el paso del río Treur. Lo cierto es que las formaciones en sí, no dejan de ser diferentes e interesantes, pero el lugar, más allá de esto, y 4 o 5 babuinos que vimos en el parking, no tiene mayor atractivo, el paisaje tampoco es bonito, y las horas y horas de autobús que llevábamos encima tampoco ayudaban a que nos lo pareciera, el día había sido muy flojito pero aún no perdía la esperanza de dejarme sorprender por este ,de momento, tímido país.

Uno de los protagonistas del día.

Tras este último alto en el camino, fuimos más al sur, casi a las puertas del Kruger, para alojarnos. El alojamiento, Nut Grove Manor, la verdad es que sí me sorprendió, estaba en mitad de la nada, era un complejo de unas 7 villas como mucho , con unos jardines muy bien cuidados y una decoración colonial muy acertada, por segunda vez desde que llegué (después de los babuinos) me sentí en Africa.

Al entrar en la habitación, terminé de alucinar. No exagero si os digo que aquel espacio era más grande que mi actual casa, cerca de 70 metros de habitación solo para mí… una pena que solo fuese para dormir 2 noches , porque el lugar invitaba a pasar días y días de relax.

Día 3  – P.N Kruger, El Safari No Safari.

Muy pronto, a las 5 am, nos vinieron a recoger en un 4×4 para comenzar nuestro primer y único día de Safari en el Parque Nacional de Kruger. Nos alojábamos en la zona de White River y el parque estaba a unos 100 km de nuestro alojamiento, recuerdo mucho frío durante todo el largo trayecto hasta llegar allí.

Una vez llegamos, el Ranger de origen Sueco, nos fue explicando cada animal que íbamos viendo y su comportamiento, vimos Hienas, Impalas, Jirafas, Cebras, Elefantes, Búfalos, Hipopótamos, Cocodrilos y Rinocerontes.

Echáis de menos algún felino por aquí ¿Verdad?, pues así es, tristemente no vimos ni Leopardos ni Leones ni Guepardos, de hecho, lo más cerca que estuve de ver a los famosos Big Five (Leon, Elefante, Rinoceronte, Búfalo y Leopardo), fue en los Billetes de Rand que de hecho aún conservo.

Los Big Five hechos billete.

AVISO: La experiencia Safari en este viaje, si no sabes lo que te espera desde el principio, sin duda te va a decepcionar mucho. Este no es un Safari donde vas por mitad de la Sabana atravesando sus llanuras en busca de los grandes felinos. En el Parque Kruger hay muchísimos animales pero el Safari se divide en dos alternativas:

  1. Parque Nacional Kruger (público): territorio del gobierno, donde vas con tu propio coche o con un tour organizado, por las carreteras asfaltadas en busca de animales y sin poder abandonar esos caminos. La experiencia Safari no es muy especial ya que tienes la sensación de estar en un parque zoológico. Es bastante asequible.
  1. Reservas (Privadas) dentro del área Kruger: pertenecen a particulares o a hoteles. Dentro de estas areas, los diferentes alojamientos organizan safaris de forma totalmente libre, donde pueden circular con toda libertad en busca de los animales, la experiencia es mucho mas auténtica y si puede encajar más con la idea de Safari que tenemos. Es bastante más costoso.

A mi particularmente me decepcionó bastante, sabía que no sería Memorias de Africa ni los documentales de la 2,  y más o menos iba sobre aviso, pero me pareció todo muy artificial. Eso si, despertó en mi muchas ganas de hacer un Safari auténtico en algún otro país del Africa Oriental (véase Tanzania o Kenia) y de hecho ya lo tengo anotado muy alto en mi interminable lista de próximos destinos.

Tras todo un día persiguiendo felinos sin éxito, regresamos al alojamiento para cenar y coger fuerzas para el próximo día.

Día 4 – Visitas Panorámicas y camino hacia la Libertad.

Tras un copioso y variado desayuno, nos despedimos del Nut Grove Manor, para hacer nuestras últimas visitas antes de volar con destino a Ciudad del Cabo.

Nos dirigimos hacia la ciudad de Pretoria, de nuevo 5 horas de autobús para hacer una visita panorámica por la capital administrativa del país.

No nos bajamos del autobús hasta que llegamos a la zona de los Union Buildings, sede del Gobierno y lugar donde Mandela fue proclamado primer presidente de raza negra del país. En este lugar hay una gigantesca estatua de 9 metros del ilustre presidente Madiba, que sin duda fue lo más interesante del día. La visita consistió en ver los edificios por fuera, recibir una corta explicación y dejarnos tiempo para fotos cerca de la estatua. Este tipo de viaje, me cansaba mucho y seguía sin sentirme cómodo en la dinámica, estaba deseando coger el vuelo para empezar a trastear como a mi me gusta.

Habréis notado cierta desidia en las narraciones de lo que llevamos de Post, no es que esté enfadado, ni cansado, únicamente es que suelo escribir las cosas tal y como las siento y hasta este punto del viaje, aun no había sentido la emoción o euforia que suelo sentir cuando viajo.

Tras la panorámica de Pretoria, teníamos otra hora de coche hasta el aeropuerto para embarcar hacia mi libertad, la añorada Ciudad del Cabo.

Antes de embarcar, el guía nos preguntó si teníamos ropa de abrigo, pues en Ciudad del Cabo la necesitaríamos. Yo no tenía más que una sudadera y temía que eso fuese insuficiente, así que a la desesperada y a contrarreloj, me metí en una tienda de Duty Free y me compré el primer abrigo que vi, concretamente un abrigo de los Springbocks, la selección Nacional de Rugby del país. Curiosamente, solo lo usé 2 veces más en ese viaje y no recuerdo haberlo utilizado mucho más pese a que me guste mucho, aun lo conservo casi como nuevo, así que este año espero poderle dar más uso.

Tras esta apasionante historia, embarcamos y a las pocas horas, estaba en la ciudad que marcaría mi vida para siempre. Ciudad del Cabo.

Día 5 – Ciudad del Cabo, trekking y excursión.

Lo primero que tenía en mente, era hacer el pequeño trekking hasta el conocido pico de Lion’s Head, dentro del Parque Nacional de Table Mountain. Para llegar hasta aquí, pedí un Uber y en cuestión de 15 minutos estaba listo para empezar el ascenso. Creo que fue el Uber más barato proporcionalmente de mi trayectoria como cliente, unos 2,50€ por 15 minutos de trayecto, esta ciudad ya me empezaba a caer bien.

No le di las 5 estrellas, porque no fue muy simpático y el coche estaba bastante sucio.

Los carteles que había nada más llegar al inicio de la ruta eran un poco alarmantes, ya que había mensajes como: “Nunca haga rutas solo“, “Si se siente amenazado, no se resista!” “No lleve objetos de valor como efectivo, cámaras fotográficas” , pese a que me llamó la atención, eran las 9 de la mañana y había visto subir a una señora de unos 50 años haciendo footing y a una madre con su bebe, dato que me tranquilizó mucho para emprender la subida.

La ruta me encantó, muy suave y sencilla y con unas vistas increíbles de toda la bahía y por supuesto de la Montaña de la Mesa,  símbolo de la ciudad que hasta aparece en su bandera.

Esta peculiar montaña se caracteriza por ser completamente plana en la cima, de ahí recibe el nombre de mesa, pues recuerda perfectamente a una. No es que sea especialmente alta (1090 metros de altitud) pero al estar tan próxima al mar y tener esa forma tan característica, se ha ganado la popularidad entre nacionales y viajeros de todo el mundo.

Pero la montaña que nos ocupa ahora es otra, hablando más en profundidad sobre el lugar donde me encontraba, Lion’s Head, es un monte situado en un punto estratégico, entre Table Mountain y Signal Hill, con unas vistas privilegiadas de toda la Ciudad del Cabo , probablemente las mejores de toda la región. La altitud es de uno 670 metros y su ascenso es relativamente sencillo, en la parte más alta hay que escalar algunas rocas pero esta muy bien habilitado para ello por lo que no es necesario ningún material ni equipamiento.

Aquel día el tiempo estaba impecable, ni frio ni calor y muy poquitas nubes en el cielo, esto me ayudó a que la vista fuese digna de recordar y por supuesto de fotografiar.

Una vez arriba, y para mi sorpresa, me di cuenta de que estaba prácticamente solo y eso me permitió disfrutar del lugar con mucha más calma. Me senté observando la inmensidad y el paisaje de postal que me ofrecía la ciudad y me relajé como más me gusta hacer.

Apreciando las vistas de la bahía y de Robben Island al fondo.

Exploré casi cada rincón de la cima y hasta conocí unas pequeñas y curiosas criaturas que no conseguí identificar ya que nunca había visto nada parecido. Después de mucho investigar, descubrí que eran Procávidos o comúnmente llamados damanes, una mezcla entre rata y marmota que habitan en la cima de esta montaña y que se asomaban a ver quién osaba interrumpir su tranquilidad. Una vez di por concluido mi momento de relax, decidí abandonar el hogar de estos simpáticos seres y dejarles de nuevo campar a sus anchas.

Un simpático damán, con el mejor fondo posible.
Con la Ciudad del Cabo a mis pies.

Durante el descenso, observé unas preciosas playas de arena blanca, situadas a los pies de la montaña y me propuse llegar hasta allí para verlas más de cerca, no para bañarme, pues recordemos que estamos en el hemisferio Sur y que por lo tanto Julio es pleno invierno y el agua podía estar perfectamente a unos 12 grados.

Playas de Camps Bay vistas desde arriba.

Comencé a andar por la carretera y finalmente paré un taxi que accedió a llevarme hasta allí, 6 minutos después me encontraba caminando solo por la arena de esta Playa de Camps Bay.

Preciosa Playa de Camps Bay.

La verdad es que era una playa de una belleza extrema, ya no solo por sus impecables arenas, sino por todo el paisaje envolvente, con el Pico Lion’s Head del que acababa de descender, como protagonista de la postal.

Estuve relajado un buen rato, sentado cerca de la orilla y disfrutando de la pasmosa calma del lugar, hasta que se acercó a mí un hombre que desprendía cierto olor a alcohol, hablándome en un tono poco amistoso y que no conseguí entender. Como no quería tentar a la suerte y había oído y leído de todo acerca de este país y esta ciudad, decidí ignorarlo, darme media vuelta y continué a paso algo rápido hacia el paseo marítimo. Cuando dejé atrás al hombre, que seguía mis pasos, lentamente y con una aparente carencia de lucidez, me subí en otro taxi y me fui hacia el área del hotel, el Downtown de Ciudad del Cabo.

Foreshore area.

Tampoco me sobraba mucho tiempo, ya que tenía a las 13.45 una excursión para visitar la zona de Cape Point que saldría desde mi hotel, así que di un paseo por la zona del hotel, comí en la ya conocida cadena de Spur y me preparé para la visita.

El tour, lo compré por internet antes de viajar en la web de Cape Point Route, me costó 690 Rands (Unos 34€) e incluía:

Recorrido por la bahía de la ciudad, La aldea Pesquera de Hout Bay, recorrido por la zona de Chapmans Peak, visita a la Reserva Natural del Cabo de Buena Esperanza, caminata hasta el Faro de Cape Point, visita a la Playa de Boulders, donde reside la famosa colonia de pingüinos del Cabo y regreso al hotel por la línea costera de False Bay.

Resulta que el tour era colectivo, pero solamente éramos otro chico Neozelandés que viajaba solo y yo. Kane, que así se llamaba el chico y yo, hicimos buenas migas, ya que como sabéis, los viajeros solitarios solemos congeniar bien, hasta tal punto que a día de hoy seguimos en contacto por redes sociales y los dos seguimos recorriendo el mundo a nuestra manera. La visita la verdad es que fue super productiva y al ser solo dos el guía era mucho más cercano y también congeniamos muy bien con él.

Recorrimos muchos lugares y disfrutamos un montón con las explicaciones. Lo mejor sin duda, el Cabo de Buena Esperanza, de este lugar se dice erróneamente que es el punto más al sur de Africa y también que es donde se juntan el océano Atlantico y el Indico. Ambas afirmaciones son falsas, pues es el Cabo de Agulhas, situado casi 260 kilómetros, quien ostenta estos dos Records, pese a ello  fue uno de los puntos más impresionantes de la visita, así como la famosa playa de los pingüinos en Boulders Beach a ambos nos pareció bastante turística.

En esta visita, a los tres, a Kane al guía y a mí, nos dio tiempo a debatir sobre asuntos de la vida cotidiana, nos juntamos en un mismo lugar, tres personas de edad similar y de orígenes completamente diferentes, Europa, Africa y Oceanía y fue muy interesante intercambiar puntos de vista tan diferentes y sobre todo, aprender de cada uno de ellos.

Tras la intensa y amortizada excursión, nos dejó a cada uno en nuestro hotel y pusimos fin al día. Estaba realmente agotado y el día siguiente prometía ser algo muy especial, a las 3 de la mañana tenía programado mi despertador para la mayor experiencia de mi vida. 

Día 6 – Ciudad del Cabo , Shark Cage Diving y Hop on Hop Off.

Una de las cosas que empecé a gestionar desde que confirmé mi viaje a Sudáfrica, fue la actividad que estaba a punto de realizar. Un breaching and Shark Cage Diving Tour, en resumen, una actividad para ver cazar al Gran Tiburón Blanco y sumergirme en mar abierto con él, dentro de una jaula. Mi pasión por los tiburones, es algo que llevo sintiendo desde niño, siempre me han causado una mezcla de admiración y respeto enormes y uno de los motivos de lanzarme a esta aventura sudafricana es porque es uno de los países que mejor experiencia y mayor indice de éxito tiene para avistarlos en su hábitat natural de todo el Mundo.

El concepto “Breaching” , tiene una difícil traducción al español, pero digamos que es el ataque que realizan los tiburones viniendo a toda velocidad desde las profundidades y sacando por completo su cuerpo a la superficie , normalmente cuando cazan focas, su presa favorita.

Para poder ver este momento, es necesario madrugar mucho ya que es sobre las 4 o 5 de la mañana cuando están más activos en busca de víctimas.

La empresa con la que gestioné todo se llama Shark Explorers, y la verdad es que hicieron mi sueño realidad. Me vinieron a buscar sobre las 3.30 al hotel y me llevaron hasta el pueblo de Simons Town, donde saldríamos navegando hasta la zona de Seal Island, una isla repleta de miles de focas donde los tiburones suelen ir a cazar. El trayecto en barco es bastante movido y mucha gente sensible al movimiento acaba lanzando por la borda cebo natural en este primer trayecto. Una vez llegamos a la zona objetivo, los guías comenzaron a rastrear con sus prismáticos las aguas en busca de movimiento de escualos para poder contemplar la caza en vivo. Tras una larga espera, una de las chicas al timón grito – Predation at three oclock!, rápidamente navegamos en esa dirección y vimos un Gran Tiburón Blanco de unos 4 metros saltar completamente fuera del agua apresando en sus fauces una joven foca, la escena fue tan brutal como magnífica, nunca imaginé que podría presenciar algo así desde tan cerca. Después del ataque, un enorme cerco de sangre inundó la escena del crimen mientras las oportunistas gaviotas rebañaban los restos de la pobre foca, que se había convertido en el plato del día.

Después de vivir tal experiencia y en vista de que parecía que no veríamos ninguna otra imagen como esta, decidieron soltar a Frankie, una réplica de foca, hecha totalmente de caucho, para engañar a los tiburones y poderlos fotografiar en uno de sus saltos. Pasados varios minutos, finalmente logramos ver de nuevo un “breach” , esta vez falso, pero muy bienvenido, uno no ve tiburones blancos saltando fuera del agua todos los días y a eso habíamos venido.

Aunque la imagen que logré captar no fue nada buena, al menos podréis apreciar un cuerpo extraño saltar fuera del agua, dejo el video para que lo podáis apreciar. Dale al play!

Una vez la fase de caza hubo terminado, sacaron la famosa jaula, nos equiparon con neopreno y lanzaron al agua una enorme cabeza de atún sangrante, para atraer a nuestros protagonistas.

Poco a poco comenzaron a llegar los primeros curiosos y por turnos nos fuimos introduciendo de 4 en 4 en la jaula. Llegaba mi turno, y una mezcla de euforia y pavor recorría mi cuerpo mientras me introducía lentamente en la jaula. Me había comprado una funda para poder sumergir el móvil en el agua, pero después de horas con él encendido y a pleno rendimiento, cuando comencé a grabar bajo el agua, decidió quedarse sin batería y se apagó, pero el momento lo disfrute incluso más si cabe.

Preso y a merced de los tiburones.

El primer contacto visual con un Gran Blanco, fue una sensación difícil de describir, fue algo así como si un hincha del Barcelona estuviese de cañas con Messi, o como si un fan de Madonna se estuviese yendo de fin de semana con ella. Acababa de conocer a mi ídolo, estábamos compartiendo agua y solo unos barrotes de acero me separaban de sus letales mandíbulas, pero no podía estar mas feliz, eso sí apenas podía moverme, os puedo asegurar que ni el mejor de los neoprenos te salva de las gélidas aguas del Atlantico en invierno. Con o sin foto, con frío o sin él, todo me daba igual, la sensación de haber podido cumplir uno de mis sueños era el mejor souvenir que me podía haber llevado de este país. Este viaje que si recordáis, empezaba sin grandes emociones ni alegrías, se había convertido en la experiencia de mi vida, gracias a 15 minutos en el agua. Dale al play!.

Algunos de los segundos más brutales filmados desde la cubierta del barco.

Si pensáis que mis palabras son cursilería barata y vacía, ya os aseguro que estáis mas que equivocados. El único tatuaje que tengo en mi piel, no es otro que la silueta de un gran Blanco, con las coordenadas del lugar donde lo vi por primera vez (esperemos que haya muchas más en otros países) y con las siguientes palabras ” Cape Town SA” y una rosa de los vientos de fondo.

Podéis verlo vosotros mismos.

Credit to: Carlos Amorim Tattoo, Lisboa 25 Sept 2017.

Una vez la excursión terminó y con las emociones a flor de piel, me llevaron de regreso al hotel, donde me di una ducha y me dispuse a continuar explorando esta maravillosa ciudad, que ya se había ganado un hueco en mi recuerdo y en mi corazón.

Cogí un Uber hasta otro de los puntos más visitados de Ciudad del Cabo, el Victoria & Albert Waterfront, un puerto muy bien cuidado y que es básicamente el centro de ocio de la ciudad, aquí hay cientos de tiendas, restaurantes y algún que otro centro comercial. Cuenta con una enorme noria y un precioso embarcadero, que con la monta de la mesa de fondo dejan un paisaje precioso para tomar una bonita instantánea.

Waterfront.

¿Recordáis a Kane, de la visita del día anterior?, bien pues habíamos quedado aquí para hacer el Trekking de subida a Table Mountain, ya que a ninguno de los dos nos hacía especial gracia hacerlo solos, por motivos de seguridad. Tristemente, no nos coordinamos bien y como no teníamos internet en el móvil, no nos pudimos localizar pese a mucho intentarlo, así que lo que hice fue comprar un billete para utilizar los famosos buses de dos pisos de City Sightseeing que podéis encontrara en casi cualquier ciudad del mundo. No lo había utilizado nunca pues normalmente me gusta caminar, pero tratándose de una ciudad de seguridad inestable según la zona, preferí usarlo ya que pensé que seria una buena idea.

No me equivoqué, el recorrido es muy completo, no para en zonas complicadas y puedes subir y bajar tantas veces como quieras, además yendo en la planta superior completamente al aire libre la sensación es realmente positiva.

Disfrutando en el Bus con las mejores vistas.

Recorrí toda la zona de Camps Bay que había visto el día anterior, pudiendo observar sus acogedoras casas y toda la panorámica de la ciudad, finalmente llegamos a la base de la Montaña de la Mesa, donde comienza el trekking y donde se encuentra la parada de funicular, que por aquel entonces estaba en mantenimiento.

Con la imponente Table Mountain cubriéndome las espaldas.

Me pensé varias veces la opción de subir caminando, pero era bastante tarde y el recorrido de ida y vuelta a pie podría durar una 5 horas, además no se recomienda hacerlo solo si no lo conoces, ya que con la niebla te puedes desorientar y hay zonas donde algún oportunista con malas intenciones te puede meter en problemas. Después de recapacitar, me resigné y decidí dejarlo para una futura oportunidad, paseé por la zona, la observé desde abajo y aproveché para tomar fotos de las preciosas vistas de toda la bahía incluyendo la Isla de Robben y el Estadio Cape Town, donde en 2010 la selección española de futbol ganó por 1-0 a Portugal en los octavos de final del Mundial que ganaríamos. Curiosamente los dos Países en los que he pasado mis últimos años.

Tras una de las últimas visitas del viaje, tomé el bus de regreso hacia el Water front disfrutando de otro agradable paseo al aire libre. Una vez aquí cene algo rápido y cogi un taxi de regreso al hotel para pasar mi ultima noche en Sudáfrica.

Día 7 – Ciudad del Cabo, Robben Island y despedida.

Como habéis visto, vine a Ciudad del Cabo con los deberes hechos, pues no había dejado casi ni un minuto sin organizar, y con los últimos suspiros del viaje, no podía ser menos.

Nuestro traslado de regreso era a las 13.30 pm y yo había reservado para esa mañana una visita a otro de los emblemas de la ciudad. La Isla de Robben, prisión donde Nelson Mandela  estuvo preso durante 18 años bajo el nombre de prisionero 466/64.

La visita a este lugar la gestiona únicamente el gobierno y son ellos quienes organizan el tour completo, desde el ferry de salida hasta que pones el pie de vuelta en el puerto de la ciudad.

El precio para extranjeros es de 550 rands, unos 27€ y la visita la verdad es que es muy completa, incluye ida y vuelta en ferry, todos los transportes y entradas a los diferentes recintos dentro de la isla, guía en inglés y testimonios de un preso real, con una duración aproximada de 4 horas.

A lo largo de la historia, esta isla de 12 km de extensión ha tenido diferentes usos.

Desde finales del s. XVII fue utilizada para aislar prisioneros, mas adelante la habitaron líderes nativos de las colonias, como los Indonesios. También fue utilizada como colonia de leprosos entre 1836 y 1931, pero por lo que es mundialmente famosa es por ser en el s. XX una prisión donde el régimen del apartheid recluyo a grandes líderes políticos como Nelson Mandela , Walter Sisulu o Robert Sobukwe.

Uno de los puntos más interesantes de la visita, fue cuando casi al final, el guía que llevaba con nosotros casi toda la visita, nos hace saber, que él fue uno de los prisioneros de esa terrible cárcel y nos lo contaba, de pie, en el mismo barracón donde pasó 7 años de su vida, en las más penosas condiciones. Condiciones que nos narró con todo detalle y el hecho de que fuese él, sin duda dio un giro bestial a la experiencia.

Foto con el prisionero y guía del tour.

Después de la interesante visita, regresamos a puerto y me apresuré a coger un taxi para llegar al hotel, donde llegué justo a tiempo para coger mi maleta y reunirme con el guía del grupo que nos llevó al aeropuerto para coger nuestros respectivos vuelos a casa.

El viaje había llegado a su fin y me despedía de Sudáfrica habiendo vivido en este país los momentos más sosos de toda mi trayectoria viajera, pero también los más emocionantes.

Como a casi todos los países que visito, espero volver algún día para conocerlo de otra forma y ver lo mucho que dejé por descubrir.

Hasta siempre Sudáfrica!

Conclusiones sobre Sudáfrica.

No me cabe duda que este país atesora lugares impresionantes, muchos de ellos he podido apreciarlos con mis propios ojos, pero de la misma forma, me siento incapaz de hablar en exceso sobre algo que no he visto, evidentemente impedido por una mala organización y mala suerte con la climatología. No es un país que haya visitado como a mi me gusta, ya que no he tenido libertad de moverme por sus calles tanto como me hubiese gustado, tampoco he podido conocer mucho a sus gentes ni sus costumbres, me he visto enlatado en una burbuja, pasando de puntillas por cada lugar. Por suerte, en Ciudad del Cabo sí que he podido trastear más y observar con más detenimiento, en esta observación , he visto una tremenda desigualdad.

Paseaba por zonas como Camps Bay, con ostentosas casas y coches de lujo y a su vez, en los desplazamientos, podía ver asentamientos de chabolas o personas durmiendo debajo de los puentes. He sentido también, que hay una enorme tensión racial y que poco o nada se lucha por resolverla, tal vez porque ya se ha dado esa lucha por perdida. Muchas cosas no han terminado de tener sentido en mi cabeza, pero no busco entenderlo, pues sería imposible, simplemente asumo que las cosas funcionan de una manera diferente, ya que el conflicto tiene un trasfondo histórico y sentimental muy duro por detrás, del que no conozco lo suficiente para hablar y mucho menos opinar.

Pese a la belleza innegable de la ciudad, no es un país donde me gustaría vivir, no he sentido el calor que si sentía por ejemplo en Japón o en algunas ciudades de Estados Unidos.

Pese a todo lo negativo que hayas podido leer en estas líneas, recomiendo a todo visitante que venga a Sudáfrica , con las ideas muy claras, pero que venga y descubra un país espectacular, seguro no le defraudará.

Conclusiones sobre viajes organizados.

Antes de pronunciarme sobre este asunto, me gustaría aclarar que esto es una opinión muy personal, en base a mi forma de entender los viajes y por lo tanto la forma de cubrir mis expectativas, pero respeto y apoyo cualquier modalidad y opinión sobre tipos de viajes.

Después de haber viajado de estas dos formas, llamémoslas “Por libre” y “Organizado”, puedo deciros sin ningún tapujo, que no solo prefiero la primera modalidad sino que no me gusta nada la segunda. Entiendo que hay muchos lugares, donde es imprescindible contar con los servicios o asistencia de guías locales especializados, ya sea por seguridad o simplemente por el hecho de saberse orientar y disfrutar al máximo de la experiencia. Lo que no encaja en absoluto con mi ideal de viaje, es el hecho de estar sujeto prácticamente las 24 horas a unos horarios para todo, comer, ir al baño, comprar, hacer fotos, contemplar monumentos, sobre todo cuando viajamos para evadirnos un poco de las ataduras y las pautas del día a día en nuestra rutina.

No hay nada como viajar a tu aire, sabiendo que puedes quedarte horas embobado mirando una cascada o dar una iglesia por vista en tres minutos sin condicionar ni afectar a un grupo. Muchas veces cambiamos de opinión o de humor sobre la marcha y con ello nuestros planes, pero si viajamos enlatados, estamos “obligados” a seguir una ruta, que desde que iniciamos el viaje sabemos que no cambiará y eso acaba con todo el romanticismo del viaje y no deja pie al precioso arte de la improvisación.

Por último, ¿Qué me decís de la satisfacción? Cuando un viaje que has diseñado o simplemente vivido por tu cuenta, sale bien, la sensación es doblemente maravillosa, ya que no solo lo has pasado de categoría, sino que además eres el artífice de tan rotundo éxito.

No quiero comeros la cabeza ni convenceros de nada, me encanta que viajéis, me encanta que disfrutéis, pero sobre todo me encanta que sigáis… rompiendo el mapa.

Un comentario sobre “Sudáfrica – Julio 2016.

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