Estados Unidos – Costa Oeste I – Julio 2015.

Mi etapa de estudiante llegaba a su fin y este sería mi primer viaje como Graduado en Turismo, pero no sería un viaje como los anteriores. En esta ocasión, el viaje lo organicé junto a la mujer de mi padre, que también trabajaba en el sector y tenía muchos conocimientos del destino que estábamos a punto de visitar, aunque diré que ella fue la artífice y única creadora de esta gran aventura. Yo como buen aprendiz, me limité a dar mi opinión y ayudar en algunas de las reservas. 

Nos íbamos toda la familia (8 personas) a hacer una ruta por el Oeste de Estados Unidos, una zona del país que no conocía y completamente diferente a todo lo que había podido ver en la Costa Este.

Juntos nos enfrentábamos a un viaje muy completo y cargado de pequeños detalles, ya habíamos dejado atrás el nivel básico y esta se trataba de una prueba de fuego para obtener el “certificado” de viajero nivel intermedio. Tened en cuenta que este no era un viaje de adultos, pues viajábamos con 3 niños de 16, 14 y 10 años, por lo que gran parte del contenido lo organizamos pensando en ellos. Os haré una lista de los servicios que reservamos para este viaje y que así podáis juzgar vosotros mismos:

  • Vuelos Ida y vuelta
  • Coche de Alquiler
  • Hotel Anaheim
  • Tickets Disney California
  • Tickets Universal Studios Hollywood
  • Tickets Six Flags 
  • Tickets Legoland San Diego
  • Paseo en Barco San Diego Bay
  • Alquiler Harley Davidson
  • Hotel Las Vegas
  • Tickets Avioneta Gran Cañon
  • Hotel Gran Cañon
  • Vuelo Las Vegas – San Francisco
  • Transfer San Francisco
  • Hotel San Francisco
  • Tickets Alcatraz
  • Bicicletas Golden Gate
  • Tour Yosemite
  • Transfer Aeropuerto

Además de todos los servicios, tuvimos que tramitar los 8 ESTA, para poder entrar en Estados Unidos. No se trata de un visado, sino de una autorización de entrada al país que se debe tramitar y pagar online, sin esto, ningún ciudadano español podrá entrar en territorio Estadounidense (visados de trabajo y otros tipos de visado a parte).

No fue un viaje fácil de programar, ya que además de la dificultad organizativa, las vacaciones de todos tenían que coincidir y no éramos pocos, pero con esfuerzo e insistencia, lo conseguimos cuadrar.

Ya teníamos todos los ingredientes necesarios para esta nueva aventura que estaba a punto de comenzar.

Día 1 – Llegada a Anaheim.

Salía puntual nuestro vuelo US-6745 con destino a Los Angeles, casi 12 horas de vuelo sin interrupciones , sin duda, el vuelo más largo de mi vida. Al ser un vuelo de día, se hizo algo pesado ya que no dormimos casi nada, pero tras 3 o 4 películas, un par de capítulos de un libro y alguna cabezada tonta que otra, finalmente llegamos.

A la llegada, como siempre en EEUU, nos tocaba un control de pasaportes muy “made in USA“, pues los agentes de fronteras son probablemente las personas más serias, antipáticas y desagradables del país, o al menos durante su jornada laboral. No es una nación que te haga sentir especialmente bienvenido, pero como sucedía con China, no todo tiene porque gustarnos y mientras viajamos, nos toca aguantar el tipo, soportar su soberbia y seguir sonriendo.

Tras el control, fuimos a recoger nuestro coche de alquiler, aunque más que coche podríamos llamarlo mini bus, pues se trataba de una furgoneta Chevrolet Express de 13 plazas, que nos acompañaría durante casi todo el viaje. En un principio la iba a conducir mi padre, ya que era el conductor más experimentado, pero no terminaba de aclararse con el GPS. El que nos dieron en AVIS, era el típico Garmin de turno que suele ir con un poco de retraso, así que acabé siendo yo el conductor oficial del viaje. La verdad es que me encantó la experiencia de llevar un coche tan voluminoso y conducir por las carreteras del Oeste Americano. Más abajo os explicaré algunos puntos de mi experiencia al volante y o os daré un par de consejos útiles para evitar sustos o malentendidos.

Nuestro robusto compañero de viaje.

Pese a que viajamos a Los Angeles, nos alojaríamos en la zona de Anaheim, aproximadamente a una hora en coche del aeropuerto. Es una zona algo retirada de todos los puntos turísticos de la ciudad, pero alberga en ella los Parques de Disney. Anaheim es una zona muy familiar, tranquila, segura y considerablemente más económica que zonas como el Downtown o Hollywood. Contando con que éramos 8, esto sin duda abarataría nuestra estancia. 

Nuestro hotel se llamaba Peacock Suites, y la verdad es que estaba realmente bien cuidado y equipado, además tenía un 7 eleven cerca para poder abastecernos para el desayuno de los días que estaríamos aquí. Realmente no pasaríamos mucho tiempo en el hotel pues en la zona, a parte de los citados parques de Disney no hay grandes atractivos. El día estaba más que finiquitado y tras comprar la cena y el desayuno caimos fulminados.

Día 2 – Universal Studios Hollywood y en busca del cartel.

Como era de esperar, el jet lag nos ayudó a madrugar mucho, pues sobre las 6 am, estábamos todos en pie y desayunando, incluidos los más pequeños. Una vez listos, cogimos el coche y pusimos rumbo a Hollywood para visitar el parque de Universal Studios. Se trata del primero de todos los Parques de Universal, y el único donde aún, a día de hoy se ruedan películas y series de televisión. Ademas de parque de atracciones, cuenta con multitud de escenarios y decorados de cine que se pueden ver aquí, en este lugar el visitante podrá ver decorados de películas como La guerra de los Mundos, El Grinch o Regreso al Futuro. La atracción más autentica, consiste en tomar un trenecito que hace un agradable recorrido por diferentes escenarios y lo que es más, si tenéis suerte puede que incluso os topéis con algún rodaje en vivo y en directo. Os recomiendo hacer esta visita nada más comenzar para que os situéis un poco, antes de adentraros en el mágico mundo de Hollywood Studios.

Parte del decorado de Villa Quien, de “El Grinch”

Pero no acaba aquí, en este parque lleno de sorpresas, también disfrutarán como enanos todos aquellos niños de los años 80 y 90 , pues hay reproducciones de los comercios y escenarios más conocidos de los Simpson. Podremos comprar en el Badulaque, compartir cosquillas con el jefe Wiggum, beber una Duff bien fresquita en la Taberna de Moe o degustar una hamburguesa en el Krusty Burger. A mi como seguidor de la serie animada de Matt Groening, me emocionó ver esos escenarios tan reales y a los más pequeños también les encantó, este parque no dejaba de enamorarme y diré que me estaba gustando mucho más que el que visitamos en Orlando, allá por 2011.

En este gigantesco parque, también podremos ver atracciones innovadoras de la película “Gru mi villano favorito” y sus aclamados Minions, siempre acompañadas de escenarios tremendamente realistas y cargados de detalles que nos harán sentir parte de la película.

No quiero dejar de mencionar las clásicas atracciones de Jurassic Park, Transformers, Fast and Furious o La Momia, todas ellas muy recomendables y que terminan de completar una visita a la que no le falta prácticamente de nada. Es importante aclarar, que la experiencia que tengamos variará en función de la temporada en la que vayamos, pero aquí os dejo un calendario que os dirá la previsión de gente para el día que tenéis pensado ir.

Por si fuera poco, a las puertas del parque, sin llegar a entrar, nos encontraremos el famoso City Walk, es una avenida comercial repleta de restaurantes, cines y tiendas que realmente entra por los ojos, pues esta repleta de estimulantes carteles luminosos, olores, música y ambiente que sirve como aperitivo previo a todo lo que veremos de puertas para dentro.

Como bien os decía, todo son facilidades, si decides venir en transporte publico desde otras zonas de la ciudad, el metro te deja en una parada llamada Universal City y desde aquí, el propio parque disponibiliza un bus gratuito que te lleva al City Walk y a la entrada principal, todo pensado para disfrutar y por supuesto, consumir.

Tras un intenso día en Universal Studios Hollywood, queríamos hacer una corta visita para , ya que estábamos tan cerca, ver el famoso cartel de Hollywood y hacernos la foto de rigor antes de regresar al hotel.

No fue fácil encontrar el lugar, ya que no habíamos investigado mucho sobre él, ni cómo llegar, así que usamos el GPS (algo obsoleto) y pusimos Hollywood Sign como destino final. 

Nos las prometíamos muy felices, hasta que entramos en un entramado de calles muy estrechas de doble sentido, con un acentuado desnivel y montones de curvas muy cerradas. No hay que olvidar que llevábamos un coche de grandes dimensiones, este detalle sin duda empeoraba mucho la situación. A medida que subíamos, nos íbamos cruzando cada vez con más coches y comenzaban a caer gotas de sudor de mi frente, estábamos en una zona residencial y los vecinos no parecían muy contentos con nuestra visita, pero como dar la vuelta no parecía una opción continuamos ascendiendo.

Finalmente dimos con una suerte de descampado, donde podríamos dejar el coche estacionado con cierta tranquilidad y sin causar problemas a la circulación. Desde esta explanada teníamos una visión relativamente buena del cartel, después de todo, lo podíamos considerar una victoria y tras hacernos las ansiadas fotos, emprendimos el descenso con paciencia y tomamos rumbo al hotel para descansar de un día muy completo.

La ansiada foto.

Día 3 – Avistamiento de ballenas y Six Flags Magic Mountain.

Cuando pensamos en California y en Los Angeles, rara vez solemos imaginar que podremos ver ballenas en este viaje, yo tampoco lo pensaba antes de venir, pero desde la localidad de Newport Bay salían cruceros de unas dos horas y media, exclusivamente para ver cetáceos.

Así que, tras 30 minutos de trayecto en coche desde Anaheim, nos embarcamos en un crucero para ver si teníamos suerte. Lo cierto es que las ballenas fueron bastante tímidas y aunque si las vimos, fue durante pocos minutos , pero lo suficiente como para presumir de haber visto ballenas en California. Los que si se dejaron ver bastante fueron cientos de delfines y unos cuantos leones marinos por lo que la visita mereció bastante la pena.

Tras la travesía en barco, nos dirigimos al segundo parque de atracciones del viaje, Six Flags Magic Mountain, situado en Valencia, a una hora y media de donde nos encontrábamos.

Este no es un parque temático, sino un parque enfocado en las montañas rusas, por lo que la diversión, incluso para los adultos, estaba asegurada.

Six Flags Magic Mountain.

Cuenta con algunas de las montañas rusas mas rápidas del mundo, como por ejemplo la famosa Superman The Escape que alcanza los 160 kmh, Goliath, Twisted Colossus o Green Lantern entre otras.

El parque no es especialmente bonito ya que además se encuentra en mitad de la nada y en Julio hace muchísimo calor, pero si os gusta la velocidad y la adrenalina, esta es una visita muy recomendable, además la ventaja es, que a diferencia de otros parques, no hay grandes masificaciones.

Como el parque cerraba tarde, estuvimos un buen rato e incluso nos dio tiempo a repetir en más de una atracción. El parque tiene también una sección de montañas rusas para los niños que se quieran iniciar en este curioso mundo, así que nadie se aburrirá.

Una vez dimos por amortizada la entrada al parque, cogimos el coche y pusimos rumbo a Anaheim de nuevo, para recoger comida en algún Drive-Thru y cenar en nuestro hotel.

Día 4 – Santa Mónica , Venice Beach y Hollywood.

Después de 4 días en la ciudad de Los Angeles, hoy seria el primer día que realmente conoceríamos algunos lugares emblemáticos de esta ciudad, aunque ya la hubiésemos recorrido por carretera en casi todas las direcciones.

Decidimos pasar la mañana en una de las playas urbanas más famosas del mundo, Santa Monica.¿Quién no ha visto alguna vez una imagen del característico parque de atracciones en el muelle y su noria mezclándose con la arena y las olas?, o ¿Quién no se ha imaginado nadando en estas aguas del pacifico?. Pues aunque sus aguas estén lejos de ser agradables para el baño ( hay muchos carteles que se encargan de recordarlo), no deja de ser una playa icónica y que bien merece una visita.

Santa Mónica Beach.

A parte de la playa en sí, podemos pasear por el mítico Pacific Park, el parque de atracciones que dota a esta playa de su toque distintivo. Muy cerca de aquí, a unos 10 minutos en coche o 30 a pie, encontramos Venice beach, otro lugar que seguro habréis visto en más de una película o serie de televisión.

Si vuestra intención es comer por aquí, mi recomendación es hacerlo en Venice Beach, pues hay bastante más oferta, es más agradable y también podréis dar un paseo después de la comida para descubrir cada uno de sus famosos rincones.

Si vais equipados y os gusta el baloncesto podéis jugar en una de las 4 canchas que hay en la zona, siempre y cuando tengas el nivel o el desparpajo exigido por los ballers de la zona. Aunque normalmente suele haber más ego que talento, estoy seguro de que será una experiencia original. Si por el contrario sois más de Skate, aquí hay uno de los Skateparks más famosos de los Angeles, sentarse a admirar el espectáculo y alguna que otra caída, es también un buen plan en Venice Beach.

La siempre animada Venice Beach.

Antes de marcharnos y seguir disfrutando de Hollywood, nos dimos un último baño en la playa para despedirnos del Pacifico, ya que no sabríamos cuándo volveríamos a nadar en él.

Cogimos el coche y condujimos en dirección a Hollywood Boulevard, a una media hora, nuestra idea era aparcar en un parking para poder visitar el paseo de la fama con tranquilidad.

Una vez aparcado el coche, recorrimos todo el paseo y nos deleitamos con imágenes que habíamos imaginado y visto en televisión cientos de veces, por supuesto nos hicimos fotos con nuestras estrellas de Hollywood preferidas y visitamos el Teatro Chino y el Teatro Dolby, además de entrar, por supuesto, en el museo de cera Madame Tussauds, para podernos fotografiar, no solo con una estrella plasmada en el suelo, sino también con sus hiperrealistas muñecos de cera.

Los Angeles es una ciudad que tiene mucho que ofrecer para todos los gustos y edades y aunque no considere que sea una ciudad especialmente bonita, en un viaje a la Costa Oeste, debemos siempre darle un mínimo de 2 noches, que serían 2 más si pretendemos visitar los parques temáticos.

Charlando con mi amigo Forrest.

Ya habíamos visto todo cuanto queríamos, solo nos faltaba cenar en una de las cadenas de hamburguesas más famosas de California para completar un día perfecto, In-N-Out Burger. Una vez allí, pedimos nuestra comida y nos aseguramos de pedir que nuestras hamburguesas siguiesen la receta secreta de Animal Style, una salsa especial que has de pedir tú de motu propio, ya que nunca la ponen en carta, de ahí que sea secreta. La cena en este lugar hay que hacerla al menos una vez en toda visita a California, aunque nosotros lo haríamos en más de una ocasión durante le viaje. El sitio no es especialmente atractivo a la vista, pero conserva un estilo y una decoración sobria que, acompañado de un servicio extra rápido, hacen que sea de las hamburgueserías más populares de la Costa Oeste, de hecho, encontrar sitio para comer sentado en el local suele ser bastante difícil, sin embargo el servicio de Drive-Thru es casi instantáneo.

Además de cenar nuestras suculentas hamburguesas, decidimos comprar la edición anual de la camiseta In-N-Out, pues cada año ponen a la venta un diseño distinto que puedes adquirir por unos 10 o 12€ en todos sus restaurantes. Es un souvenir muy original que seguramente en Europa no consigas fácilmente.

Día 5 – Disneyland Park California.

Para los amantes de los parques de atracciones y del mágico mundo de Disney, visitar este en concreto, significa pisar el primero de todos los parques Disney que existen hoy en todo el mundo, inaugurado en 1955. No lo podemos comparar ni en magnitud ni en variedad con el mega complejo de Walt Disney World de Orland, Florida, pero sí es cierto que es aquí donde comenzó todo y tiene algo más de esencia aunque sea solo por eso.

Disneyland Park California.

Es un parque muy similar al que muchos de nosotros habremos visitado en París, pues no solo es  casi un calco en cuestión de dimensiones, sino que también cuenta con atracciones idénticas como la mítica It’s a Small World, un precioso y educativo paseo musical en barco por casi todos los países del mundo, el vuelo de Peter Pan, las aventuras de indiana Jones o la famosa Space Mountain de Star Wars. En este lugar la diversión está garantizada y como el parque se divide en dos; Adventure Park y Disneyland Park, echamos el día completo entre ambos.

Space Mountain, un clásico de los Parques Disney

No os voy a chafar la sorpresa y no desvelaré muchos de los secretos que encontrareis en ellos, pero sí quiero que conozcáis y busquéis dos de las atracciones que más me gustaron.

El concepto de las dos es el mismo, consiste en entrar en un enorme auditorio, sentarse en una especie de columpio para 5 o 6 personas, que de pronto se eleva y te deja con los pies colgados. Toda la sala se convierte en una pantalla de cine panorámica descomunal y comienzas a volar literalmente. En una de ellas la temática es California y sus paisajes, se atraviesan bosques (donde se puede llegar a oler el intenso aroma de los pinos) se sobrevuelan plantaciones de naranjos que desprenden también su fragancia e incluso tienes la sensación de poder mojar los pies en el agua a su paso por los lagos y ríos del estado californiano. La otra atracción es exactamente lo mismo pero extrapolado a todo el Mundo. Sobrevolamos China, India, Australia o Kenya, entre otros muchos increíbles paisajes. La primera se llama Soarin’ Over California y la segunda Soarin’ Around the World y fueron dos de las que más me cautivaron, hasta tal punto que quise repetir, pues el grado de realismo es impresionante y a mi, como amante de los viajes, me pareció estar dando la vuelta al mundo en menos de 10 minutos.

El hogar de Mickey Mouse me había refrescado las ideas desde que visitase su casa de Florida 4 años atrás y después de un día super completo y disfrutón, nos retirábamos. Esta vez, al estar tan cerca de nuestro hotel, lo hicimos dando un agradable paseo.

Día 6 – Legoland, San Diego y Crucero por la Bahía.

La cosa iba de parques,  en tan solo 6 días ya íbamos camino del cuarto y aunque yo no sea ningún enamorado de este concepto de diversión, lo estaba pasando en grande, sobre todo porque veía a mis hermanos emocionados y disfrutando de una forma muy especial. Los tres son unos locos de LEGO, y estando en California, no podíamos dejar de visitar uno de los parques de Legoland más famosos. Aunque es cierto que ya habíamos visitado el de Florida y el de Windsor (Londres) años atrás.

El de California, se encuentra a las afueras de San Diego, concretamente en Carlsbad, por lo que después tendríamos oportunidad de dar un breve paseo por esta ciudad.

A las puertas de Legoland California.

Legoland, después de ver parques como Universal Studios o Disneyland Park. A mi no me resulto especialmente interesante, pues son atracciones muy básicas y la ambientación no es tan “mágica” como en los otros dos. Lo que sí me gustó mucho, fue la maqueta enorme que tienen, donde se representan las ciudades más emblemáticas del Mundo con sus respectivos edificios o monumentos mas destacados, todo ello reproducido al detalle con diminutas piezas de LEGO, sin duda lo más original y divertido del parque. Si queréis ver una maqueta similar sin iros tan lejos, podréis visitar LEGOLAND en Alemania, Inglaterra o Dinamarca.

Como el parque no es especialmente grande, la visita no nos llevó mucho tiempo, así que comimos algo y tomamos dirección a la bahía de San Diego, 36 minutos en coche hacia el sur.

Teníamos contratado un paseo en barco por toda la bahía, así que lo cogimos y disfrutamos de un agradable paseo con guía, que nos explicaba dónde estábamos y cada punto que veíamos desde el mar, incluyendo el país vecino, Mexico y la ciudad fronteriza de Tijuana, escenario de muchas noches locas de los jóvenes sandieguinos en busca de marcha después de la 1 am.

Recordemos que en San Diego, pese a ser una ciudad muy animada, la vida nocturna no pasa de las 00.30 am o la 1 am, mientras que en Tijuana, la noche no acaba hasta que sale el sol. 

Contemplando la Bahía de San Diego.

El crucero nos permitió ver toda la ciudad y apreciarla desde lejos, pero, pese a no ser una ciudad grande, no nos dio tiempo a visitarla, por lo que no podíamos decir que hubiésemos conocido San Diego, únicamente su Bayfront y lo poco que hay en él, pero no llegamos a pisar la parte histórica o el barrio de Gaslamp Quarter.

Frente al portaaviones y Museo USS Midway, situado en el Bayfront de San Diego.

En mi opinión, fue un gran error, ya que en mi Segunda Ruta por la Costa Oeste en 2018, de la que ya os hablaré, pude conocer esta ciudad más en profundidad y me quedé absolutamente prendado. Desde entonces, se la recomiendo a todos mis clientes y a todo aquel que me pide consejo.

Nuestro periplo por el Sur de california, rozaba su fin y pronto cambiaríamos el mar y las playas por el desierto y los casinos.

Día 7 – Recogida de Harley Davidson, parada en Victorville y ruta por carretera dirección Las Vegas.

Mi padre, había cumplido 60 años y como tiene una Harley Davidson y es un gran aficionado, decidimos regalarle un día de alquiler de moto durante el viaje, para poder hacer al menos algunos tramos de la Histórica Ruta 66 y sentirse protagonista de Sons of Anarchy por un día. Hicimos las maletas, nos despedimos de Anaheim y nos dirigimos a Newport, donde recogeríamos su Road King.

No lo había comentado antes pero uno de mis hermanos, el de 16 años, acababa de pasar todo el curso viviendo en California, concretamente en Victorville, un pueblo inhóspito en mitad del desierto, donde no hay mucho más que un High School, un centro comercial, algún rancho y casas bajas. Resulta gracioso porque cuando le preguntaron dónde quería ir, él dijo con mucha convicción que quería ir a California, en su cabeza tal vez se imaginaba paseando en Beverly Hills o viviendo en una mansión en Bel Air, probablemente nunca pensó que viviría en uno de los lugares más áridos del país, a las puertas del Desierto de Mojave.

De cualquier modo, decidimos visitar a su familia de acogida y comer con ellos en Victorville, para ver con nuestros propios ojos todo lo que nos contaba acerca de ese curioso lugar. No podemos decir que fuese un lugar agradable, ni que entrase por los ojos al visitante, pues no tenía prácticamente nada de interés. No obstante y para nuestra sorpresa, debido a su situación, descubrimos que Victorville fue un tramo vital y muy famoso de la Ruta 66, de la que todos hemos oido hablar y hay un punto concreto, donde se pueden ver murales conmemorativos de esta ruta y múltiples carteles vintage. Estos pequeños rincones tan originales, nos sirvieron de fondo perfecto para inmortalizarnos con la Harley de mi padre. Probablemente es un punto muy poco visitado en los típicos viajes por la Costa Oeste y eso dotó a la foto de un toque de exclusividad que en absoluto esperábamos. Si queréis una foto igual, podréis visitar Victorville, aunque seguramente no merezca la pena el desvío solo por un par de murales, que seguro encontrareis muy parecidos en pueblos como Williams o Kingman que veremos más adelante.

El mural del que os hablaba.

Tras la parada en el camino y haber comido abundantemente, tomamos rumbo a Las Vegas, una ruta de aproximadamente 2 horas y media en la que mi padre disfrutó de la carretera y del árido paisaje de California y Nevada, fuimos parando tranquilamente en diferentes lugares pintorescos que nos íbamos encontrando, hasta que llegamos a nuestro apartamento, el Grandview at Las Vegas.

Todo un SAMCRO. (Guiño a Sons of Anarchy)

Nos alojamos al Sur del Strip, bastante retirado de todo el meollo, ya que era más económico y teníamos muchísimo espacio para estar los 8 mucho más cómodos que si fuésemos a un hotel convencional. Eso sí, como casi todos los hoteles, el nuestro también tenía un enorme y ostentoso casino, por si nos apetecía echar un ojo o perder unos cuantos dólares a la ruleta.

Teníamos bastantes días por delante en Las Vegas, por lo que a la llegada, preferimos instalarnos, disfrutar de la piscina del hotel y darnos un paseo por el casino. En las Vegas el ambiente era muy diferente, se respiraba un aire un tanto decadente y casposo, pero al final, esa es la esencia del “Disneyland de los adultos”, como muchos llaman a esta peculiar ciudad.

Día 8 – Calor en Las Vegas.

Las Vegas, es una ciudad que a mí personalmente me gusta y creo que es una visita interesante para todo viajero que se plantea una ruta por la Costa Oeste de los EEUU. Evidentemente, no hablamos de una ciudad interesante culturalmente, ni tampoco a nivel paisajístico, ni natural, pero hemos de vivirla por lo menos una vez en la vida. Es una ciudad construida de la nada, en mitad de uno de los desiertos más inhóspitos y áridos de todo el Continente Americano. Las Vegas basa su principal actividad en el turismo vacacional y en los casinos, que hacen que sea una ciudad sin horarios. Podemos ver gente en los casinos durante las 24 horas del día y realmente es un auténtico espectáculo recorrer todo el Strip (calle principal) saltando entre casino en casino, sin llegar a poner un pie en la calle. Los casinos suelen seguir una temática y son auténticos museos de la ostentación, llegando a ser, por qué no decirlo, hortera. A lo largo de todo el Strip, podemos encontrarnos esculturas Griegas en el Caesars Palace, preciosas calles parisinas y una reproducción de la Torre Eiffel en el Paris at Las Vegas,  canales venecianos y una reproducción casi a escala de la plaza de San Marco en el Venetian o una enorme pirámide de cristal en el Luxor Hotel and Casino.

La ciudad no deja de sorprendernos y además de los innumerables casinos, también es un lugar repleto de restaurantes, discotecas y espacios comerciales donde dejarnos el sueldo, pues como buenos Estadounidenses que son, la incitación al consumo es uno de sus mayores talentos. No os diré que Las Vegas es un lugar mágico, o un lugar donde querría pasar mis días de vacaciones, pero sí merece la pena visitarla para ver algo que no veréis casi en ninguna otra parte del mundo. Puede haber buenos imitadores o lugares parecidos como Macao, de la que os hablaré o incluso Reno, también en Nevada, que comentaremos en posts futuros, pero nada igual a Las Vegas, “la auténtica ciudad del pecado”.

Meca del consumismo y la alimentación saludable…por supuesto.

Este día quisimos ver tantos casinos como fuese posible y pisar la calle lo justo, ya que el termómetro no bajaba de unos secos 42º, también aprovechamos para ver la ciudad de día y su transición a la noche, donde el paisaje cambia drásticamente y las calles y los casinos cobran un ritmo frenético. La noche de las Vegas es uno de los atractivos favoritos de muchos Norteamericanos durante el fin de semana, es lugar de reuniones de amigos, fiestas, despedidas de soltero y muchas otras cosas tan excéntricas que nunca imaginaríamos. Un buen ejemplo de estas locuras es la película “Resacón en Las Vegas”, que nos define casi a la perfección lo “peligrosa” o gloriosa, que puede ser esta ciudad por la noche.

De hecho como se dice popularmente “Lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas” y si se dice eso, es porque no es algo de lo que la gente se suela enorgullecer precisamente.

PD. Hablando de la película “Resacón en las Vegas“, hicimos una obligatoria visita a Madame Tussauds y tomamos una de las fotos más graciosas del viaje.

La Foto.

Día 9 – Presa Hoover, Ruta 66 y llegada a Tusayan.

Sin llegar a dejar el hotel de las Vegas, ya que volveríamos el día siguiente, cogimos una mochila con lo esencial y tomamos la carretera en dirección a Tusayan, el centro de operaciones para explorar el Gran Cañon al día siguiente. Pero antes de eso, queríamos hacer algunas visitas que nos pillaban de paso.

La primera de todas fue la Presa Hoover, es una impresionante obra de ingeniería, construida en los años 30 sobre la cuenca del Río Colorado. Ademas de evitar la inundación de los pueblos agrícolas con el deshielo de las Montañas Rocosas, esta construcción ayudó para abastecer de agua a las zonas más afectadas por la sequía de Nevada y California del Sur.

La presa merece una parada aunque sea solo para observar la inmensidad del puente de gravedad de hormigón, conteniendo semejantes cantidades de agua, desde su plataforma de observación. Una foto muy buena, es captar la propia presa y de fondo el famoso puente Mike O’callaghan – Pat Tilman Memorial, que une los estados de Arizona y Nevada y que esta suspendido a unos 236 metros de altura.

Mike O’callaghan – Pat Tilman Memorial Bridge.

Es una visita rápida ya que en la presa, además de dar un corto paseo y observar la tremenda obra, no hay mucho más que podamos hacer, así que continuamos la ruta.

Cogimos la Autopista 40 hasta Kingman y aquí en lugar de continuar por esta carretera moderna, nos desviamos e hicimos un buen tramo de la Old Historic Route 66, pasamos por Kingman, la famosa General Store de Hackberry, donde podréis hacer fotos de una tienda de carretera típica, que se ha conservado para que los viajeros puedan visitarla. Podréis también parar en Seligman y por último en Williams para subir dirección norte hasta Tusayan. Es una travesía donde recomiendo parar, hacer fotos en la carretera y observar el paisaje con detenimiento ya que además de todas estas pequeñas poblaciones, podréis ver fauna del desierto, como coyotes, serpientes de cascabel, tortugas de tierra e incluso correcaminos si tenéis suerte.

Tras este mini recorrido por una de las carreteras más emblemáticas e históricas de EEUU, llegaremos a la pequeña población de Tusayan, donde no hay mucho que hacer salvo comer comida rápida en alguno de sus restaurantes y dormir para la aventura del día siguiente.

Día 10 – Gran Cañon del Colorado desde cielo y tierra.

Tras dormir en nuestro modesto hotel, Red Feather Lodge, casi a las puertas del Gran Cañón, desayunamos y rápidamente nos dirigimos al aeródromo de Tusayan, para hacer nuestro sobrevuelo en avioneta de 1 hora sobre uno de los accidentes geográficos más impresionantes que he visto en mi vida.

Red Feather Lodge.

Desde el aire tienes una perspectiva bestial de toda la región y la sensación es mucho más autentica, recomiendo mucho la experiencia de la avioneta o el helicóptero, pues aunque es cierto que son bastante costosas, no es algo que vayamos a ver todos los días. Probablemente el helicóptero, al ser un vehículo más ágil y con mayor movilidad y al poder descender hasta introducirse casi de lleno en las gargantas, será mucho más impresionante, pero en cualquier caso lo hagáis o no lo hagáis , este lugar difícilmente se puede comparar a algo que hayáis visto anteriormente.

Después de la aventura aérea, nos acercamos al Grand Canyon Visitor Center, dejamos nuestro coche y cargados de agua y comida, comenzamos nuestra ruta de senderismo. Como pequeño apunte, os diré que en EEUU todos los parques nacionales están muy bien dotados y se invierte mucho dinero en su conservación y en las facilidades al visitante, en estos centros, encontrareis toda la información actualizada sobre rutas, peligros, advertencias y normas a tener siempre muy en cuenta. Es algo que se extiende por todo el país, no olvidemos que la entrada a los parques no es gratuita y que gran parte del dinero va destinada a este tipo de centros.

Desde aquí salen diferentes rutas, todas ellas situadas al borde del cañón, por lo que las vistas que tenemos, son siempre espectaculares estemos donde estemos y encontraremos diferentes miradores y plataformas situadas a lo largo de todo el recorrido.

Vista desde los senderos y miradores del Parque.

Este lugar se disfruta mucho lo hagamos como lo hagamos y desde Las Vegas es muy recomendable hacer una pequeña interrupción dormir aquí una noche y continuar la ruta.

Hay quien lo visita en un solo día sin necesidad de dormir aquí, pero considero que es algo cansado y recordad que en general, recorrer la Costa Oeste es un viaje que exige muchos kilómetros de conducción y hay que intentar dosificarse un poco y no hacer kilómetros en vano.

Una vez terminamos de disfrutar con este paisaje, nos despedimos hasta una próxima vez, pues yo volvería por estos lares tres años más tarde.

Día 11 – Compras y visitas finales en Las Vegas .

El día de hoy, sería un día sin grandes pretensiones ni “obligaciones” Viajeras.

Decidimos pasar gran parte de la magna en un Outlet en busca de algunas gangas, sobretodo de marcas locales como Columbia, Abercrombie, Tommy, Polo Ralph Lauren o The North Face entre otras. La verdad, es que con el cambio Euro/Dollar en aquel momento, no había diferencias muy destacables, pero algo siempre acaba cayendo y esta no fue una excepción. Una vez sentimos nuestro impulso consumista saciado, decidimos buscar saciar nuestro apetito y casi de suerte, dimos con un In-N-Out Burger. Además de estar prácticamente vacío, este restaurante tenía una pequeña tienda de merchandising, donde compré algunas camisetas que aun hoy conservo y que uso con alguna frecuencia. Nos dimos un buen homenaje y al acabar, como lo habíamos visto casi todo, nos acercamos hasta el famosísimo cartel de Welcome to Fabulous Las Vegas, situado al Sur del Strip. Aquí hicimos la cola de rigor y nos tomamos la obligada foto junto al cartel, que al final no deja de ser un simple cartel , eso sí, de fama mundial. 

Welcome to Fabulous LAS VEGAS.

Cuando parecía que Las Vegas, había dado todo lo que podía dar, recordamos que aún no habíamos visitado la zona antigua o el Downtown, situado en la calle Fremont Street. Una zona completamente diferente al Strip, la zona de Fremont, conserva un aire igual de hortera y recargado, pero a una escala acorde a los años de esplendor de la ciudad, allá por el 1900/1910, cuando se construyeron los primeros hoteles y casinos. Por la noche, es igual de frenética y vibrante que el Strip, pero puede resultar algo más peligrosa, pues la gente que la frecuenta suele ser de dudosa reputación y los alrededores de esta calle, no son nada aconsejables a partir de ciertas horas. Os recomiendo que evitéis hacer el trayecto Strip-Fremont a pie y mucho menos por la noche, aunque las Vegas es una ciudad segura, especialmente el Strip y sus casinos, todo lo que se aleje de las multitudes, las luces y el dorado es desaconsejable.

La calle Fremont y el Downtown de Las Vegas ha cambiado mucho en los últimos años, ahora se puede visitar con seguridad y de hecho, a inicios de los 90 hicieron la calle peatonal y crearon la , hoy conocida como Fremont Street Experience, dotándola de un techo de leds, espectáculos musicales y de luces, de hecho ahora, hasta tiene una tirolina que te lleva de una punta a la otra de la calle en cuestión de segundos.

La animada Fremont Street.

Hablando de velocidad, después de la calle Fremont, decidimos terminar de rematar la ciudad con una visita que a mi me dejó alucinado. Por lo general llegar hasta el Hotel y Casino Stratosphere, no suele ser habitual, pues se encuentra al norte del Strip y los visitantes rara vez suelen llegar tan lejos. Los precios del hotel son bastante asequibles y el casino, pues aunque no sea el mejor, es curioso y mantiene bien el estilo Vegas. Pero lo mejor de todo está en que, como su propio nombre sa a entender, hablamos de la estructura más alta de la ciudad, 350 metros, nada menos. Bien, pues en lo más alto de la torre, hay una pequeña terraza con una atracción al más puro estilo parque temático que es probablemente la que más impresión da de todas en las que ya he subido en mi vida. Todo esto siendo una estructura muy sencilla, consiste en un vagón con unos 8 o 10 asientos, situados sobre unos railes, que de punta a punta no superaran los 20 metros. En resumen, la atracción consiste en que los vagones se desplazan de atrás adelante y viceversa con el movimiento de los railes que lo que hacen es inclinarse para adelante y para atrás, saliéndose de la estructura del edificio y dejando a los vagones completamente suspendidos sobre el aire. Lo mejor de todo, es que mi hermano y yo, estaríamos sentados en el primer vagón, y cuando el vagón llegaba al final del rail a una velocidad aproximada de 50kmh, nuestra vista se topaba directamente con el vacío. Conclusión, el vértigo, la adrenalina y la diversión están garantizados.

Día 12 – Valle del Fuego y con razón.

Con todas las visitas de las Vegas más que completadas y con un día aún disponible en la ciudad según nuestra planificación, decidimos hacer una escapada al Valley of Fire o Valle del Fuego.

Se trata de un parque estatal de Nevada que por cierto, tiene su titulo más que merecido, no solo porque el calor es realmente insoportable, sino porque el color , ya de por sí rojizo de su predominante piedra arenisca, se intensifica con los potentes rayos del sol que recibe casi los 365 días del año.

El Parque se sitúa a unos 100km al norte de la ciudad de las Vegas y en cuestión de una hora y 10 minutos podemos llegar en coche sin grandes problemas. Una vez en el parque, podemos hacer diferentes caminos , siempre en coche, ya que caminar grandes distancias en verano en este parque puede ser muy peligroso. Mi consejo, es parar con el coche, dar un corto paseo, disfrutar de las vistas y regresar al coche para beber agua y refrescarse con el aire acondicionado. El parque cuenta con zonas bastante famosas, como el Rainbow Vista, Mouse’s Tank o las famosas White Domes en el Norte y en la carretera principal no os podéis perder el Arch Rock y las Seven Sisters.

Estoy convencido de que conducir por Marte debe ser muy similar a hacerlo por este parque estatal y aunque sea solo para una visita de medio día, lo recomiendo encarecidamente. De hecho, para los viajeros que no hayan tenido tiempo de ver El Gran Cañón, Monument Valley o El Famoso Antelope Canyon, con esta visita desde las Vegas, podrán llevarse un recuerdo muy digno de los paisajes desérticos del Salvaje Oeste, además de poder hacer increíbles reportajes fotográficos.

Después de haber visitado el parque, regresamos al hotel de Las Vegas para hacer las maletas, desconectar y refrescarnos en la piscina.

Día 13 – Las Vegas – San Francisco.

Tras devolver el coche de alquiler que nos había acompañado durante tantos días y al que hasta había cogido cariño, tomamos el vuelo directo con destino a nuestro último destino, San Francisco. Aquí , al ser una ciudad mucho más concentrada, sin tanto espacio para coches y más adaptada al peatón, nos desplazaríamos a pie y en transporte público.

San Francisco, poco tiene que ver con cualquiera de las ciudades que habíamos visitado, e incluso guardaba más semejanzas con ciudades como Nueva York o Chicago, a miles de kilómetros hacia el Este.

Es una ciudad de la que podemos decir sin miedo que es realmente bonita y tiene un encanto que no tienen ni Los Angeles ni las Vegas. Evidentemente su situación en la hermosa bahía homónima, dota a la ciudad de un paisaje especial. La arquitectura victoriana de algunas zonas de la ciudad, su origen montañoso y sus calles empinadas hacen de San Francisco una de las ciudades más visitadas de Estado Unidos.

La ciudad, pese al elevado número de vagabundos, que por lo general son enfermos mentales, es una ciudad segura. Intento siempre alertar a los visitantes de que el asunto de la mendicidad es algo que normalmente suele llamar la atención, pero a día de hoy, es parte de la ciudad y que sobretodo en el Downtown es algo que no vamos a poder evitar. Por ello siempre derivo a mis clientes y a las personas que me piden consejo, a la zona de Fisherman’s Wharf, pues resulta mucho más tranquila y agradable en ese sentido.

Nosotros nada más aterrizar, nos encontramos con un chofer que nos llevó a nuestro hotel, Beresford Arms, situado muy cerca de Union Square, en pleno dentro de la ciudad.

El hotel estaba muy bien y aunque era algo clásico, cumplía con creces con lo que necesitábamos, por si no lo sabíais, San Francisco es junto a Nueva York una de las ciudades donde el alojamiento resulta más caro de todo el País y ,por sencillo que fuese el hotel, estando donde estaba, fue con diferencia el hotel mas caro del viaje.

Rincones de la ciudad (Chinatown).

Una vez nos instalamos, salimos a pasear por la zona, sin alejarnos demasiado, cenamos algo y volvimos al hotel, pues el desgaste de los 13 días que llevábamos a nuestras espaldas ya se iba notando.

Día 14 – Fisherman’s Wharf y Prisión de Alcatraz.

A primera hora de la mañana, decidimos tomar el tranvía cerquita de Union Square, para llegar hasta la zona de los muelles, también conocida como Fisherman’s Wharf, esta es una zona muy agradable para pasear, repleta de restaurantes, tiendas y opciones de ocio.

Uno de los muelles más famoso es el Pier 39, pues es lugar de descanso y diversión de una enorme colonia de leones marinos, que desde hace años se han hecho protagonistas y dueños del lugar.

Nosotros decidimos comer en esta zona y hacer tiempo para una de las visitas más recomendables de la ciudad. A las 13.30 teníamos reservado tour para visitar la isla de Alcatraz, una antigua prisión de alta seguridad situada en un pequeño islote en la bahía, que se podía ver fácilmente desde cualquiera de los muelles. Es imprescindible llevar las entradas para el tour reservadas y además hacerlo con mucha antelación ya que en los meses de verano se agotan en un santiamén, en ese sentido estuvimos siempre muy atentos, ya que es algo que no nos queríamos perder.

La prisión funciono como penal de alta seguridad entre los años 1934 y1963 y sin duda, el prisionero más famoso que cumplió condena aquí fue el mafioso Al Capone, quien pasó más de 5 años recluido en ella. La visita es una auténtica pasada, la audioguía que te dan nada más desembarcar del Ferry que te lleva a la isla, te cuenta la historia de la prisión, la cual resulta tan interesante que ,si te quitas los auriculares durante unos segundos, solo escucharás el silencio de cientos de visitantes prestando toda su atención a los testimonios e historietas sobre esta carcel, que se ha convertido en un National Historic Landmark, o Parque de interés Histórico.

Sin lugar a dudas, Alcatraz es para mí, un TOP 3 de las visitas más interesantes de San Francisco.

Una vez explorados los rincones y celdas de la prisión, tomamos el barco de regreso, paseo que por supuesto aprovechamos para contemplar la bahía y tomar unas preciosas fotografías de la isla según nos íbamos alejando de ella.

Para completar el día, aprovechamos y decidimos coger el Tranvía en la parada de la calle Hyde, donde hacen el cambio de dirección que ,a la luz del atardecer, se convierte en todo un espectáculo. En el trayecto hasta Union Square, esta vez, mi hermano Javi y yo, decidimos colgarnos de las barras exteriores del tranvía y disfrutar de la velocidad y del paisaje nocturno de esta pintoresca ciudad. Pero cuidado, aunque estemos en California, como dijo Mark Twain, “El invierno más frío que he pasado fue un verano en San Francisco“, y no le falta un ápice de razón, el micro clima de esta ciudad hace que las noches de verano sean especialmente frías, así que en la maleta, llevad siempre un forro polar o incluso un abrigo de plumas ligero de esos que están tan de moda. 

El paseo fue también una genial aventura y os lo recomiendo al 100%, normalmente los revisores solo dejan colocarse fuera a los pasajeros, cuando ya no hay sitio dentro. Hoy en día en tiempos del Covid, desconozco cómo funcionarán, pero esta costumbre no debería perderse nunca.

Antes de cerrar el día, os recomendaré tomar un autentico café irlandés en la historíca cafetería The Buena Vista, literalmente enfrente de la “Estación” o Kiosko desde donde sale el tranvía, este lugar tiene mucha fama y el café esta buenísimo.

Atardecer sobre el cambio de dirección de la calle Hyde.

Día 15 – Puente Golden Gate en bici, Sausalito y Muir Woods.

En el día de hoy, haríamos otra de las actividades TOP 3 de la ciudad. Con la empresa Blazzing Saddles, situada en Fisherman’s Wharf, alquilamos una bici cada uno para atravesar uno de los puentes más fotogénicos y famosos del planeta, El Golden Gate Bridge.

Esta empresa, como muchas otras situadas en la zona, ofrece un servicio completo y de calidad, te alquilan la bici y te reservan los billetes de Ferry para volver al punto de origen una vez hayas cruzado el puente y visitado tanto como quieras al otro lado, el único requisito es que devuelvas la bicicleta antes del cierre, sobre las 21.00.

Nuestra ruta ya estaba pensada y era la siguiente; en vista de los incendios que habían surgido en Yosemite y que con toda seguridad no veríamos las secuoyas en la visita que teníamos para el día siguiente, cruzamos el puente, visitamos Sausalito y tomamos un taxi hasta el bosque de Muir Woods. En este Parque, considerado monumento nacional, sí que podríamos ver algunas secuoyas de tamaño considerable y consolarnos con el hecho de al menos haber podido ver secuoyas en el país de las secuoyas por excelencia.

La visita fue muy completa aunque el cruce del puente no es muy cómodo, tengamos en cuenta que al final compartes el camino con gente que va lenta en bici, algunos demasiado rápido y además los peatones que por lo general no suelen respetar el carril bici. 

Golden Gate Bridge.

Obstáculos a parte, las vistas que ofrece el puente durante un día despejado son una absoluta maravilla. En la ruta puedes ir parando con toda tranquilidad en tantos lugares como te apetezca  y al llegar al otro lado del puente, tienes la oportunidad de conocer el pueblo de Sausalito

Sausalito es un lugar como de cuento, al llegar, te encontrarás casas muy bien decoradas, gente bien vestida y sonriente, pequeñas y coquetas casitas flotando sobre la marina y un ambiente muy agradable que te pide aparcar la bici, al menos un rato y sentarte a comer o a beber un café mientras descansas de la travesía.

Hecho lo propio y al terminar de comer, nosotros decidimos parar un taxi familiar y negociar con él unas horas para que nos llevase a Muir Woods, amablemente accedió, nos llevó y se quedó a nuestra espera durante el tiempo que estuvimos recorriendo el pequeño parque.

Como os comentaba, este no es un parque nacional que le pueda hacer sombra en absoluto a Yosemite, pero como teníamos muy metido en nuestra cabeza que queríamos ver esos majestuosos árboles y sus colosales piñas, quisimos suplir esa ausencia con este modesto bosque, que cumplió con creces lo que buscábamos.

La caminata no sería muy larga, pero suficiente para disfrutar del lugar y tener la satisfacción de haber visto por fin las ansiadas secuoyas.

Regresamos en el taxi al lugar donde habíamos amarrado las bicis y tomamos el ferry con ellas hasta Fisherman’s Wharf de nuevo, donde las devolvimos y pusimos rumbo al hotel para descansar de un día de mucho desgaste.

Día 16 – Visita completa al Parque Nacional Yosemite.

El viaje ahora sí, rozaba su fin y nos despediríamos de este país, visitando uno de los mayores monumentos naturales que alberga, el Parque Nacional de Yosemite.

Antes de hablaros mucho sobre la visita, os diré que bajo mi punto de vista, esta es una visita que no se suele disfrutar mucho si se hace de la forma en la que la hicimos nosotros. Lo ideal es pasar, al menos una o dos noches, en la localidad de Mariposa o incluso en el conocido Yosemite Valley, donde hay bastantes opciones de alojamiento.

En nuestro caso, no teníamos días suficientes para hacerlo así y además en San Francisco, queríamos evitar coger otro coche, por eso hicimos la excursión de ida y vuelta en el día.

Hacerlo todo en un día implica pasar en total 9 horas en un coche o autobús y poco más de 4 horas de visita. Si tenéis unas ganas locas de ver el parque y sus paisajes, pero ya no tenéis muchos días disponibles, como era nuestro caso, esta es una opción de poder visitarlo y tener una idea muy básica de lo que es el parque, pero repito que no es lo ideal. Yo personalmente ,recuerdo más esta visita por lo incómodo del trayecto en bus ,que por la magnificencia del parque, de hecho del parque solo tengo recuerdos de fotografiarme con el Capitán, ver un ciervo y pasar mucho calor. De verdad no recomiendo que lo hagáis así, porque gastareis mucho dinero y perderéis tiempo en la ciudad de San Francisco para ver algo a medias y sin confort, por no hablar de que Yosemite merece mucho más que 4 horas de visita.

No diré que me arrepiento de haberlo hecho, porque al menos, tuve la oportunidad de apreciar los paisajes de este mágico lugar, pero el desgaste y traqueteo del autobús, te absorben todas las energías para disfrutar de lo que ves y esto sumado al calor termina haciendo que la excursión resulte más pesada que otra cosa.

Como podéis ver, no tengo mucho que contaros de esta visita, porque no la recuerdo como algo agradable y eso, pese a ser muy triste, os da una idea de qué decisión tomar en relación a Yosemite.

Con un sabor de boca agridulce, nos despedimos de este viaje, pues al día siguiente tomaríamos nuestro vuelo destino a Madrid (vía Los Angeles). La aventura americana en familia había terminado y una vez más nos trajimos las maletas llenas de de experiencias que contar.

Conclusiones e impresiones del viaje.

Con un país como Estados Unidos no se puede generalizar, al menos mientras hablemos de viajes. Cada rincón de este enorme país nos ofrece paisajes drásticamente diferentes, no se pueden comparar los bosques del norte de California con los desiertos de Mojave y Arizona. Del mismo modo, resulta casi inverosímil saber que las paradisiacas playas de Key West en Florida, se encuentran en la misma nación que las montañas nevadas de Aspen en Colorado. 

Es un país que a mí personalmente me encanta y que, con el permiso y el respeto de muchas otras naciones, es junto con Japón, de los pocos que quiero visitar una y otra vez.

En concreto, esta ruta por el Oeste, me ha mostrado una cara diferente a la que ya conocía de algunas ciudades del Este, mucho más bella en cuanto a paisajes y naturaleza, pero más impersonal y superficial en el ámbito social, para dejarlo claro, es mucho más agradable hablar con la gente de Nueva York o Miami que hacerlo con los angelinos , donde parece que llegas incluso a molestar (evidentemente, siempre hay excepciones). El tipo de viaje que en general se suele plantear en el oeste es muy diferente en cuanto a logística, pues el coche es un elemento esencial para visitar esta región del país y sin él, resulta muy complicado abarcar los puntos esenciales de la ruta.

El hecho de hacerlo en familia  y más aún, en familia con niños, obliga al viaje a tomar un enfoque muy distinto al que tomaría si fuésemos en pareja o con amigos, pero a mi personalmente me ha encantado hacerlo de esta forma y no lo hubiese cambiado por irme solo o de otra manera. Sabía que tarde o temprano, volvería y que ya tendría oportunidad de ver las cosas que por “x” o por “y” no vi en esta ocasión.

Acababa de sumar una nueva aventura a mi colección, que sin duda, recordaré para siempre.

Os recomiendo hacer esta ruta o alguna similar, pero sobretodo tened en cuenta que en un país tan bestialmente grande, podemos hacer miles de combinaciones diferentes en función de nuestros gustos, días disponibles o presupuesto, así que si tenéis dudas o necesitáis alguna opinión acerca de como planear vuestra ruta, podéis preguntármela en los comentarios o por correo con toda confianza.

Consejos y avisos sobre la conducción en el Oeste de EEUU.

Como os prometía al inicio de este post, quiero ayudaros a preparar un viaje por carretera en EEUU, dándoos algunos consejos y advertencias básicas para que todo vaya sobre ruedas, nunca mejor dicho.

Siempre existe una primera vez para enfrentarse a la conducción en este país y hay algunas peculiaridades que debemos tener en cuenta.

No me considero ningún experto en viajes por carretera, ni en España ni en ningún sitio, pero estos consejos que os doy a continuación, me habrían venido muy bien a mí cuando inicié mi primera ruta y me habrían evitado más de un susto.

Una ventaja de conducir en Estados Unidos, es que prácticamente todos los coches son automáticos, por lo que no tenemos que preocuparnos más que de marcha atrás y marcha directa ademas de acelerar y frenar, nunca se nos calará el coche ni lo revolucionaremos en exceso. Solo tenemos que saber circular y respetar mucho las normas viales básicas de este país.

Antes de emprender el viaje, debemos sacar nuestro carnet internacional, que podremos adquirir con cita previa en la DGT y pagando 10€ en el acto.

Y ahora enumero los consejos útiles y reglas de tráfico:

  • Si nos para la policía, NUNCA debemos abrir las ventanillas ni bajarnos del coche hasta que nos indique el agente.
  • En EEUU siempre que haya señal de STOP debemos pararnos, y el que llega antes es quién tiene preferencia.
  • Cuando veamos un semáforo en rojo al final de una intersección, debemos pararnos frente a la línea situada varios metros antes del semáforo y no justo delante de él como en España.
  • En EEUU podemos girar hacia la derecha aunque el semáforo esté en rojo, a no ser que un cartel nos lo impida.
  • Cuando llegamos a una intersección sin señalización, tiene preferencia de paso quién primero llegue y SIEMPRE lo respetan.
  • En EEUU, no está bien visto parar en doble fila y nadie lo hace, no seas la excepción.
  • Cuando quieras aparcar, fíjate bien en el cartel que esté situado en ese lado de la acera, te indicará cual es la restricción de aparcamiento, si es de pago o no, o si está permitido.
  • NO apures el depósito, las distancias son enormes y en según que zonas ,puedes estar horas sin ver una gasolinera, por lo que se previsor.

Estados Unidos es en general un país donde pese a tener un tráfico denso en algunas zonas, la conducción es muy sencilla. Por lo general los norteamericanos son bastante respetuosos, así que, para los amantes de la carretera, conducir por las interminables carreteras de este país ,suele ser un auténtico placer .

Espero que estos breves y sencillos consejos os ayuden a planificar mejor vuestra ruta y os puedan evitar problemas en viaje, pues ese es mi principal objetivo.

Después de este intenso viaje por carretera, me imagino que estaréis muy cansados, así que deshaced las maletas, relajaros y nos vemos en la próxima aventura.

Porque no se vosotros, pero yo voy a seguir rompiendo el mapa.

2 comentarios sobre “Estados Unidos – Costa Oeste I – Julio 2015.

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