China – Pekín, Shanghai y Suzhou – Agosto 2014.

Antes de comenzar esta nueva entrada del blog, os diré que a día de hoy me considero un fan incondicional del continente asiático, desde que lo pisé por primera vez, no he hecho más que volver una y otra vez. Esta introducción es necesaria porque seguramente, con la lectura de este post os llevareis una sensación completamente opuesta. Pero viajar a Asia es como aprender a nadar, al principio se le tiene miedo al agua, luego se nada con manguitos, después aprendemos a tirarnos de cabeza y cuando te quieres dar cuenta estás nadando en mar abierto y buceando entre corales.

Dicho todo esto ¡Comenzamos!

Sin duda el viaje a los Emiratos Árabes nos abrió el apetito asiático y China era un país que ya habíamos barajado en años anteriores, pero este año íbamos en serio. Llevábamos ahorrando todo el año para llevar a cabo esta aventura y las facilidades de pago que tenía en la agencia donde trabajaba por aquel entonces, terminaron de hacer posible nuestro sueño asiático.

Recomendación antes de decantarse por China.

Mi recomendación (totalmente discutible), en base a mi experiencia personal, es que si todavía no habéis visitado ningún país asiático, evitéis estrenaros con China y menos aún con Pekín, vuestra satisfacción para con el destino, seguramente variará mucho si ya habéis tenido contacto con la cultura asiática antes. 

Algunos buenos destinos para iniciarse, por ejemplo, pueden ser Tailandia, Hong Kong o incluso Corea del Sur. Estos on Países donde, evidentemente tendréis ese factor asiático que buscáis, pero en dosis menores. En el caso de Tailandia, al ser un país muy visitado por turistas occidentales y tener ciudades muy “Tourist friendly”, estaréis más cómodos y además la gente hará que os sintáis como en casa. Hong Kong es también una opción muy buena , ya que vais a vivir China pero de una forma muy occidentalizada, debido a la evidente influencia inglesa que acompaña a esta región desde sus inicios. Por  último, Corea del Sur, seguramente será la opción más light, ya que,  aunque hay costumbres muy comunes con otras naciones asiáticas, es sin duda un país menos agresivo culturalmente y prueba de ello está en su sociedad sosegada y respetuosa, de hecho se dice que Corea tiene una extraña mezcla entre China y Japón, mezclando lo mejor de cada casa. 

Comenzar por Pekín es meterse de lleno en el Asia más profundo, una cultura muy fuerte y dramáticamente diferente a lo que un español vive en su día a día en casa, lo cual no es en absoluto malo, pero dependiendo de cómo sea cada viajero , es importante planteárselo antes de visitar el gigante asiático. Yo, como buen viajero novato, no lo pensé de ese modo y me tocó pasar alguna que otra mala experiencia, quién sabe si tal vez fue eso lo que me hizo enamorarme de este continente.

Después de leer este último párrafo, os estaréis preguntando ¿Pero a qué se referirá este tipo con este choque cultural? ¿Qué es tan malo?… Y con toda razón.

No es que haya nada malo o peligroso en esta cultura, tal vez todo lo contrario.

Pero en Europa y en España concretamente, estamos muy acostumbrados a que las cosas sean de una manera, cuando digo “las cosas” me refiero a que, absolutamente todo lo que hacemos sigue unos patrones, tenemos unas costumbres muy marcadas y que para nosotros son normales. Bien, pues en Asia (detesto referirme a Asia como si fuese un solo país idéntico e indivisible, pero lo hago con fines explicativos, ruego me perdonen), como es lógico, tienen sus patrones, sus conductas y sus costumbres. Enumeraré algunas curiosidades de China, para ver si termino de explicar este asunto y nos metemos en materia:

  • En China son más de 1000 millones de personas, por lo que no esperes ser importante, ser especialmente respetado, que no se choquen contigo en la calle o que no te pisen en el metro y por supuesto no esperes que respeten tu lugar en la fila del supermercado.
  • En China comen casi cualquier cosa que tenga carne, ya tenga alas, antenas, escamas, bigotes o cuernos, además utilizan aceites de soja, cacahuete o sésamo para freír , fríen en la calle y las calles no suelen estar muy limpias, por lo que aunque para ti huela mal y tengas nauseas, recuerda que quizás para ellos oler eso es como para ti oler un espetito en Málaga.
  • El concepto de higiene es muy diferente al nuestro, ya sea en restaurantes, en servicios públicos o en el propio metro. Para un Chino, escupir en la vía pública casi cada 2 minutos es algo normal, lo bueno es que antes de soltar el esputo, te avisan con una pequeña orquesta gutural previa,y te da tiempo a prever donde caerá el regalito, lo malo es que son tantos  cayendo a la vez, que es difícil garantizar que el próximo no acabe en la suela de tu zapato.
  • Cuando hay un semáforo en rojo para coches en Europa, por supuesto exceptuando Nápoles, tú, como buen peatón, cuentas con que la carretera es tuya por unos segundos para poder cruzarla. Bien, pues en Pekin eso no es así, sea del color que sea la señal luminosa, el pekinés va a pasar, mi consejo es que para cruzar cualquier calle, te pegues a un grupo de pekineses e imites cada uno de sus movimientos, nada te va a garantizar la seguridad mejor que esta sencilla técnica.

Espero que estos cuatro ejemplos os hayan hecho entender un poco mejor a lo que me refiero cuando hablo de que Pekín es una ciudad con una identidad y un choque cultural muy fuertes para el viajero principiante en Asia.

Insisto en que se puede viajar a Pekín sin haber siquiera pisado Tomelloso antes, por supuesto que sí, pero prefiero que antes de hacerlo hayáis podido leer estas líneas para que, al menos no os sorprenda al llegar.

Planificación.

No era un viaje difícil de planificar, pero el nivel iba subiendo, teníamos que tramitar visados, resolver algunos asuntos de transporte y aclarar cómo realizar algunas visitas que sí o si queríamos hacer. El nivel de experiencia viajera seguía siendo básico por lo que no quisimos ser pretenciosos y diseñamos una estructura de viaje relativamente sencilla, dividiendo la estancia en dos ciudades; 

Pekín (5 noches):  Reservamos el Hotel Kapok, situado cerca de la Ciudad Prohibida y a 8 minutos a pie de la calle peatonal Wangfujing. El hotel no estaba nada mal, pero es importante indicar que pertenece a una cadena china, por lo que los estándares de calidad son muy diferentes a los occidentales. Una vez más insisto en que esto no es ni bueno ni malo, lo único es que nosotros damos valor a unas cosas que para ellos no son importantes y viceversa. Lo cogimos sin desayuno, y fue un grave error, pues por los alrededores no había ningún lugar para tomar un café y un bollo. No podemos olvidar que estamos en Pekin y en Pekin se desayunan noodles, dumplings, pescado, carne de cerdo y demás manjares, que a mi a las 8 de la mañana se me hacen bola. Sí sois cómo yo y necesitáis un buen café para empezar el día, coged el desayuno en el hotel.

Shanghai (6 noches):  Aquí encontramos una super oferta en el Hotel Radisson Blu New World, situado frente a la conocida People’s Square y a pocos metros de la calle peatonal Nanjing Road. Este hotel, sin embargo, nos encantó, además de estar ubicado en una zona perfecta, era un edificio emblemático y el servicio era de 10. Pese a no coger desayuno, Shanghai, al ser una ciudad de negocios y con mucha más influencia europea que Pekin, tenía cientos de cafeterías de cadenas internacionales , lo que incluso nos permitía elegir una para cada día.

Los vuelos los compramos también a buen precio, con Fly Emirates, ida a Pekín y regreso desde Shanghai, haciendo escala en ambos trayectos en Dubai, un viejo conocido. Emirates, aunque ha bajado un poco a nivel de servicio y ya no es tan innovador como unos años atrás, es siempre una apuesta segura y a mí personalmente me encanta.

En cuanto al Visado, es un trámite que ha cambiado mucho en los últimos años, antiguamente se podía hacer directamente en la embajada de China, pero un año antes de que viajásemos, decidieron canalizarlo todo a través de una central de visados, situada en la calle Agustin de Foxá 29 de Madrid. Había que rellenar un formulario, entregar una reserva de avión y hoteles, junto con el pasaporte y en lugar de cobrarte solo las tasas de la embajada, ahora te cobran eso más unos honorarios de gestión de entorno a 30€, en resumidas cuentas, el visado acaba saliéndote por unos 70/80€. Tengo entendido que ahora una parte se hace online, pero el precio ronda los 125/130€, en definitiva, un saca cuartos como todos los dichosos visados del mundo.

Antes de partir, quisimos llevar organizadas algunas excursiones, pues contábamos con que allí el idioma iba a ser una barrera y tampoco sabíamos cuan fácil resultaría. Contratamos una visita en privado para conocer la Ciudad Prohibida y el Palacio de Verano en castellano (fue un regalo que nos hizo un familiar, yo nunca habría contratado algo en privado ni en castellano, pues mi sueldito de becario no me daba para grandes ostentaciones). Contratamos también una visita colectiva para ver el tramo de Muralla Badaling y las tumbas Ming, dos visitas en Shanghai para ver el Jardin Yuyuan y el templo del Budha de Jade y lo más importante, los traslados entre aeropuertos, hoteles y estaciones (también fue un regalo), todo lo demás lo iríamos improvisando.

Lo último, pero no por ello menos importante, era dejar muy atado el billete de tren entre Pekín y Shanghai. Comprar billetes por internet en China, al menos por aquel entonces, no era como meterse en renfe.com clicar y pagar, nada más lejos de la realidad. La mejor página para comprar estos billetes es TravelChinaGuide , la verdad, es bastante ágil e intuitiva, simplemente hay que seleccionar bien las estaciones, la fecha, y el horario, una vez seleccionado el tren que queremos, debemos seleccionar la clase de reserva (primera, segunda o business, dependiendo del tipo de tren) y por último, escoger cómo quieres recoger los billetes. Hay 3 opciones, en la estación, en el hotel (con recargo) o en un domicilio particular (con recargo), mi consejo es recogerlos en tu hotel, pues las estaciones son un auténtico caos y encontrar lo que buscas no suele ser fácil, recordemos que son muchos y además no hablan ni gota de inglés. Nosotros las recogimos en el hotel y no hubo ningún problema, la página es totalmente fiable y segura. Una vez has elegido donde recogerlos, debes rellenar tus datos y te llegará un mail con los pasos a seguir para el pago, que se debe realizar por Paypal, cuando el pago está confirmado, te mandan una foto de la factura y los billetes y te hacen un seguimiento riguroso del estado del envío al hotel. 

Todo estaba listo, solo faltaba hacer las maletas y emprender el viaje a la República Popular China.

Día de llegada.

Tras dos vuelos de más de 7 horas cada uno, pisábamos suelo chino por primera vez. A la llegada, lo primero que hicimos fue pasar el control de inmigración, donde nos esperaban unas interminables colas y que nos llevaría cerca de 50 minutos. Acto seguido recogimos el equipaje y nos encontramos con el chofer que nos llevaría al hotel, después de cambiar dinero en el mismo aeropuerto. Nada más salir de la terminal para ir hacia el coche, ya podíamos sentir que estábamos en un lugar completamente diferente, una bofetada de calor, acompañada de un intenso olor químico, nos daban la bienvenida a una de las ciudades más contaminadas del mundo. Esta sensación de bochorno nos acompañaría durante casi toda la estancia en Pekín. 

Control de Inmigración.

Ya en el coche y en la carretera, contemplamos un desfile infinito de coches que no se disiparía hasta que llegamos a nuestro hotel.

La atención en la recepción, fue un tanto accidentada, pues estuvimos como 10 minutos esperando a ser atendidos, ya que el personal del hotel parecía no atreverse o no querer atendernos, probablemente por miedo a no entender lo que queríamos. Esta es una sensación que también nos acompañó durante todo el viaje.

Cuando parecía que ya nos iban a atender, llegó un grupo de unos 5 o 6 chinos que directamente obviaron nuestra presencia y comenzaron a ser atendidos por el mismo chico que se disponía a hacernos el Check In. Ya empezaba yo a entender cómo funcionaba este país, repleto de “supervivientes”, aquí primaba la ley del más fuerte y a partir de ahora me tocaba serlo.

Finalmente nos hicieron el check in y nos entregaron los billetes de tren que habíamos comprado por internet. La habitación que nos dieron era una Suite, porque la que teníamos reservada no estaba disponible, pero nos decían que al día siguiente teníamos que cambiar de nuevo. Las cosas empezaban a crisparme un poco y no empezábamos el viaje con buen pie.

Por si fuera poco, llegamos a la habitación, que estaba francamente bien, y nos encontramos el suelo lleno de pepitas de sandía y huesos de otras frutas, además del baño algo sucio y una de las toallas mojada. Sumado al cansancio de los vuelos, al calor y a un cúmulo de acontecimientos, empezaba a cogerle un poco de manía a la ciudad y por momentos me arrepentía de haber escogido este destino.

Para abstraernos de tanta negatividad, decidimos salir a pasear y a cenar algo. Teníamos hambre, pero ningún restaurante nos acababa de inspirar confianza, el fuerte y desconocido olor, sumado a que, no nos engañemos, no soy un tipo fácil gastronómicamente hablando, acabaron obligándonos a ir a lo malo conocido y pese a que muchos pondrán precio a mi cabeza por lo que voy a decir ahora, fuimos a un Mcdonalds. 

En el Mcdonalds las cosas tampoco eran iguales que en España, estaba repleto de gente, muy sucio y desordenado, recuerdo aquel, como el McDonalds más caótico que he visto en mi vida. Las dependientas nos esquivaban la mirada entre sonrisas pudorosas, hasta que finalmente, casi obligadas, nos lanzaron un papel plastificado con las imágenes de los menús. Escogimos rápido y mal y sin entender muchas cosas, pagamos y nos fuimos a buscar mesa y comer lo antes posible para salir de allí. La comida tampoco la olvidaré fácilmente, fuese lo que fuese, aquello era extremadamente picante, hasta tal punto que no sabias si comías pollo, cerdo, ternera o todo a la vez.

Lo mejor que me podía pasar en aquel momento era dormirme y esperar un nuevo día, la verdad es que la cosa solo podía mejorar.

Era muy pronto cuando me dormí, no serían más de las 20.30 y claro, no hay que ser ningún lince para imaginar que a las 3.00 ya tenía yo los ojos como platos, y lo peor es que ya no había quien me durmiese de nuevo.

Día 1 – Ciudad Prohibida y Palacio de Verano.

Llevando ya unas 4 horas despiertos, decidimos salir en busca del desayuno, pues a las 8.30 nos vendrían a recoger al hotel para hacer nuestro tour.

La búsqueda no resultó, anduvimos mucho con la esperanza de encontrar alguna cafetería, aunque fuese un mísero Starbucks para tomarnos un café, pero no lo conseguimos. Solo había restaurantes locales que no ofrecían los productos a los que estamos acostumbrados en occidente y yo sin mi café y sin haber dormido las horas suficientes, no iba a aguantar el intenso día que teníamos por delante.

Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas, nos volvimos al hotel y pagamos los 127 Yuanes (16 € al cambio) que costaba el desayuno buffet, que aunque no fuese ninguna maravilla, tenia café, fruta y tostadas, suficiente para comenzar el día. 

Se nos había hecho tarde, dieron las 8.30 y casi con el café en la garganta salíamos rumbo a la Ciudad Prohibida con nuestro guía Sancho, nombre españolizado  que viene de Zhou Zang. Sancho nos acompañaría todo el día y en su casi perfecto castellano, nos explicaría cada uno de los monumentos que estábamos por ver.

Rincones de la Ciudad Prohibida.

Debido a la buena ubicación del hotel, en cuestión de 10 minutos llegamos a la puerta principal de la Ciudad Prohibida. 

Una visita a Pekín sin entrar en este complejo palaciego, no se puede dar por completada, hablamos de el mayor complejo palaciego superviviente en el mundo, cuenta con más de 72 hectáreas y contiene 980 edificios con mas de 9.999 estancias. Fue construido entre 1406 y 1420 y ha sido residencia oficial del emperador durante cerca de 500 años, desde la dinastía Ming hasta el fin de la dinastía Qing. Paseando por sus diferentes plazas, es inevitable acordarse de la película El Último Emperador y pensar que un día, este fue uno de los lugares más secretos y seguros del Mundo. Mi consejo es contratar un tour guiado o bien utilizar el servicio de audioguía para entender bien cada punto de la visita, pues no es lo mismo conocer la historia e imaginarse cada lugar en su época de máximo esplendor, que simplemente pasear por un lugar bonito y desconocer el porqué de su existencia.

Tras la visita, Sancho nos llevó a comer a un lugar muy auténtico, 100% pekinés y sin ningún turista, vamos el típico sitio donde nosotros por aquel entonces, nunca habríamos entrado. Le dejamos pedir lo que él quisiera y la verdad es que comimos realmente bien. El lugar no entraba por los ojos en ningún sentido, pero al estar con dos locales, el conductor y el propio Sancho, nos relajamos y disfrutamos mucho de la experiencia.

Comida en restaurante local.

Con la barriga llena, tomamos rumbo al Palacio de Verano, a unos 22 km de donde nos encontrábamos, en coche unos 40 minutos.

El Palacio de Verano, que hoy ven nuestros ojos, es prácticamente en su totalidad una reconstrucción del Antiguo Palacio de Verano que fue construido a finales del s XVII como una villa para escapar del calor asfixiante en los meses más calidos, este fue destruido en la segunda Guerra del Opio por las fuerzas franco-británicas y se decidió reconstruir y embellecer en el año 1899.

En su origen se concibió para uso y disfrute exclusivo del emperador y su familia, pero hoy en día es un reclamo para los visitantes pekineses, sobretodo durante los fines de semana.

El recinto cuenta con cerca de 300 hectáreas en las que se distribuyen multitud de estancias, pagodas, estanques y jardines. En este lugar hay algunos elementos que cobran especial importancia como son el famoso Barco de Mármol, el Puente de los 17 arcos, replica casi exacta del famoso puente de Marco Polo (a 15 km de Pekin) o el Gran Corredor, una galería techada de más de 750 metros que bordea el Lago Kunming.

Posando con el Barco de Mármol de fondo.

Abarcar el parque por completo se puede hacer muy duro con las temperaturas veraniegas y en mi caso, con la falta de sueño acumulada fue todo un reto. Las explicaciones de Sancho nos ayudaron a entender muy bien los puntos más emblemáticos del lugar y disfrutamos muchísimo de la visita pese a las circunstancias adversas. Parecía que la espiral negativa del inicio del viaje comenzaba a ver su fin y no había nada que me hiciese más feliz en ese momento.

Tras ambas visitas nuestros amigos nos dejaban en el hotel, para disfrutar del resto de la tarde por nuestra cuenta en la capital China. 

Decidimos descansar un poco, darnos una ducha y salir a pasear por la Calle Peatonal Wangfujing ,que tan poco nos aportó el día anterior. Y la verdad, ya con la mente abierta y despejada comenzábamos a disfrutar mucho más de cada momento. La calle nos gustó bastante, muchos estímulos de todo tipo y en general un lugar agradable para pasear. Investigando y curioseando entre diferentes callejones, dimos con un lugar especial, conocido como Snack Street Wangfujing, es un callejón dentro de esta misma calle, donde hay montones de puestos de comidas y aperitivos típicos de la zona. Os podéis imaginar a lo que me refiero, Bingo! Saltamontes barbacoa, Brochetas de gusanos, pincho de lagarto abierto en canal, bolsitas de grillos y un sin fin de manjares que ni los propios pekineses se atreven a comprar, funcionan básicamente como atracción turística para que te saques la típica foto y cobrarte por ello, la verdad es que a nosotros no nos apetecía en exceso tener esa foto y nos limitamos a disfrutar de semejante espectáculo para los sentidos, ¡Si! ¡Vais bien! …… Sobretodo para el olfato.

Día 2 – Gran Muralla China y Parque Olímpico.

El jet lag seguía haciendo de las suyas, pero como estábamos tan cansados del día anterior, la sensación de descanso era mayor. 

Tras el desayuno, nos recogieron en el lobby para unirnos a un grupo de unas 8 personas contándonos a nosotros, parecía un numero razonable y manejable, así que todo comenzaba bien. Lo primero que visitamos fueron 2 de las 13 Tumbas Ming, situadas a unos 50 kilómetros de Pekín. Se trata de una inmensa necrópolis de más de 40 kilómetros cuadrados, donde están enterrados emperadores, emperatrices, concubinas y cortesanos, todos de la dinastía Ming.

Grabado del Emperador Yongle, situado en el recinto de la tumba Chanling.

Generalmente esta visita a la muralla, suele incluir una parada en estas tumbas y la verdad es que no está de más, porque es realmente interesante conocer al menos uno o dos ejemplos de la importancia que le daban a todo lo que acontecía tras la muerte.

Tristemente el espectáculo acabaría aquí, cuando llegamos al parking del tramo de muralla Badaling, la guía del tour, que era algo dispersa y poco profesional, pues se pasaba todo el tiempo mirando su móvil, nos condujo hasta un funicular, justo a la entrada del tramo de muralla. Nos dio un billete y dijo “Bueno, tenéis una hora para estar aquí de nuevo”,  sin mayor explicación que eso. Es importante aclarar,  que aquello parecía la puerta del Sol un 31 de Diciembre. Una vez frente a la muralla ,era imposible avanzar dentro de los estrechos pasillos y casi hasta donde alcanzaba nuestra vista no había ni un pedazo de suelo libre en toda la muralla. La experiencia estaba muy lejos de ser la que esperábamos y la verdad es que a mí personalmente, me entristeció mucho, pues era un lugar que tenía especial ilusión por conocer. Vista la situación, nos dimos la vuelta y volvimos al punto de encuentro cabizbajos. Pero así como, en su día, le prometí a Nueva York que volvería, hice lo propio con la Gran Muralla China.

Como podéis observar, no exageraba.

Pero no todo era malo, en esta visita conocí a una mujer de Mongolia, que viajaba con su padre ya anciano, ella no paró de hablarme ni un minuto sobre su hermoso país, del que por aquel entonces, sabía poco más que pronunciar el nombre de su capital. Me dio su tarjeta y por cosas de la vida, 4 años más tarde la contactaría para organizar mi viaje a Mongolia, del que ya os hablaré a su debido tiempo.

Tras el fiasco de la muralla y las típicas paradas “comisioneras” de todo tour turístico (en este caso tocaba fabrica de jade y tienda de té) , le pedimos a la guía que a la vuelta nos dejase en el Olympic Park, para así al menos ahorrarnos el transporte desde el hotel hasta aquí, y así lo hizo.

En este parque, construido para las olimpiadas de 2008, lo que más nos atraía era poder ver, aunque fuese desde fuera, el Bird’s Nest, o Nido del Pájaro, el Estadio Olímpico Nacional con su particular forma arquitectónica. La zona es agradable para pasear durante un rato, así que tras apreciar el colosal estadio y recorrer el parque a pie, decidimos volver al hotel para refrescarnos y salir a cenar.

Ante el Estadio Nacional de Pekín.

Día 3 – Templo del Cielo y Mercados de Falsificaciones.

Como este día no teníamos ninguna actividad con horario determinado, y no queríamos seguir pagando 32€ por un café y unas tostadas, salimos en busca del desayuno antes de ir al Templo del Cielo. En la calle comercial Wangfujing, encontramos un Costa Coffee que nos vino de maravilla para recargar fuerzas para comenzar el día. Acto seguido, tomamos el metro en dirección Tiantandongmen, que se encuentra a unos 20 minutos a pie del Parque Tiantan Gongyuan, que alberga el famoso templo. Es el mayor templo circular de China, que construido en 1420, sirvió como lugar de oración para las dinastías Ming y Qing, en concreto para pedir y dar gracias al cielo por las buenas cosechas. El templo es una pagoda circular, realmente imponente y de una belleza extrema, pero además el entorno que lo rodea, invita al recreo y el esparcimiento, de hecho, es muy curioso ver las clases colectivas de aerobic, los pequeños grupos haciendo tai-chi o los amigos jugando al Jian Zi, un tradicional juego chino que consiste en patear un disco con una pluma y pasárselo de unos a otros sin que caiga al suelo, parece realmente divertido a la par que complicado. De hecho en uno de los mercados, compramos uno que aun conservo y guardo con cariño.

La mejor foto que rescaté del lugar.

Vistos el templo y su gran parque, optamos por andar en dirección a la estación de metro de nuevo, para visitar el Hongqiao Market o mercado de las perlas, uno de los mercados de falsificaciones más conocidos, pero que como su propio nombre indica, está más dirigido a aquellos que buscan perlas de mejor o peor calidad. 

Sabíamos que el mercado bueno no era este, pero al estar tan cerca, teníamos que hacerle un visita. Efectivamente, salvo algún souvenir, no encontramos grandes chollos ni el tipo de compras que buscábamos, principalmente camisetas de futbol y de la NBA. Pero aun tenía esperanzas de encontrar buenas oportunidades en el resto de mercados que me quedaban por ver. Paramos a comer en el mismo mercado y desde aquí, tomamos un taxi hacia el Mercado de la Seda. Teníamos muchas esperanzas en él y muchas horas disponibles para buscar gangas y volver cargados de bolsas. Este mercado es un edificio de más de 5 plantas con absolutamente de todo lo que puedas imaginar en materia de imitaciones y de todas las calidades posibles. Generalmente los tenderos, exponen las copias de peor calidad para venderlas primero, pero si eres insistente, acaban sacándote copias prácticamente idénticas a los productos originales.

Las puertas del Paraíso.

Después de muchas horas de regateo, muy divertidas por cierto, acabé comprando montones de camisetas de la NBA, las camisetas del Real Madrid, camisas de marca, polos, regalos para toda la familia, souvenirs, etc… y todo ello a precios peligrosamente económicos.

Como era de esperar, estuvimos en este lugar hasta el cierre y fue una actividad que no nos defraudó. Para poderla disfrutar al igual que nosotros lo hicimos, te tienen que gustar las compras y el regateo, si no, probablemente acabarás harto. 

Algunas de las compras.

Exhaustos y habiendo reventado el presupuesto de ese día, regresamos al hotel para despedir un día muy completo.

Día 4 – Parque Jingshan, Plaza Tiananmen y Qianmen.

Último día de visitas en Pekín, una ciudad con la que no empezamos bien, pero que poco a poco nos había ido robando el corazón.

Hoy nos faltaban algunos puntos importantes y casi todos ellos relativamente cerca del hotel.

Decidimos caminar en dirección norte hasta la puerta más septentrional de la Ciudad Prohibida, concretamente al Parque Jingshan. Este parque está situado en una colina que esconde una curiosidad, resulta que la colina es completamente artificial y se construyó con todos los escombros y tierra sobrante de la excavación de la Ciudad Prohibida. Además de ser interesante ya solo por este dato, os diré que subir esta colina y llegar al templo situado en su cima fue uno de los momentos más bonitos de todo el viaje. Parecía que Pekín nos quería hacer un regalo de despedida y este día el cielo, que por norma general había mantenido un tono grisáceo, se pintó de azul y pudimos contemplar desde lo alto, una panorámica maravillosa de toda la ciudad prohibida de Norte a Sur, alcanzando a ver de forma nítida incluso la puerta de Qianmen, que más tarde visitaríamos. Ninguna de las fotos que pude hacer en ese momento, harán justicia a lo que vieron nuestros ojos, la estampa era tan bonita que decidimos sentarnos y disfrutar de este momento único durante uno minutos.

Vistas desde el Mirador de Jingshan.

Estando aun emocionados con lo que acabábamos de ver, comenzamos el descenso de la colina y pusimos rumbo hacia el sur, durante unos 45 minutos. Llegábamos así a la archiconocida Plaza de Tiananmen, una de las plazas más grandes del mundo, con 440.000 metros cuadrados y 880 metros de norte a Sur. La plaza constituye el centro geográfico y político de la ciudad de Pekín. A su alrededor podemos contemplar diferentes edificios de suma importancia nacional, como, el Mausoleo del líder comunista Mao Zedong, El Museo Nacional de Historia y de la Revolución, el Palacio del Pueblo o el Teatro Nacional de China. Casi en el centro de la plaza destaca el Monumento a los Héroes del Pueblo, que junto con la Puerta de la Paz Celestial, que da acceso a la Ciudad Prohibida, es de los puntos más emblemáticos de la histórica plaza. Es importante recordar, que esta última puerta de la que hablamos, pese a tener el colosal retrato de Mao Zedong en su fachada, no debe confundirse con su mausoleo, es un error muy habitual que los visitantes suelen cometer.

Puerta de la Paz Celestial, en obras.

Pero queridos amigos, así entre nosotros, esta plaza por mucho que presuma de ser la más grande del mundo, es también de las más inaccesibles, debemos tener en cuenta que para poder acceder a ella, se realizan colas eternas y severos controles de seguridad, que son cada año peores, cuando realmente no deja de ser una enorme extensión de terreno sin edificar, en el centro de la ciudad. Es más que evidente que la plaza merece una visita desde los alrededores para apreciar su colosalismo, pero, a no ser que sea el sueño de vuestras vidas, hacer cola bajo el sol para entrar, carece de mucho sentido.

Tráfico caótico alrededor de la plaza.

Tras rodearla casi por completo y ser testigos de sus enormes dimensiones, decidimos continuar todavía más hacia el sur para llegar a Qianmen, o la Puerta del Sol Cenital, construida en 1421 durante la dinastía Ming. Esta puerta, solía custodiar la entrada sur del centro de la ciudad y es de las pocas murallas fortificadas que quedan en pie en el centro de la ciudad. Es posible atravesarla caminando por su gran arco inferior, que da acceso a una agradable calle peatonal repleta de comercios y tiendas tradicionales que nosotros no dudamos en explorar. Lo más interesante y bonito de esta zona, es que de los laterales de la calle peatonal que mencionaba, surgen los famosos Hutong, callejones muy estrechos con casas bajas, típicamente pekinesas que, aunque se han convertido en un icono turístico, en ellas aún residen miles de personas. Es una idea fantástica dejarse llevar por estos callejones para descubrir uno de los lugares con más esencia de la capital china.

Uno de los múltiples Hutong de la zona.

Para despedirnos de Pekín por todo lo alto, tras todas las visitas, quedamos a cenar con un contacto de la agencia de viajes donde trabajaba yo por aquel entonces. Weng, el responsable del receptivo que nos había organizado la visita del primer día y ayudado con los traslados. Nos invitó junto con su familia, a cenar a un restaurante muy típico entre los pekineses y sin turistas, para probar el autentico Pato Pekinés. Debo decir que fue una cena muy divertida e interesante, aprendimos muchas cosas de su cultura y me ayudaron a perfeccionar mi técnica con los palillos, que buena falta me hacía. Fue el broche perfecto para cerrar una primera fase del viaje que, pese al mal arranque, recordaré con mucho cariño para siempre.

Día 5 Pekín – Shanghai , tren bala y primeras impresiones.

Con mucha pena, nos despedimos de Pekin y tomábamos el tren bala con destino a Shanghai. Un trayecto de unas 4 horas y media, en el que el tren llega a alcanzar los 400 kmh. La verdad es que la experiencia de viajar en tren en China es muy interesante. Los paisajes son tan diferentes a lo que estamos acostumbrados a ver, que es una atracción en sí, llama muchísimo la atención ver que en zonas visiblemente aisladas, surgen de la nada bloques de viviendas descomunales que fácilmente pueden superar las 30 o 40 plantas y que no muestran muchos signos de estar habitados.

En un punto del viaje, todos los pasajeros parecen ponerse de acuerdo y comienzan a servirse noodles instantáneos en sus cuencos, para los que llevan termos de agua caliente de por lo menos 3 o 4 litros. Al final ,entre los intensos olores de sus manjares, los gritos y las discusiones que tienen mientras juegan a las cartas, se crea un ambiente único que , tal vez no es lo deseado si viajas todos los días, pero como primera experiencia ferroviaria en China, no deja de resultar cautivador.

Vivida la experiencia, llegábamos a la estación de Shanghai, donde nos esperaba un chofer para llevarnos al hotel. La ciudad parecía muy distinta a Pekín, se notaba cierto orden y sobretodo, podíamos observar que Shanghai iba un pasito por delante de la capital en cuanto a modernidad y vanguardia, en todos los sentidos. Enormes rascacielos, algunas calles relucientes, semáforos en rojo con coches parados esperando, ¿A caso estábamos en el mismo país?

Complejo New World, edificio de nuestro hotel.

A la llegada al hotel, la verdad es que alucinamos, era un edificio precioso, parecía tener un platillo volante en la azotea y el interior era completamente distinto al hotel de Pekín, igual de distinto que fue el trato que recibimos, a la altura de un buen hotel. Nos atendieron ipso facto y nos dieron una habitación enorme. Estábamos encantados con este hotel, que además tenía una piscina con vistas a la ciudad, que sin duda, fue lo primero que estrenamos.

Tras instalarnos y darnos un baño en la piscina, decidimos salir a explorar los aledaños del hotel , estábamos justo enfrente de People’s Square de multitud de centros comerciales y de Nanjing Road, una calle peatonal repleta de tiendas y restaurantes. Durante el día de hoy , era suficiente para nosotros así que, entre unas cosas y otras echamos el resto del día paseando por la zona.

Día 6 – Jardín Yuyuan y Templo del Buda de Jade.

Shanghai es una ciudad que llama la atención por su aspecto modernista y tecnológico, pero no debemos olvidarnos de que es una ciudad cuyo origen se remonta al año 960 d.C, cuando los refugiados, que huían de los mongoles, se asentaron en el área donde hoy vemos grandes rascacielos y modernas estructuras arquitectónicas.

Con esto quiero decir, que es una ciudad que cuenta con una larga historia y lugares de suma importancia en cuanto a patrimonio cultural.

En la visita de hoy veríamos dos de esos puntos, el primero de ellos, el Jardín Yuyuan, situado al norte de la ciudad, cerca de la antigua muralla. Es uno de los jardines más importantes de la República Popular China y fue diseñado durante la dinastía Ming entre 1559 y 1577.

Jardín Yuyuan.

La historia de este Parque es muy inspiradora y nos llamó mucho la atención. Resulta que el funcionario que construyó este parque, se inspiró en los grandes jardines imperiales, única y exclusivamente para que sus ancianos padres pudiesen ver qué aspecto tenían dichos parques, ya que ellos jamas podrían verlos debido a la lejanía y las malas condiciones de salud en las que se encontraban. El hijo, decidió darle el nombre de Yuyuan, que significa “Parque de la salud y la tranquilidad”. Sin duda, el nombre hace justicia a todo lo que el visitante siente en este jardín, que acaba convirtiéndose en un oasis de calma dentro del caos de la ciudad más poblada de China.

Siguiendo la visita, el guía nos llevaba al Templo del Buda de Jade, un templo construido en 1911, que aunque visitamos el templo, lo que realmente le otorga valor son las 5 estatuas de Buda esculpidas en jade que se encuentran en su interior. Cada estatua representa a Buda en una posición diferente, además de cientos de piezas de oro, hay una estatua de Buda recostado que fue un regalo de Singapur a China, que no debe confundirse con las piezas originales. 

Pese a que esta visita es muy típica de Shanghai, he de decir que a nosotros no nos cautivó, si bien es cierto que las piezas de jade son realmente bonitas y de un gran valor histórico-artístico, la ubicación del templo y su estilo arquitectónico no son especialmente atractivas, por eso no considero que sea una visita obligatoria.

Terminadas las visitas guiadas del día, regresamos al hotel y decidimos pasar la tarde en otro lugar que habíamos buscado mucho por internet, el Mercado de Imitaciones de la calle West Nanjing, relativamente cerca de nuestro hotel. Por si os lo habéis preguntado, la respuesta es Si, todavía nos quedaban fuerzas para el regateo y queríamos hacer las ultimas grandes compras.

Tras unas compras exitosas, aunque no tanto como las del Pekín, regresamos al hotel y empezábamos a pensar en el día siguiente, que sería una pequeña aventura.

Día 7 – Aventura en Suzhou.

Tal y como habíamos planeado el día anterior, hoy saldríamos por la mañana temprano hacia la estación de trenes de Hongqiao para comprar los billetes de ida y vuelta a la ciudad de Suzhou, conocida como la Venecia de Oriente.

Indicaciones claras y fáciles de entender

Como ya sabíamos de primera mano que las estaciones en China son caóticas y que la comunicación con los empleados de taquilla iba a ser todo un reto, nos llevamos la traducción de lo que queríamos en un pantalla del móvil, concretamente: “上海-苏州10.15” y “苏州-上海18.20”, lo que venía a significar algo así como: “Shanghai- Suzhou 10.15” y “Suzhou Shanghai 18.20”.

Bien, pues tras varios problemas para dar con la taquilla y varias luchas de codos con viajeros intentando colarse, conseguimos comprar los billetes mostrando la bendita captura de pantalla, el precio fue de unos 5 euros por trayecto y persona y el trayecto duraría poco más de media hora.

A la llegada a la estación, que se encuentra bastante retirada de la zona objetivo, existen varias opciones, una de ellas es coger un taxi hasta , por ejemplo el Jardín del Administrador Humilde (puedes mostrar esto al taxista 拙政园), que está situado en pleno centro de la zona más bonita y más turística, o bien podéis ir a pie, no lo recomiendo mucho en verano, pues el calor es sofocante y además no es un paseo agradable.

Jardín del Administrador Humilde.

Nosotros lo hicimos en taxi y la verdad, es que funcionó sin mayor inconveniente. Visitamos el citado jardín y nos pareció una visita muy interesante y sin duda recomendable, aunque es cierto que al haber visitado el Jardín Yuyuan de Shanghai el día anterior, no nos sorprendió tanto como debería.

Uno de los pintorescos canales de la ciudad.

Parece un poco absurdo ir a Suzhou y no visitar nada más que uno de sus jardines, teniendo en cuenta que tiene por lo menos 5 jardines de extrema importancia cultural y que parte de su encanto reside en la variedad de jardines que posee. De todos modos, nosotros consideramos que el cupo de jardines ya había sido más que cubierto y por ello, optamos por continuar paseando por la parte histórica de la ciudad y recorrerla a pie, bordeando sus canales y apreciando sus edificios pintorescos. Pese a ser una ciudad muy turística y haber muchísima gente, nos pareció que haber cogido el tren había merecido mucho la pena. Además la ciudad tiene rincones fascinantes, donde hay muy buenos restaurantes, así que nos pareció una idea genial sentarnos a comer en una terraza de las muchas que encontramos a orillas de una precioso canal y degustar uno de los mejores dim sum que he comido en mi vida. Una pena que no me quedase con el nombre de aquel sitio, porque estaban realmente buenos.

Terrazas para comer al aire libre.

Suzhou nos había encantado, tanto fue así que cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos jugando con el crono y debíamos pensar en el plan de regreso. Aquí comenzaba la mini aventura.

Quedaban unos 35 minutos para que saliese nuestro tren y todavía estábamos a unos 10 en coche de la estación. Pero claro, no teníamos coche y había que buscarlo. Del mismo modo que conseguir un taxi en la puerta de la estación fue coser y cantar, no pensamos en que a la inversa no sería tan sencillo.

Anduvimos hacia la carretera principal para intentar parar un taxi, pero todos los que pasaban nos ignoraban. Parecía que nos perseguía de nuevo el “miedo” al occidental que ya nos habíamos encontrado en anteriores ocasiones. Los minutos seguían pasando y el tiempo se nos agotaba poco a poco. Conseguir un taxi no parecía fácil y caminando no íbamos a llegar. Cuando de pronto, del otro lado de la carretera vimos un Rickshaw o Bicitaxi, conducido por un sonriente joven al que gritamos: – “¡Station, Station Please!” – desesperados, e intentando llamar su atención. El joven se acercó y con el rostro iluminado, sonrió. Le habíamos alegrado el día casi tanto como él a nosotros, negociamos un precio de 80 Yuanes (unos 9 euros) y nos subimos a bordo del bólido. Eramos el único vehículo no motorizado de toda la carretera, los coches bufaban a nuestro lado a grandes velocidades y los gemelos de nuestro amigo parecía que iban a explotar de un momento a otro. No os negaré, que por momentos temí por nuestras vidas, pero teníamos que llegar y esta era la única forma de hacerlo, así que, pasados unos minutos de temor, decidimos relajarnos y disfrutar del viaje.

El protagonista de nuestra aventura, descansando en un semáforo.

Finalmente llegamos sanos y salvos y como solo tenía billetes de 100 yuanes , le entregué uno al héroe del día y al irme a devolver el cambio, se lo rechacé amablemente, se lo había ganado con creces.

Tras un día cargado de disfrute y aventura, tomamos el tren a Shanghai para descansar.

Día 8 – Concesión Francesa, Perla de Oriente y Bund.

Tras perder China la guerra del opio, los franceses ocuparon algunas zonas de China, entre ellas una parte de la ciudad de Shanghai, que pasó a ser gobernada casi como si fuese una parte de Francia, desde el 1849 hasta 1946. Los franceses dejaron su huella en la ciudad y hoy en día se pueden encontrar muchos rincones que son una clara evidencia de su paso por aquí. Amplias avenidas, zonas ajardinadas, mansiones de estilo europeo, son muchos los elementos que han hecho que hoy en día esta zona popularmente bautizada como Concesión Francesa, sea un lugar exclusivo de mucho ambiente y que alberga cientos de boutiques, restaurantes y cafeterías de moda. Nosotros no queríamos perdérnoslo y decidimos salir a pasear por la zona, sin ningún objetivo concreto a parte de pasear con tranquilidad y disfrutar de sus calles y de esa arquitectura tan poco habitual del país donde nos encontrábamos.

La visita, como era de esperar, no fue excesivamente larga y en el camino de regreso al hotel, antes de poner rumbo al Bund y la zona de Pudong, nos topamos con algo que parecía un improvisado mercado de antigüedades, o mercado de pulgas que nos mantuvo entretenidos un buen rato. Compramos algunos objetos curiosos y retomamos la ruta, más tarde descubrimos que no era improvisado y que se trataba del Dongtai Road Antique Market.

Mercado de Antigüedades Dongtai.

Nuestro objetivo era llegar a pie hasta el río Huangpu y cruzarlo para llegar a la Perla de Oriente, probablemente la torre más original del skyline shanghainés. Lo cruzamos en barco y así aprovechamos para ver la perspectiva de ambos lados del río desde el agua y finalmente llegamos a tierra firme. Compramos los billetes en la taquilla (unos 19€ cada uno) y subimos al mirador, situado a unos 468 metros de altura, las vistas de la ciudad eran abrumadoras y como algunos tramos del suelo eran de cristal, la sensación de altura resultaba mucho más impactante.

Recomiendo subir al menos a uno de los rascacielos más altos de la ciudad, y de verdad, hoy en día tenéis para elegir. Nosotros subimos a la Perla de Oriente y a continuación al  Shanghai WFC (492m) , en aquel momento, la torre más alta de China. Ahora hay una todavía más alta, que es la Torre de Shanghai de 632 metros, solo superada en el mundo por el ya visitado Burj Khalifa de Dubai. A la Torre de Shanghai, también se puede subir y el espectáculo está garantizado.

Tras este tour por las alturas, quisimos bajar a tierra para descubrir qué escondía este lado del río. Sinceramente, al ser una zona eminentemente financiera, no hay grandes atractivos para el turista a parte de centros comerciales y restaurantes de grandes cadenas, por eso y aprovechando que empezaba a atardecer, quisimos regresar al otro lado del río. Lo haríamos de una forma muy china, cruzamos por el túnel luminoso de Huangpu o Bund Sightseeing Tunnel, no me preguntéis porqué, pero en general, a los chinos les encantan las luces de colores, y este túnel no es más que una cabina acristalada que cruza el río por debajo y que está llena de bombillas de colores y sonido. La gracia son 6€ y aunque puede resultar bastante “cutre” a ojos de un viajero occidental, es una forma de entender un poco mejor los gustos de cada cultura y aprender a respetarlos.

Pese a la pésima calidad de la imagen, se puede apreciar la grandeza del Bund.

Una vez llegamos al otro lado del río, nos sentamos a apreciar la caída del sol sobre el skyline del Bund así como la progresiva iluminación de todos los edificios que lo componen, un espectáculo diario muy típico de Shanghai y que ponía de la mejor forma posible, punto y final al día.

Resto de días y visitas complementarias.

El tiempo se nos iba acabando y los puntos más importantes de la ciudad ya los habíamos visto.

Ademas de todo lo ya mencionado os enumero otras actividades que hicimos y que pueden terminar de completar vuestra visita a Shanghai:

Shanghai Science Museum: Es un museo de ciencias naturales y tecnología que en el momento de su inauguración debió ser espectacular, pero considero que no ha sabido reinventarse muy bien y al menos cuando yo lo visité no me resultó especialmente interesante. Probablemente porque viniendo de China, una potencia mundial en términos tecnológicos, mis expectativas estaban bastante altas.

Mercado de imitaciones Subterráneo: Curiosamente, prácticamente debajo del museo que acabamos de comentar, se encuentra un mercado de falsificaciones bastante grande. En cuanto a productos, el mercado es bastante similar al que está situado en West Nanjing, pero si buscas imitaciones en China y aún no has encontrado nada, este mercado sin duda puede resolverte la papeleta. No obstante, el Mercado de la Seda que visitábamos en Pekín es sin duda el mejor.

Entrada al Mercado.

Century Park:  Es el parque más grande de la ciudad de Shanghai, con 140 hectáreas. Es un parque que, si tienes tiempo y ya no sabes que más visitar en la ciudad, se convierte en una genial alternativa. Es también un lugar ideal para desconectar, pasear e incluso alquilar un barquito motorizado para recorrer sus canales, una experiencia que hicimos y nos encantó. Tal vez no lo marcaría como imprescindible, pero sí como una buena alternativa si te has quedado sin ideas. Curiosidad: a la entrada del parque te venden tortugas, peces, lagartos e incluso patos vivos para que los sueltes en el parque.

Qibao Old Town: Para los que no hayan tenido tiempo de visitar Suzhou, Qibao es una buena alternativa para sacarse la espinita. Es una zona ubicada al Suroeste de Shanghai (se puede llegar en metro) que cuenta con una pequeña parte histórica y ofrece un paisaje que, salvando las distancias, recuerda algo a Suzhou, debido a que tiene un gran canal y pequeños canales aledaños,. La zona es agradable para pasar una tarde o una mañana y ver un paisaje diferente al de la moderna ciudad.

Qibao Old Town.

Lugares no visitados en el Viaje.

Todo viaje tiene sus limitaciones y muchas veces por diferentes motivos, no da tiempo a ver todo o simplemente, si viajamos con más personas, debemos buscar el equilibro en base a los intereses de cada uno.

Por eso os dejo a continuación algunos puntos no visitados en nuestro viaje pero que podrían encajar en vuestros planes.

Pekín:

Tramo de Muralla Mutianyu: Este tramo es el que yo quería haber visitado, por varios motivos. Por lo que he leído y por lo que muchos amigos que lo han visitado me han contado, es un tramo donde resulta más fácil caminar evitando las masas y además tiene la peculiaridad de que una vez arriba, a la altura de la muralla, puedes elegir descender en un tobogán sentado en una especie de carro con frenos. Creo que es una forma muy original de visitar la muralla y como le tengo prometida una visita, me cercioraré de llegar hasta este tramo en un futuro.

Shanghai:

Excursión a Hangzhou: Junto con Suzhou, es de las visitas más habituales desde Shanghai,. Es una ciudad que alberga un espectacular lago, el Lago del Oeste, donde por las noches hay espectáculos de teatro de luces sobre el agua y dicen que es una experiencia increíble, además la ciudad cuenta con diferentes atractivos a nivel cultural, como por ejemplo el Templo Lingyin, la Pagoda Leifeng o el Museo Nacional del Té.

Excursión a Zhujiaojiao: En este caso, se puede llegar en metro y se tarda alrededor de una hora y 40 minutos y es también una alternativa a Suzhou, pues es de los conocidos “pueblos de agua”. En mi opinión lo ideal es decantarse por una de las dos, pues tal vez visitar ambas pueda resultar repetitivo.

Sobra decir que a este viaje se le podrían haber añadido infinidad de extensiones, casi tantas como se nos ocurran. Por ejemplo es muy habitual incluir Xi’an y así ver los guerreros de terracota, del mismo modo que Guilin o incluso una mini extension a Hong Kong. China, al igual que muchos otros países de extensos territorios, no es un país de un solo viaje , por lo tanto dependerá de nosotros y de nuestro tiempo, presupuesto y energía el hacerlo de una u otra forma.

Conclusión sobre China.

De la misma manera que empezaba esta entrada del blog, os repito que me considero un fan incondicional del continente asiático y en parte se lo debo a este viaje.

La pasión que siento por todo lo que este relacionado con Asia, es difícil de definir, es una relación de amor odio. Podríamos compararlo con un hermano, lo quieres mucho pero a veces te saca de quicio. Cada vez que viajo a Asia, en ciertos momentos pienso, “el próximo viaje no lo hago a Asia ni de coña”, pero por unas cosas o por otras, siempre acabo volviendo y creo que mientras tenga salud y pueda permitírmelo lo seguiré haciendo, porque me da muchas cosas que hacen que aumenten mis ganas de conocer más sobre este sorprendente y enigmático continente.

Lugareños jugando al Ajedrez Chino.

Continuando con lo que decía al inicio, China es un gran culpable de este sentimiento, pues me mostró que la cara menos agradable en un principio, es la cara más autentica y la que me acaba enganchando. China es un país que, a su manera, me ha dado la bienvenida y que indirectamente me ha pedido por favor que no me vaya. He visto lugares que de niño jamás imaginé que vería, me he sentido muy perdido en un lugar que no para por ni para nadie, que está en constante cambio y crecimiento, pero que a su vez conserva tradiciones milenarias. En definitiva es un país que probablemente no sea el mejor del mundo en muchos aspectos y que tal vez ,toda la mala fama y los enemigos que tiene se los haya ganado a pulso. Pero como viajeros, no somos nosotros quien para valorar eso. Mientras viajamos, simplemente nos toca ver oír y callar, cuando llegamos a casa, somos libres de opinar como lo que somos, viajeros.

Pues si de algo estoy seguro y vosotros también deberíais estarlo, es que durante todos los viajes que hagamos, vamos a ver muchas cosas que no nos gustarán y cuanto más viajemos, más cosas veremos. Debemos aprender a convivir con ello y mimetizarnos con el lugar y tratar así de entender el porqué de todo cuanto nos afecta cuando salimos de casa. 

Esta es la única manera de que podamos seguir rompiendo el mapa.

4 comentarios sobre “China – Pekín, Shanghai y Suzhou – Agosto 2014.

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