Alemania – Berlín y alrededores – Agosto 2013.

Teniendo en cuenta que los años académicos eran muy intensos y que además trabajaba de forma simultánea, los viajes contundentes tenían lugar casi siempre en el mes de agosto.

Tenía yo por aquel entonces 22 primaveras y pese a ello, mi cuerpo ya me pedía algo de relax, pero también un viaje más cañero. La economía era la que era y las Maldivas se nos quedaban algo grandes, así que estuvimos una semanita en la maravillosa Costa del Sol y parte de la otra la pasaríamos pateando la capital teutona.

 !Si, nos íbamos a Berlín!

Mirando con tiempo y con algo de planificación, conseguimos con la compañía Air Berlin, unos billetes directos Madrid – Berlin (Tegel) , por poco más de 140€ por cabeza y también dimos con una muy buena oferta de hotel en el Sana Berlin, un hotel que curiosamente es de una cadena portuguesa. El hotel, está situado en la zona de Charlottemburg, cerca de la calle comercial Kurfurstendamm o Ku’damm para los amigos. En líneas generales, nos gustó mucho ya que contaba con habitaciones modernas, limpias y muy espaciosas, es cierto que tal vez estaba algo retirado de lo que consideraríamos el centro, pero nada que el metro no pueda solucionar y por suerte teníamos la estación de Augsburger Strase a 2 minutos a pie.

El motivo de elegir Berlín y no cualquier otra capital europea, fue que considerámos que tenía muchas cosas que ofrecernos a nivel cultural, museos, una historia fascinante a la par que trágica, pues recordemos que Berlín fue asolada durante la Segunda Guerra Mundial, y también ofrece visitas muy interesantes en los alrededores de la ciudad y ambiente joven, en definitiva era una ciudad muy completa y nos moríamos de ganas por echarle el guante.

Berlín es una ciudad muy fácil de visitar, cuenta con una de las mejores infraestructuras de transporte urbano de Europa y a precios razonables (Ligeramente más caro que en España), la capital alemana, está muy bien diseñada para los amantes de las bicicletas, pero hay que saber manejarse y entender las normas y hábitos viales de los berlineses, por eso a nosotros la idea de pedalear no nos seducía. Transportes a parte, la ciudad ofrece mucha seguridad al visitante y el clima, pese a ser cálido en verano, es mucho más suave que en Madrid, Sevilla o Barcelona. 

Día 1 – Isla de los Museos.

Una isla, 5 museos y horas y horas de interminables exposiciones. Los amantes de los museos y del arte antiguo encontrarán en esta pequeña isla del río Spree, un auténtico oásis de cultura y arte , sin sombra de dudas, tendrían contenido si lo quisieran para varios días sin parar.

Si simplemente te gusta el arte y tienes curiosidad por conocer los museos, pero no eres un apasionado de la materia, aun así, es muy recomendable pagar el precio de sus entradas para contemplar algunas de las obras más famosas y valiosas del mundo.

Las obras que más destacan en esta isla son; La Puerta de Isthar, una de las 8 puertas de la muralla interior de Babilonia, que se encuentra en el Museo de Pérgamo, El Busto de Nefertiti, ilustre busto en piedra, de la esposa del faraón Akenaton, expuesto en el Neues Museum o por ejemplo el Pantocrator Bizantino de principios del s. XII, del Bode Museum. 

Una alternativa muy práctica para poder acceder a todos los museos y otras atracciones de la ciudad, es comprar la Berlin Pass (3 días unos 120€ por persona), así lo hicimos nosotros y además de tener algunas ventajas, como descuentos o pases rápidos y sin colas, si te organizas bien, puede salir más barato que adquirir cada entrada de manera individual. Después de visitar 4 de estos museos durante más de 3 horas y media y contemplar con nuestros propios ojos obras como las citadas anteriormente, decidimos rematar la Isla entrando a la Catedral de Berlín y sobretodo, subiendo a la cúpula para tener una execelente vista panorámica de toda la ciudad, el acceso estaba incluido dentro de la Berlin Pass, así que no lo dudamos ni un segundo. Tras una mañana y parte de la tarde extenuantes, nos sentamos en el césped en frente de la Catedral, para descansar un rato y comer algo antes de continuar hacia nuestro próximo destino. No lo había comentado hasta ahora, pero soy un auténtico freaky de los museos de cera, concretamente del mundialmente famoso Madamme Tussauds, he estado en el de Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Hong Kong, Bangkok, Pekín, Tokyo, Osaka, Londres, Amsterdam y por supuesto Berlín no podía ser menos. Ya con la pilas recargadas, atravesamos toda la calle comercial Unter den Linden y en poco más de un cuarto de hora nos plantamos en Madame Tussauds para la visita. Estuve un rato sentado en el diván de mi amigo Sigmund Freud, estuve también con Einstein, Oliver Kahn, Karl Marx y por supuesto con un triste protagonista de la historia de este país, Adolf Hitler. La visita no duró más de una hora y poco y como siempre, no defraudó.

Nos encontrábamos ahora frente a otro icono del país que me apetecía mucho ver, y aunque la esperaba más grande y majestuosa, ahí estaba ella, la Puerta de Brandemburgo, una puerta que ha visto Berlín en sus etapas más oscuras y en las de mayor esplendor y que aún en nuestros días, ahí está viendo pasar el tiempo, como otra puerta que muchos tenemos más cerquita y que aunque no lo creáis solo es 3 metros más baja. ¡Correcto! la madrileña Puerta de Alcalá.

Puerta de Brandemburgo rodeada de propaganda política (debido a algua campaña en curso)

Vista la puerta y el atardecer que Berlín nos regalaba a sus pies, nos dirigimos a la ya mencionada Ku’damm, cerquita de nuestro hotel, para cenar y pensar en descansar para el día siguiente, que también prometía.

Día 2 – Campo de Concentración de Sachsenhausen.

El segundo día nos alejábamos un poco del centro, para visitar el campo de concentración Nazi de Sachsenhausen, situado a poco más de una hora de Berlín.

Para llegar, tomaríamos el tren hasta Oranienburg, en la linea S1 y desde aquí la única manera de llegar al memorial era en autobús, concretamente los números 804 y 821 con destino a Gedenkstatte.

Sachsenhausen no es una visita bonita, ni agradable, pero sí necesaria para entender la historia de este país y del sufrimiento que lleva a sus espaldas y que le acompañará para siempre. Comenzó funcionando como prisión política, durante la Segunda Guerra Mundial y más adelante como campo de extermínio, por el que pasaron mas de 200.000 personas, de las cuales más de la mitad fueron ejecutadas o fallecieron a causa de las pésimas condiciones en las que vivían.

El silencio predomina durante toda la visita y con las exposiciones fotográficas y evidencias de todo lo que tuvieron que pasar los reclusos, es inevitable imaginarse el sufrimiento y estremecerse, además aquel día el cielo estaba encapotado y soplaba un viento que mecía los pastos, dejándonos una imagen mucho más dramática de lo que ya de por sí resultaba.

Campo de extermínio de Sachsenhausen.

Es importante avisar de que, al igual que sucede con el museo de Tuol Sleng de Pnom Penh en Camboya (visitado en 2019) , el memorial del 11 de Septiembre en Nueva York (visitado en 2017) o con el Campo de Concentración de Auschwitz en Polonia (próximo viaje si el Covid lo permite) , esta es una visita tremendamente dura, que no todo el mundo tiene por qué querer hacer, por eso mi consejo es que os informéis bien del contenido de la visita antes de decidir nada y si optáis por hacerla, mostrad el máximo respeto, ya que no vamos a un lugar de recreo ni a una fiesta ni a un Parque Nacional, vamos a un lugar donde fallecieron muchas personas y que sin duda va a cambiar, al menos por unas horas, el espíritu del viaje. Dicho esto, opino que es una visita imprescindible, porque, como reza la frase atribuida a Napoleón Bonaparte, “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Día 3 – Berlín a pie.

La única parada obligatoria que debíamos cumplir este día, era la visita del Reichstag, el Parlamento Alemán, pues habíamos reservado hora para subir a la cúpula a las 10:15. Así es, hay que registrarse y reservar gratis en la web del parlamento, el proceso no es complicado, solo hay que rellenar los datos y escoger el día que mejor nos venga, dentro de los disponibles en el sistema. Para ir hasta allí, decidimos caminar, pasando por el Parque Tiergarten, a media hora desde el hotel, de esta forma aprovecharíamos para adentrarnos en el famoso parque y apreciar su belleza, como teníamos pocos días y la agenda muy apretada, tampoco podíamos dedicarle mucho más tiempo, pero no queríamos marcharnos sin al menos haber paseado unos minutos por él. Desde Tiergarten hasta el Reichstag teníamos 25 minutos más, un paseo que se nos hizo hasta agradable ya que el día estaba despejado pero corría un viento fresco que nos supo a gloria. El Reichstag, sede del Bundestag, es un testigo de la turbulenta historia de Berlín y precisamente en él, se han escrito muchos de los capítulos de esta historia, a día de hoy lo más imponente y relevante para el visitante, es su moderna cúpula de vidrio, diseñada por el famosísimo arquitecto inglés Norman Foster y construida entre los años 1993 y 1999, además de la cúpula en sí, desde aquí se obtienen unas maravillosas vistas de la ciudad y al ser su acceso gratuito, creo que es una muy buena alternativa para ir completando la visita de la capital alemana.

Cúpula del Reichstag.

Dejando atrás el Reichstag y su cúpula, fuimos, de nuevo a pie, al monumento a los judíos de Europa o Holocaust-Mahmal, situado a unos 10 minutos de donde estábamos, el lugar, a parte de para tomar una foto y perderse entre los bloques de hormigón, no exige mucha concentración ni atención, por lo que rápidamente, lo dimos por visto y continuamos nuestra ruta, en este caso hacia el Checkpoint Charlie. El Checkpoint Charlie, no es más que uno de los pasos fronterizos más importantes del muro de Berlín, entre  1945 y 1990, que separaba la zona de control aliada de la zona soviética. El punto en sí no es nada del otro mundo, pues todo cuanto vemos son réplicas, casi exactas eso sí, de las cabinas que había entonces, todas ellas hoy derribadas. Lo que sí merece una visita para entender este paso fronterizo y el porqué era tan importante, es el museo con ese mismo nombre, Check Point Charlie Museum, cuya visita nos llevaría unos 45 minutos o una hora. Visto el museo, decidimos parar a descansar y comernos un auténtico currywurst (no sería el primero ni el último), básicamente es una salchicha flotando en salsa de ketchup y curry que los berlineses hacen de maravilla, acompañada, como no podría ser de otra forma, de una buena jarra de cerveza, no tan fría como nos gustaría, pues por estos lares no se estila mucho, pero que sin duda nos calmó la sed y nos sirvió para recuperar fuerzas para nuestro sprint final.

Junto a la réplica del paso fronterizo “C”

Solo 35 minutos a pie nos separaban de nuestro último check en la lista del día, tras caminar y caminar, llegamos a otro parque, Viktoria Park, no era un parque tan colosal como Tiergarten pero escondía un tesoro muy poco habitual en un parque urbano, una cascada de 24 metros de altura que bombea hasta 13.000 litros de agua por minuto. Todo nació con la construcción de un monumeto conmemorativo en lo alto de una colina allá por 1821, que más tarde se convirtió en un modesto parque, bien, pues en este parque decidieron replicar la cascada de Wodospad Podgornej, hoy en territorio polaco, ya que era un lugar de vacaciones para las familias berlinesas adineradas, y lo cierto es, que para ser una catarata artificial, está realmente bien ejecutada y os puedo asegurar que si a mi me dicen que es natural, me lo hubiese creido con total seguridad. El atardecer en este lugar es especialmente bonito, pues desde la parte más baja de la cascada mirando hacia arriba se puede encuadrar de forma perfecta el monumento que dio origen al parque y la estampa deja una composicion óptima para ser fotografiada, además, si sois valientes, podeis trepar por las rocas, haceros la foto y decir que habeis estado de vacaciones en plena selva negra, os garantizo que más de uno se lo creerá.

Pues eso, en plena “Selva Negra”

Después de tanto andar, nos habíamos ganado un paseito en metro de vuelta al hotel, para descansar un rato y más tarde salir a cenar por nuestra ya conocida Kurfurstendamm.

Día 4 – Potsdam y últimas visitas en Berlín

Penúltimo día de viaje y ya teníamos muy claro que no nos podíamos ir de esta ciudad sin hacer una visita a la vecina Potsdam y sobretodo a su Palacio de Sanssouci. No madrugamos en exceso,así que en torno a las 10.30 estábamos en ruta. Para llegar, tomamos los trenes de media distancia S Banh , equivalentes a nuestros cercanías, y el trayecto, con algún que otro enlace, fueron en total unos 45 minutos. Una vez allí, esta vez sí, decidimos que la mejor forma de acceder hasta el Palacio y digamos la zona de más interes turístico, era sin duda el alquiler de una bicicleta, por unos 11€ al día la tenías toda para ti y al ser una ciudad mucho más tranquila, nos decantamos por esta opción, que sin duda agradecimos, ya que con las distancias y más aun con el calor que hacía, habría sido un auténtico infierno haberlo hecho a pie.

El Palacio de Sanssouci, construido entre 1745 y 1747, es una auténtica joya de estilo Rococó, pero realmente el atractivo reside en todo el complejo; obeliscos, templetes, grutas, palacetes e incluso baños romanos, pero en especial destacan los jardines con sus terrazas de viñedos y sus cenadores y cientos de elementos todos rodeados de multitud de árboles, tanto silvestres como frutales, sin duda es un lugar que invita a la visita en época estival y lo bonito es hacerlo sin prisas y eso sí, crema solar, gorra y agua en mano.

El calor me cambia la cara, pero os prometo que disfruté mucho de esta visita.

Nosotros hicimos gala de nuestra españolidad y llevamos provisiones para poder comer en ruta, pues desconocíamos si habría muchas alternativas y a qué precio podían estar, así que, a la sombra de un árbol y en un banquito, observados por pájaros y ardillas, decidimos comer antes de subirnos en la bici de regreso a la estación.

Como dato cursioso, en el camino de vuelta, que realmente no recuerdo con exactitud cual fue, nos topamos con una puerta con algunas diferencias pero muy parecida a la puerta de Brandemburgo que habíamos visto días atras en Berlín, ese mismo día vi en internet, que se trataba de su homónima en la ciudad de Potsdam, una vez vista y fotografiada, continuamos pedaleando hasta la oficina de alquiler, devolvimos las bicis y tomamos el tren de regreso al caos berlinés.

El día no había terminado, según llegamos a la ciudad, decidimos rematar algunos de los sitios que nos faltaban, nos dirigimos a la conocida como East Side Gallery, es un tramo de 1.316 metros del Muro de Berlín que no fue destruido y se conservó como galería de arte urbano, pues en él hay concretamente 103 murales de artistas de todo el mundo, haciendo un homenaje a la libertad y la esperanza, muchos de ellos mundialmente conocidos, como por ejemplo el Brotherhood Kiss, el beso entre Leonid Brezhnev y Erich Honecker retratado y plasmado en este ilustre mural por el artista ruso Dimitri Vrúbel. La galería al aire libre se visita dando un aradable paseo y la verdad es que cada mural despierta un interés especial y crea al visitante una extraña necesidad de querer siempre ver el siguiente, sin duda la visita a Berlín no queda completa sin esta parada.

Seguía haciendo calor…

Conclusiones sobre Berlín.

Después de haber visitado casi todas las grandes capitales del viejo continente, me atrevo a decir que probablemente Berlín sea la que más me ha sorprendido, tal vez esperaba esa rectitud que se ve en televisión de los altos mandatarios del país, o de algunas celebridades teutonas, lejos de eso, he encontrado una ciudad con una personalidad sosegada, dentro de su caos, gente sonriente en general  y sobretodo un factor de ciudad alternativa y con ciertos aires bohemios que, al menos yo, antes de visitarla desconocía, tal vez fruto de mi ignorancia o de los estereotipos, erróneamente establecidos en mi cabeza.

Esto me ha ido enseñando poco a poco, que cuando viajamos a un país diferente al nuestro, por cerca que esté, siempre debemos vaciar antes nuestra maleta de prejuicios y me atrevería a decir que también de expectativas y dejar que cada lugar nos vaya llenando dicha maleta con sus cosas buenas y malas, pues lo que está claro es, que cuanto más vacia la llevemos, más cosas nuevas nos cabrán en ella.

3 comentarios sobre “Alemania – Berlín y alrededores – Agosto 2013.

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